La Revolución Del Ejército I: Los Experimentos Malditos

Capítulo 17

Naila pensó que no había despertado del sueño, pero era todo lo contrario, estaba despierta y se encontraba en la habitación que la habían dejado horas atrás, lo que le llamaba la atención es que veía todo oscuro, pero no era la típica oscuridad de la noche, era peor, era como estar en una habitación negra, no podía ver absolutamente nada, ni siquiera sus manos.

De forma abrupta se levantó de la cama y comenzó a buscar algo, se golpeó fuerte en la rodilla al golpearse con una mesa, siguió y logró tocar la televisión, pero no podía ver nada, se comenzó a desesperar e hiperventilar, empezó a buscar la cama.

Sus manos temblaban y empezó a sudar frío, cuando chocó con la cama, entró en las sábanas y se tapó con ellas, intentó calmarse controlando su respiración y pensando en otra cosa que no fuera la oscuridad a su alrededor, luego de un rato se decidió por sacar la cabeza y mirar a su alrededor, todo estaba normal, como si nada hubiera pasado.

Naila ya se había manifestado y ella lo sabía, pero tenía miedo de lo que ahora estaba dentro de ella, lo sentía como iba por su cuerpo y como le pedía salir y manifestarse, Naila estaba asustada, no sabía muy bien que hacer, aunque lo que más le preocupaba era que ya supieran que ella tenía habilidades, no sabía si alguien se había enterado.

Se quedó unos largos minutos mirando la puerta bastante acongojada esperando que alguien entrara, por suerte nadie apareció, decidió salir de entre las sábanas y sentarse para pensar, sabe que no dirá nada al ejército, lo ocultara hasta que sea posible.

A pesar de intentar pensar de manera racional las cosas, Naila tenía miedo, ya que no sabía cómo enfrentar esta situación, a pesar de venir preparada para recibir cualquier cosa de esta cuarta dosis no pensó en algo como esto, también el hecho de no entender cómo funcionaban los experimentos le aturdía, no sabía si después tendría más cambios o solo se quedaba así, tampoco sabía si su nueva habilidad la tendrían todos o era individual de cada uno.

De todas formas, pensaba que no quería esa habilidad, o más bien no le había gustado lo que le había tocado, la oscuridad no era precisamente su lugar favorito, si le gustaba la noche, pero que estuviera un tanto iluminada por las estrellas y las lunas, de lo contrario le temía, aunque saliera a la azotea en las tardes Naila lograba ver la silueta de los árboles, ver gente caminando por los patios y más, pero su habilidad era la oscuridad absoluta, algo que a ella no le gustaba.

Naila había empezado a tener problemas con la oscuridad cuando arrestaron a Ayuni, y es que esa noche estaba oscura debido a que había nubes que tapaban aquellas lunas que de por sí tampoco iluminan mucho, recuerda esa noche quedándose sola sin saber cómo volver a casa, al inicio no fue muy consciente de esto hasta que su hermano Erik se lo nombró en un momento.

Ese día habían salido a buscarle algunas medicinas a su madre, fue un verano que hizo más calor de lo normal, la nieve se derritió entrando a la casa y mojando la ropa de cama, Kimhani no le tomo importancia y durmió ahí sin notar que estaba literalmente en un charco, al día siguiente amaneció enferma y ambos fueron donde corría un pequeño río, era de los pocos lugares donde crecía vegetación y donde podían encontrar algo para bajarle la fiebre a su madre.

Su caminar fue largo y se demoraron bastante, a pesar de haber salido temprano de casa ya pronto oscurecerá, lo peor es que no habían conseguido mucho y la chica se estaba desesperando debido a que esa noche iba a estar oscura, y es que, aunque el día anterior había hecho calor, ese día estaba nublado.

— Deberíamos volver, a esta hora no encontraremos nada más — comentó Naila a su hermano, la voz de la chica temblaba, tomó la mano de Erik y comenzó a caminar de vuelta a casa.

— ¡Naila! — gritó de pronto el chico a lo que ella se sobresaltó, Naila no había escuchado las reiteradas veces que su hermano le había hablado — lo siento, pero puedes ir más lento, no caminó tan rápido — la chica asintió, aunque su hermano no podía verla — ¿Te encuentras bien?

Sinal, vamos — intentó calmarse para no salir corriendo, al comenzar a ver casas a lo lejos logró calmarse y respirar con tranquilidad, pronto a llegar a casa Erik volvió hablar.

— Tienes miedo a la oscuridad — Naila lo miro y negó — no es malo temerle a algo, todos le tenemos miedo a algo diferente — de pronto la abrazó y ella solo sonrió devolviéndole el gesto — así que deja de intentar ser una roca.

— ¿En qué momento maduraste tanto? — preguntó Naila con una gran sonrisa.

— Ya soy todo un hombre, si mamá quisiera podría ir a trabajar — Erik había cumplido hace poco catorce temp, aún era muy pequeño.

— Mejor no Erik, aprovecha de ser un niño por un tiempo más — Naila pasó un brazo por sus hombros y juntos entraron a casa a ayudar a su madre.

Ahora Erik estaría entrando a los dieciséis temp, solo esperaba que no haya convencido a su madre para dejarlo trabajar, sabía que el chico era capaz de eso, él era noble y siempre quería ayudar, pero aún no era tiempo de que tuviera tantas responsabilidades.

En Zodarte era completamente legal el trabajo infantil, de hecho, Naila conocía muchos chicos que habían comenzado a trabajar a temprana edad, todo para ayudar en su casa, pero si la paga de los adultos era mala, la de los niños era peor, por esa razón sus padres desde muy pequeños les dijeron que ellos no los dejarían trabajar, ya que no valía la pena, preferían estar ajustados en presupuesto que arruinarles la vida.



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En el texto hay: cienciaficcion, amor, poderes

Editado: 10.03.2024

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