La sala de descanso de los profesores estaba tranquila aquella tarde.
A diferencia de los salones de clase, allí no había estudiantes corriendo por los pasillos ni conversaciones a todo volumen. Solo se escuchaba el sonido de algunas tazas colocándose sobre la mesa y el murmullo de los profesores que aprovechaban unos minutos libres entre sus clases.
Elizabeth estaba sentada junto a una de las ventanas, tomando café mientras revisaba algunos documentos.
A su alrededor estaban varios de sus compañeros.
Entre ellos se encontraba Susan, la profesora de Arte; Michael, profesor de Economía; y Laura, una de las profesoras de Historia.
La conversación terminó llegando, inevitablemente, al tema que parecía haber conquistado a todo el departamento.
La famosa A.
—Elizabeth —dijo Laura, apoyando una mano sobre la mesa—, sabes muy bien que la probabilidad de que esos estudiantes consigan una A de manera constante es bastante baja.
Elizabeth levantó la mirada.
Una sonrisa tranquila apareció en su rostro.
—Lo sé.
Michael dejó escapar una pequeña risa.
—Entonces, ¿por qué les prometiste que podrían librarse del examen final?
Elizabeth tomó otro sorbo de café antes de responder.
—Porque quiero ver cuánto están dispuestos a estudiar.
Laura negó con la cabeza.
—Eso suena demasiado cruel.
—No es cruel.
Elizabeth dejó la taza sobre la mesa.
—Es motivación.
Susan soltó una carcajada.
—Tú y tus métodos.
Elizabeth se encogió de hombros.
—Si necesitan una recompensa para esforzarse, entonces les daré una recompensa.
Michael se inclinó hacia adelante.
—Entonces no crees realmente que puedan conseguirla.
Elizabeth guardó silencio durante unos segundos.
Miró a sus compañeros.
Después dejó escapar una pequeña risa.
—Hmm...
Michael arqueó una ceja.
—Eso suena sospechoso.
Elizabeth finalmente respondió:
—No. No creo.
Los profesores comenzaron a reír.
Laura negó con la cabeza.
—¡Pobre de esos estudiantes! No tienen idea de lo que les espera.
—La mayoría abandonará la idea después de la segunda o tercera prueba —comentó Michael.
—Probablemente —respondió Elizabeth.
Susan cruzó los brazos.
—Eres mala.
Elizabeth la miró con una sonrisa divertida.
—Por eso soy maestra de Cálculo Integral.
La sala estalló nuevamente en risas.
Elizabeth también terminó riendo.
Para ella, aquello no era una cuestión de hacer sufrir a sus estudiantes.
Era un experimento.
Quería descubrir cuánto podían mejorar cuando tenían un objetivo claro.
Y, si alguno conseguía demostrarle que estaba equivocada, sería la primera en reconocerlo.
Lo que Elizabeth no sabía era que alguien más había escuchado cada palabra.
Al otro lado de la puerta, en el pasillo, Erick Lancaster se había detenido.
Había pasado por allí por casualidad.
Al principio solo escuchó voces.
Después reconoció la voz de Elizabeth.
No tenía intención de escuchar una conversación privada, pero una frase hizo que se detuviera.
"No creo."
Erick permaneció en silencio.
Escuchó las risas de los profesores.
Después escuchó a Susan llamarla "mala".
Y finalmente escuchó la respuesta de Elizabeth.
—Por eso soy maestra de Cálculo Integral.
Erick bajó la mirada.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Así que ella realmente no creía que pudieran conseguirlo.
Miró hacia la puerta.
Hasta ese momento, conseguir una A había sido simplemente un desafío académico.
Ahora era diferente.
Elizabeth Whitmore había puesto en duda que él pudiera mantener una calificación perfecta durante el trimestre.
Y Erick Lancaster no era precisamente alguien que disfrutara que dudaran de él.
Se acomodó la mochila sobre el hombro y dio un paso atrás.
—Está bien, profesora Whitmore —murmuró para sí mismo—. Acepto el desafío.
Se alejó por el pasillo.
Su objetivo acababa de cambiar.
Ya no quería conseguir una sola A.
Quería conseguirlas todas.
Cada examen.
Cada práctica.
Cada evaluación.
Quería llegar al final del trimestre con una calificación perfecta.
Y, cuando llegara ese momento, pensaba mirar a Elizabeth directamente a los ojos y demostrarle que su pequeño plan había fallado.
Por primera vez, Erick tenía un objetivo que no estaba relacionado con el fútbol, la popularidad ni las expectativas de los demás.
Quería superar a su profesora.
Y no pensaba rendirse fácilmente.
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Editado: 20.10.2026