Hart
Durante el viaje, un ojo color amatista se limitaba a ver esos tediosos documentos.
Entre nosotros reinaba el silencio, dentro únicamente se podía escuchar el sonido del papel siendo manipulado por ella. Decidí ponerle fin a este interminable silencio, no podía soportar un silencio tan largo.
—No sabía que su majestad y su secretario, tuvieran una relación tan estrecha.
—Si, así es.
Ella desvío su atención para simplemente darme una respuesta afirmativa, para luego volver a lo que estaba haciendo. Era claro que ella no quería que la molestarán con lo suyo, al descubrirlo, tuve un breve presentimiento.
—¿Desde cuándo conoce a su majestad?
—Desde hace mucho.
—Seguro tiene una gran confianza en él.
—Si, así es.
— Vaya, eso sin duda es de envidiar. Me gustaría tomar su lugar.
Ella se percató del rumbo al que iba la conversación, despejó su atención. Y me miró fijamente, con una cara confusa intentando entender cada silaba dicha por mí.
—¿A dónde quiere llegar Sir. Demetrus?
—Solo deseo convertirme en alguien especial para su majestad.
Respondí encogiéndome de hombros, afortunadamente la conversación no pudo dar su seguimiento, pues el caballero tocó la ventanilla. Informando nuestra llegada al pueblo.
Amaris
Nuestra llegada fue recibida por el jefe de la aldea, él fue quien nos guio a nuestro lugar donde pasar la noche.
Durante los primeros tres días de nuestro viaje fueron sumamente tranquilos, no encontramos ningún conflicto en las aldeas. Al cuarto día, tuvimos que pasar la noche a la intemperie.
Los caballeros se encargaron de la comida y la guardia. Por mi parte, los caballeros prepararon una tienda para poder descansar cómodamente.
Era la media noche y justo cuando pensaba irme a descansar, después de revisar varios documentos. Sentí una presencia conocida, intentando no ser descubierto, solté una pequeña risa de lado.
—¿Que lo trae a mí? a tan altas horas de la noche Sir. Demetrus.
El al percatarse que fue descubierto casi al instante, se enderezó y aclaró su garganta antes de hablar.
—Perdone mi falta, su majestad. Vine sin rumbo alguno, tal vez mis pies me llevaron a su majestad, por pensar en usted.
<< Vaya línea tan barata, si no fuera por su rostro hermoso, seguro varias damas ya hubieran huido en cuanto oyen su tono. >>
Es gracioso como supone que me dejaré doblegar ante pura palabrería barata. Debo admitir que su sola presencia en este viaje, hará las cosas interesantes.
No puedo esperar llegar a Umbrelis.
—¿Que hace despierto hasta tan altas horas?
—Como bien sabe su majestad, hace mucho no he cumplido mi promesa acerca de aliviar la carga sobre sus hombros. Y no puedo evitar llenarme de emociones desagradables al ver más hombres alrededor sobre su majestad.
Él se acercó atrás mío, rodeando su brazo a mi espalda, podía sentir con claridad su calor corporal. Para mí, sus intenciones eran cristalinas igual a un río sin contaminar.
—¿Acaso no tiene la suficiente confianza en sí mismo?, como para que haga que solo mi atención se vaya a usted.
—Su majestad siempre sabe cómo desconcertarme.
—Sir. Demetrus ¿Usará el mismo método como la vez pasada?
—Lo usaré únicamente si solo su majestad me lo permite, por supuesto.
Tome su mano, la cual estaba posada sobre mi hombro. Una parte de mí no quería hacer esto, después de todo nunca imaginé entregar mi cuerpo, ni mi primera vez a un hombre con probabilidad del poder destruirme. Pero llegando a este punto, sería una locura retractarme tomando en cuanta mis decisiones pasadas.
—Aceptare con gusto, solo si Sir Demetrus me otorga el control en el acto.
El en respuesta soltó una sonrisa coqueta, bastante cautivadora diría yo. Debo estar tranquila que el sea el tipo simple que se conforma con el cuerpo de una mujer, seguro piensa que esa es la mejor forma para bajar mi guardia.
<< Muy ingenuo. >>
Acto seguido el se abalanzó a mis labios, el impacto provocó la caída de algunos objetos que se encontraban en la mesa. Su mano izquierda empezó a recorrer mi muslo, hasta meterse sobre mis nalgas. El beso poco a poco se volvía más intenso, lo único que se podía escuchar en la carpa era respiraciones entre cortadas.
Entre besos logramos llegar a la cama de doblar, me siento en la cama y él se mantuvo a pie, sus labios empezaron a bajar a mi cuello, con su mano empezó a subirme el camisón.
Poco a poco empezó abajar hasta llegar al punto de arrodillarse, con cuidado empezó a masajear mi entrada con la punta de sus dedos. Esa acción me tomo desprevenida, pues es claro que no me encuentro acostumbrada a esta clase de acto.
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Editado: 01.10.2026