La Revolución Del Ejército I: Los Experimentos Malditos

Capítulo 30

Aunque la chica jamás se hubiera enterado, Ziehen no hubiera podido estar igual de cerca que antes y es que se sentía culpable por lo que le había pasado a ella y a Creyl, si quería cuidarla por ese día, hasta que se lo llevaran, pero ahora que Naila supo la verdad eso no iba a poder ser, ahora debía mantenerse lejos.

Sabía que los chicos pudieron ocultar sus poderes, cuando el teniente le aviso que dejaron salir a Naila, le dijo que más tarde pagaría por su traición, ya sabía lo que se vendría, se lo llevarían preso y tal vez con un poco de suerte vería a su padre antes de morir ambos por traidores.

No sabía dónde ir ahora, pero no se quedaría cerca de la habitación, en especial luego de escuchar a Naila llorando y todo por su culpa, solo empezó a caminar sin rumbo fijo, hasta que llegó a la puerta que daba a la azotea, de inmediato recordó esa noche semanas atrás, la causante de todo esto, subió de todas maneras y se sentó apoyando la espalda en la puerta, vio como el sol se iba ocultando lentamente, dejando que alguna que otra lágrima cayera de manera silenciosa.

Ya entrado en la noche y seguro de que todos estarían durmiendo, decidió bajar e ir a la habitación, efectivamente ya todos estaban durmiendo, incluso la chica Snorb, este se acercó y se sentó en la cama que estaba vacía a su lado, solo se quedó mirándola por largos minutos antes de irse a su cama, en la que él consideraba su última noche ahí.

Bastante temprano se levantó, y es que poco había descansado, sus ojos ardían, pero de todas maneras salió de la cama, le sacó unas hojas de los cuadernos de Menry y tomó un lápiz, para luego irse otra vez a la azotea a escribir una carta.

Ziehen sabía que la chica no desearía hablar con él, tampoco sabía si desearía leer esa carta cuando supiera que la había escrito él, pero debía hacer el intento de explicarle toda la verdad, solo esperaba que lo leyera, no que entendiera y lo perdonará, jamás le pediría eso, pero que solo sepa que tuvo sus razones, para él, en este momento sabe que no tiene ningún futuro con Naila.

Aprovecho de dejarla, bajó la almohada mientras iban a tomar desayuno, él se fue directo al gimnasio esperando que lo fueran a buscar, sus compañeros empezaron a llegar de a poco, pero los ignoró, él solo estaba esperando al teniente.

Cerca de la hora de inicio el hombre apareció, se veía bastante molesto.

— ¡Ziehen Merte! — gritó el hombre al verlo, este sin ganas solo se levantó y bajó de las gradas sintiendo la mirada del resto de sus compañeros — ¡Fuera! — el chico se giró para ver una última vez a esas personas con las cuales estuvo un año y medio entero conociéndolos, no se detuvo en cada uno de sus rostros, pero solo se inclinó para despedirse, salió del gimnasio y se encontró con seis militares — ¡Estás arrestado imbécil! — sin aviso sintió un fuerte golpe en la cabeza que lo hizo desmayarse.

Al despertarse lo primero que sintió fue que estaba en un lugar helado, su cuerpo sentía los estragos de estar desmayado en ese lugar porque comenzaba a tener frío, apoyó sus manos y notó que estaba en el suelo, ni siquiera lo habían dejado en la cama, si no que, en las baldosas del lugar que se encontraba, abrió los ojos con lentitud notando que el lugar estaba en penumbras, se sentó sin saber muy bien que hacer a continuación.

La celda era pequeña, solo había una pequeña cama, que básicamente era un colchón y una frazada, y había un baño en condiciones bastante deplorables, nunca había estado en una celda, pero siempre había una primera vez.

Ziehen sabía que era su instancia en este lugar no sería muy larga, los prisioneros por traición no duran mucho tiempo con vida, es más, casi ningún criminal vivía, el gobierno no gasta recursos en ellos, pocos se salvan volviendo a casa o siendo exiliados en una nave que muchas veces terminaba destruida por Nigerzad, supone que ahora su padre también morirá, no hay razón para tenerlo con vida, si tenía suerte podría verlo una última vez.

Luego de mucho rato escucho como alguien se acercaba, se levantó del piso, esperando que fuera el gobernador o el teniente, al final eran ambos.

— Que desperdició que hayas decidido seguir los pasos de tu padre, te creí diferente — el gobernador se veía sereno, eso asustaba a Ziehen.

— De tal palo tal astilla ¿No? — si estaba a punto de morir, pues que importaba las formalidades, ya no le importaba nada, de todas maneras, lo perdió todo, el gobernador solo lo miró de forma seria, para luego sonreír de lado.

— ¿Tienes poderes Ziehen?

— No — respondió casi de inmediato, se arrepentía de no guardar algo de energía, hubiera sido divertido sembrar el caos antes de morir.

— Está bien — la voz del hombre sonó extrañamente calmada, Ziehen no sabía si su castigo podía ser peor o no, la verdad poco le importaba averiguarlo — ahora me gustaría saber ¿Por qué me traicionaste? ¿Por qué traicionaste a tu nación? ¿Por qué me mentiste?

— Yo jamás dije que ellos tenían poderes ¿O lo hice teniente? — preguntó Ziehen, pero no dejó que respondiera — si no mal recuerdo, le dije que no estaba seguro, que no los había visto en nada extraño, que solo era una sospecha por el tiempo de los experimentos, jamás dije que los vi — Ziehen no tenía miedo — ¿Lo recuerda?

— Ziehen, el gobernador lo sabe todo y yo le cuento todo — el teniente lo miraba como si toda la situación le divirtiera — como que de verdad te gusta Naila — no mostró ningún atisbo de sentimiento, por dentro se quería morir — y que la chica, Creyl y tú si tienen poderes.



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En el texto hay: cienciaficcion, amor, poderes

Editado: 10.03.2024

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