La profesora que no creía en el amor

Capítulo:10

La tarde había comenzado a caer sobre la universidad.
Después de varias horas de clases, el campus se encontraba mucho más animado. Los estudiantes caminaban de un edificio a otro, algunos cargando libros, otros conversando sobre las tareas pendientes y algunos simplemente disfrutando de unos minutos de descanso antes de regresar a sus dormitorios.
En el campo deportivo, el ambiente era todavía más ruidoso.
El equipo de porristas tenía práctica.
La música sonaba desde unos altavoces colocados cerca de las gradas, mientras las integrantes repetían una y otra vez una misma rutina.
—¡Cinco, seis, siete, ocho!
Las chicas comenzaron a moverse al mismo tiempo.
Un salto.
Un giro.
Una formación.
Después otra.
La entrenadora observaba atentamente desde un costado del campo, marcando el ritmo con las manos.
—¡Otra vez! ¡Esta vez todas juntas!
Las porristas regresaron a sus posiciones.
Victoria estaba entre ellas.
Llevaba el uniforme de entrenamiento y tenía el cabello recogido en una coleta alta. Aunque normalmente parecía preocuparse mucho por su apariencia, durante las prácticas se concentraba especialmente en ejecutar cada movimiento correctamente.
—¡Vamos!
La música volvió a comenzar.
Las chicas repitieron la secuencia.
Sin embargo, después de varios minutos, la conversación entre ellas terminó desviándose hacia un tema que parecía estar presente en toda la universidad.
La A.
Durante un descanso, varias se sentaron en las gradas con sus botellas de agua.
—¿Ya saben quién consiguió la primera A? —preguntó Madison.
—Erick —respondió Victoria inmediatamente.
—¿El capitán del equipo?
—Sí.
Madison abrió los ojos.
—No pensé que fuera a conseguirla tan rápido.
Otra de las chicas soltó una risa.
—Pues parece que se tomó en serio lo que dijo la profesora.
Victoria bebió un poco de agua.
—Erick quiere conseguir todas las A del trimestre.
—¿Todas?
—Eso dijo.
Las chicas se miraron.
—Entonces está loco.
Victoria sonrió.
—Probablemente.
En ese momento, algunas de las jugadoras del equipo de fútbol que se encontraban cerca escucharon la conversación.
Uno de ellos se acercó.
—¿Están hablando de las A?
Madison lo miró.
—¿Y ustedes también están obsesionados con eso?
—Después de ver la calificación de Erick, todos quieren conseguir una.
Otro jugador se sentó en la grada.
—Además, ¿te imaginas llegar al final del trimestre y no tener que presentar el examen?
—Sería perfecto —comentó una de las porristas.
—Exactamente.
Victoria cruzó las piernas.
—Yo también voy a conseguirla.
Uno de los jugadores soltó una carcajada.
—¿Tú?
Victoria le lanzó una mirada desafiante.
—¿Algún problema?
—Ninguno. Solo quiero ver cuánto tardas en rendirte.
—No voy a rendirme.
—Eso dicen todos.
Victoria se levantó.
—Pues yo no soy todos.
Las demás chicas comenzaron a reír.
La entrenadora dio una palmada fuerte.
—¡Se acabó el descanso!
Las porristas regresaron al campo.
—¡Vamos, chicas! ¡Desde el principio!
La música volvió a sonar.
Esta vez la rutina salió mucho mejor.
Pero incluso mientras practicaban, algunas seguían hablando sobre las calificaciones.
—Después de la práctica voy a estudiar.
—Yo también.
—Tenemos que conseguir esa A.
—Primero tengo que sobrevivir a la próxima prueba.
Las risas se mezclaron con la música.
A unos metros de allí, varios jugadores del equipo de fútbol comenzaron también su entrenamiento.
Erick se encontraba entre ellos.
Había escuchado parte de la conversación mientras se preparaba para la práctica.
Uno de sus compañeros se acercó.
—¿Todavía vas en serio con lo de conseguir todas las A?
Erick tomó una botella de agua.
—Sí.
—¿Incluso si tienes entrenamiento todos los días?
—Sí.
—¿Y si tienes partidos?
—También.
Su compañero negó con la cabeza.
—No sé de dónde estás sacando tanta motivación.
Erick miró hacia las canchas.
—Tengo un objetivo.
—¿Solo por la profesora?
Erick sonrió.
—No exactamente.
—¿Entonces?
Erick se quedó pensando durante unos segundos.
—Quiero demostrar que puedo hacerlo.
Su compañero le dio una palmada en el hombro.
—Entonces tendrás que estudiar bastante.
—Lo sé.
Desde el campo de porristas llegó nuevamente la voz de la entrenadora.
—¡Cinco, seis, siete, ocho!
Las chicas comenzaron otra rutina.
Victoria miró brevemente hacia el campo de fútbol.
Erick estaba allí, concentrado en su entrenamiento.
Ella sonrió.
No sabía que, mientras ella quería conseguir una A para evitar el examen final, Erick tenía una razón completamente diferente.
Para él, aquella competencia se había convertido en un desafío personal.
Y ninguno de los dos imaginaba cuánto iba a cambiar la dinámica de la universidad aquella pequeña letra.
Una simple A.
Una calificación.
Un objetivo.
Y una profesora que todavía estaba convencida de que casi ninguno de sus estudiantes conseguiría mantenerla.




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