La Sombra de Everwood

CAPÍTULO 14 Atentado en la torre Everwood

La torre tembló por segunda vez.

No fue un movimiento producido por el viento ni por una falla estructural. El impacto llegó desde los niveles inferiores y subió por el edificio como una onda expansiva, haciendo vibrar las paredes, las lámparas y los cristales reforzados del salón.

Los consejeros gritaron.

Alguien cayó contra la mesa circular.

Julian sujetó la mano de Genevieve y la atrajo hacia él.

—No te separes de mí.

—Eso ya lo hemos discutido.

—No ahora.

—Precisamente ahora.

Un tercer impacto sacudió el edificio.

El suelo se inclinó apenas durante un segundo. Los espejos del salón se fracturaron al mismo tiempo y las grietas plateadas se extendieron como ramas sobre sus superficies.

Desde el pasillo llegó un sonido metálico.

Después, una nube gris comenzó a filtrarse por debajo de las puertas.

Genevieve reconoció el olor antes de verlo.

Ajenjo.

Metal.

Y un amargor penetrante que le irritó la garganta.

—Acónito —dijo.

Julian se volvió hacia los centinelas.

—Cierren los conductos de ventilación.

—No responden, Alfa.

Mathieu permanecía junto a la mesa, inmóvil, con la tarjeta negra de Aurelius todavía entre los dedos.

Genevieve lo observó.

—¿Sabías que esto iba a ocurrir?

—No.

—Pero no pareces sorprendido.

—La sorpresa es un privilegio de quienes no conocen la guerra.

—No utilices la guerra para ocultar tu cobardía.

Mathieu clavó la mirada en ella.

—La guerra ya está aquí. Y tú acabas de abrirle la puerta.

Julian dio un paso hacia él.

—Si tienes algo que decir, dilo antes de que el edificio se venga abajo.

—El vínculo entre ustedes ha activado los antiguos protocolos de sucesión. Aurelius no vino por tu territorio, Julian. Vino por la sangre de Genevieve. Y ahora todos saben dónde encontrarla.

—¿Quién le dio acceso a la torre? —preguntó Genevieve.

Mathieu no respondió.

Un chillido agudo recorrió el sistema de altavoces.

La voz automatizada de Everwood resonó por todo el piso:

CONTAMINACIÓN BIOLÓGICA DETECTADA.

PROTOCOLO DE AISLAMIENTO ACTIVADO.

TODAS LAS SALIDAS EJECUTIVAS HAN SIDO BLOQUEADAS.

Genevieve sintió un frío más profundo que el aire de la sala.

—No es un ataque externo —dijo—. Alguien activó el protocolo desde dentro.

Julian miró hacia la consola de seguridad.

—Mathieu.

—No fui yo.

—Tu acceso sigue registrado en el sistema.

—Porque soy consejero principal.

—Y porque alguien está usando tus credenciales.

Genevieve se acercó a la consola. La pantalla mostraba una secuencia de comandos en rojo.

USUARIO: M. VANCE

AUTORIZACIÓN: VALIDADA

ORIGEN: NIVEL B3

—El ataque comenzó en el nivel subterráneo —dijo—. No en la recepción.

—Los laboratorios —murmuró Julian.

—¿Qué hay en B3?

—El centro de datos y los servidores de seguridad.

Genevieve levantó la vista.

—Winterkill.

Julian entendió de inmediato.

—Quieren los archivos.

—Y si no pueden llevárselos, destruirán el edificio.

Mathieu se acercó a la consola.

—El centro de datos está aislado. Nadie puede llegar desde este piso.

Genevieve señaló el mapa de evacuación.

—Hay un ascensor de servicio que conecta el piso cuarenta con B3.

—Está bloqueado —dijo Julian.

—Entonces lo desbloquearemos.

Lord Alistair golpeó el suelo con su bastón.

—El Consejo no descenderá a un laboratorio contaminado.

—Nadie le ha pedido que lo haga —respondió Genevieve.

—¡Soy el representante de la autoridad superior de esta Casa!

—Y yo soy la persona que acaba de descubrir que alguien utiliza sus sistemas para financiar instalaciones clandestinas. Si quiere seguir siendo autoridad, empiece a comportarse como alguien capaz de tomar una decisión.

El anciano abrió la boca.

No encontró respuesta.

Julian se volvió hacia sus centinelas.

—Formen dos grupos. El primero llevará a los miembros del Consejo a la planta de evacuación. El segundo vendrá conmigo.

—No —dijo Genevieve.

Julian la miró.

—¿No qué?

—No vamos a dividirnos. Si el atacante está utilizando los protocolos internos, sabrá exactamente cómo separar a los grupos.

—Si permanecemos juntos, somos un blanco único.

—Ya somos un blanco único.

La mirada de Julian descendió a sus manos unidas.

Genevieve se dio cuenta de que todavía no lo había soltado.

Ninguno de los dos lo mencionó.

—Vamos a B3 —dijo ella—. Accedemos a los servidores, copiamos los archivos y salimos por la estación de transporte subterránea.

—Eso no es un plan —intervino Mathieu—. Es un suicidio.

—Entonces no venga.

Julian tomó una pistola de plata del centinela más cercano y comprobó el cargador.

—Yo voy.

—Por supuesto que vas —dijo Genevieve—. Eres incapaz de dejar que alguien más corra un riesgo.

—No es cierto.

—¿No?

—He permitido que tú corras demasiados.

La respuesta fue tan baja que solo ella pudo oírla.

Durante un instante, Genevieve olvidó el humo, las alarmas y las miradas del Consejo.

Julian no hablaba de la gala ni del ataque actual.

Hablaba de la noche anterior, de la bóveda, del miedo que había visto en sus ojos cuando casi la atacó.

Genevieve apretó sus dedos.

—Entonces no me apartes ahora.

Julian la miró.

—No sé si podré protegerte de lo que hay ahí abajo.

—No necesito que me protejas de todo. Solo necesito que no me mientas.

La expresión de Julian cambió.

Fue algo sutil, apenas un descenso de la tensión alrededor de los ojos.

—De acuerdo.

Un estruendo sacudió las puertas.

Algo golpeó desde el otro lado.

Los centinelas levantaron sus armas.




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