Lucian.
La baba que se escurre por el cojín es la primera imágen que me recibe de la mujer que yace sobre el sofá de mi sala. Con una taza de té en mi mano izquierda y mi cámara instantánea en la derecha capturo la figura de Shannon un jueves por la mañana.
Tomo la foto acompañado de una pequeña sonrisa, esta sale y entre lo que espero a que la imágen se revele me dirijo a la cocina para lavar la taza que ocupaba sin dejar de agitar el pequeño cuadrado sobre mis dedos.
As observa con atención a la castalla, seguramente preguntándose si está solo dormida o muerta. Nunca había visto a una mujer dormir de esa manera. Mi reloj emite el pitido que me indica mi hora de salida, termino de llegar al estudio a recoger las cosas que están sobre la mesa y entre los planos que pasé días dibujando me encuentro con algo que me quita la tranquilidad.
—No estás bien si no haces un desastre a donde quiera que entres —digo entre dientes.
Había decido guardarme la foto para burlarme de ella en otro momento, agarro un bolígrafo y escribo. Llego hasta su lugar, no hace falta que le ponga algún adhesivo a la fotografía, y por la grasa que tiene en la frente esta se queda pegada.
—No molestes —le ordeno al husky frente a mi. Da una vuelta y me indica que entendió mis palabras cuando se va a echar al lado de Shannon.
Avanzo para llegar a la salida, frente a la entrada me extienden las llaves de el auto que previamente habia solicitado. Arranco una vez que el de adelante se quita de mi camino, las calles de Los Ángeles me recibe y la mañana se vuelve un asco al recibir un mensaje de papá pidiendo que pase supervisando uno de los proyectos, arruinando mis planes por el resto de la mañana.
Hago lo que me pide y termino en una de las construcciones que está a su cargo, la arrogancia de Alejandro es tanta que se llena la boca en decir que tiene mejor equipo que el resto, cosa que se nota al llegar y encontrarme con una bola de inutiles que no hacen más que tomar café mientras se dan bromas.
—Bonita mañana para perder el tiempo —digo al entrar, la cara de los obreros se vuelve como un papel al verme.
—Estamos a punto de iniciar nuestra jornada, señor.
Se marchan con rapidez uniéndose a aquellos que cumplen con su trabajo correctamente. Pido el informe de avance de la construcción, las estadísticas junto a la lista de materiales que aún hacen falta. Termino mis asuntos aquí y no pierdo tiempo al ir a la oficina.
El recorrido es corto, pero me da el suficiente tiempo de organizarme mentalmente el resto del dia.
Sam me recibe con un buenos días al caminar a mi lado leyendo los pendientes del día de hoy, pospongo reuniones y comidas para otro día. Reviso con cuidado los documentos que tengo sobre mi escritorio una vez que llegó a la oficina y firmo los que requieren de una. Rechazó propuestas de posibles terrenos y archivo aquellos que llaman mi atención por su potencial topológico. Hablo con inversionistas por videollamada y escucho una algo que me llega a interesar.
Sería bueno darme un respiro fuera de Los Ángeles por un tiempo.
Termino mis pendientes a la hora de almuerzo y notifico a mí secretaria que no estaré por el resto de la tarde. Recuerdo que únicamente tengo una taza de té en el estomago al sentir el ardor, desde anoche no ingiero nada.
Estando en el auto recibo una llamada la cual contesto, el interior se inunda con la voz ronca y vieja de Antonio.
—¿Necesitas algo? —pregunto luego de escuchar su saludo.
—Ni un hola que me haga saber que te alegras de escucharme...
—Antonio —corto su drama—, voy conduciendo. Dimelo ya.
—Mañana partimos a la caballa familiar por la celebración de mi cumpleaños, como tradición los espero allá.
—No lo olvido, ahí estaré.
—Querrás decir que estarán ahí.
—¿Qué? —pregunto sin entender.
—Los espero a ambos —demanda.
Se me olvida que ahora estoy casado y debo arrastrarla a todos lados para mantener esta mentira. Escucho a lo lejos la voz de mi abuelo que sigue en la línea, mí mente divaga en algo interesante.
Será bueno jugar un poco mis cartas para acercarla más, Shannon es su punto débil al que me encanta hacer sangrar. Cuelgo la llamada sin dar una respuesta concreta.
Regreso al penthouse para el almuerzo, me encuentro con todo en su lugar, como si nadie hubiese estado aquí. Una sorpresa cuando un huracán estuvo aquí toda la noche y quien sabe por cuanto tiempo en la mañana. Tocan el timbre y no tardo en abrir al intuir que es la hora que As regrese, ni un minuto mas ni un minuto menos.
Recibo a la chica y el perro entra directo al sofá oliendo lo que seguramente es el aroma de Shannon. No digo nada ni espero que diga al cerrarle la puerta, no estoy para socializar.
Preparo un almuerzo sencillo el cual llevo al estudio, encontrándome con el mismo plano rayado por una niña de veinticinco años. Lo tomo llevándolo a una de las gavetas y saco un nuevo papel totalmente en blanco.
Paso alrededor de tres horas metido entre lineas con la compañía de As en ciertos tiempos. Siento que estoy del asco y me despego de la mesa solamente para irme a la habitación con el fin de poder tomar una ducha, elevo mi rostro al cielo suspirando con fuerza al ver lo que hay sobre mi cama, mi closet entero puesto sobre esta acomodado con cuidado creando una palabra: "Púdrete", con la foto que le pegue en la frente esta mañana.
Busco en el clóset y decido ignorar el sentimiento de satisfacción al saber que una de mis camisas no estan, tomo una toalla nueva para ducharme mientras pienso en la demanda de mi Antonio.
★★★
La puerta se abre dejando ver a una mujer idéntica a mí esposa, el parecido es sorprendente y podría pasar desapercibida que es ella si no prestas atención a los pequeños detalles.
—¿Se encuentra Shannon? —pregunto sin saludar.
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Editado: 15.10.2026