Las puertas del búnker se abrieron con un suspiro hidráulico.
El pasillo exterior estaba vacío.
Demasiado vacío.
No había guardias. No había técnicos revisando los daños. Ni siquiera se escuchaban las alarmas que habían llenado la torre durante el ataque.
Genevieve salió primero, con el abrecartas oculto bajo el abrigo. Julian avanzó detrás de ella, atento a cada sombra.
El nivel B3 parecía intacto a simple vista.
Las paredes seguían cubiertas de paneles metálicos. Las luces de emergencia continuaban encendidas. El aire conservaba el olor penetrante del acónito, aunque mucho más diluido.
Pero había algo diferente.
Las puertas de contención estaban abiertas.
Todas.
Genevieve miró el corredor donde había encerrado a la criatura junto a Julian. La puerta blindada estaba deformada desde dentro. Había marcas profundas de garras en el metal y una línea oscura de sangre descendía por el marco.
—¿La criatura escapó? —preguntó.
Julian se agachó junto a las marcas.
—No.
—¿Cómo lo sabes?
—La sangre no pertenece al sujeto.
Genevieve siguió la dirección de su mirada.
En el suelo había una mancha que no era completamente negra ni roja. Tenía un brillo dorado, como la sangre de Julian cuando el vínculo se activaba.
—¿Tu sangre?
—Parte de ella.
—¿Qué ocurrió aquí?
Julian se incorporó.
—Alguien abrió la contención después de que entráramos al búnker.
—¿Para liberar a la criatura?
—Para borrar las pruebas.
Genevieve caminó hasta la consola principal.
La pantalla estaba encendida.
ARCHIVOS DE WINTERKILL: TRANSFERENCIA COMPLETADA.
DESTINO: SERVIDOR EXTERNO.
USUARIO: M. VANCE.
Debajo aparecía una segunda línea.
ARCHIVOS RESTANTES: ELIMINACIÓN PROGRAMADA.
—Mathieu no quería destruir los archivos —dijo ella—. Quería copiarlos.
Julian permaneció en silencio.
—¿Qué pasa?
—Durante el confinamiento, alguien accedió a los sistemas de la torre utilizando mi autorización.
—¿Tu autorización?
—Mi sangre abrió los archivos. Ahora puede abrirlos en cualquier lugar.
Genevieve recordó la tarjeta negra de Aurelius.
—Mathieu no trabaja solo.
—Nunca lo hizo.
Ella abrió el panel de comunicaciones.
La señal había regresado, pero todos los canales internos estaban bloqueados salvo uno.
Una transmisión se activó automáticamente.
La imagen de Mathieu apareció en la pantalla.
Se encontraba en una estancia desconocida, sentado frente a una mesa cubierta por documentos. Detrás de él había una pared de piedra y varias banderas oscuras marcadas con la rosa y la serpiente.
—Buenos días, señor Thorne —dijo—. Me alegra comprobar que la cuarentena no resultó fatal.
Julian se acercó a la pantalla.
—¿Dónde están mis hombres?
—Los centinelas que sobrevivieron fueron desarmados y enviados a sus casas.
—Libéralos.
—Ya no estás en posición de dar órdenes.
Genevieve se colocó junto a Julian.
—¿Por qué seguimos vivos?
Mathieu sonrió.
—Porque el Consejo necesita una transición legítima. Si Julian muriera durante una emergencia, se convertiría en un mártir. Si renuncia voluntariamente, la Casa Thorne podrá ser absorbida sin una guerra interna.
—No voy a renunciar.
—Eso es lo que esperaba que dijeras.
Mathieu pulsó un botón.
La pantalla se dividió en varias ventanas.
Genevieve reconoció a Lord Alistair, a los miembros principales del Consejo y a varios ejecutivos de Everwood. Todos se encontraban sentados en el gran salón de la sede corporativa.
En el centro de la mesa había un documento.
La Ordenanza 104.
—El Consejo se reunirá en cuarenta minutos —explicó Mathieu—. La resolución se aprobará antes del anochecer. Julian perderá su título, su control sobre Everwood y el acceso a las propiedades de la Casa.
—¿Y quién asumirá el mando? —preguntó Genevieve.
Mathieu inclinó la cabeza.
—Un administrador provisional.
—Tú.
—El Consejo decidirá.
—Ya decidiste por ellos.
La sonrisa de Mathieu desapareció.
—Usted tiene una mente brillante, señorita Dubois. Es una lástima que la utilice para defender al hombre equivocado.
—No lo defiendo. Te estoy desenmascarando.
Mathieu se acercó a la cámara.
—Entonces permítame ser claro. Si Julian comparece ante el Consejo, será acusado de incapacidad por dependencia biológica. Si usted comparece con él, será acusada de manipulación territorial y de usurpación de autoridad matriarcal. Ambos perderán.
—¿Y si no vamos?
—La Casa Thorne será declarada sin heredero reconocido.
Genevieve sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Mathieu miró a Julian.
—Significa que el Consejo podrá abrir la sucesión.
Julian endureció el rostro.
—No existe otro heredero.
—Eso creías.
La transmisión se interrumpió.
La pantalla quedó en negro.
Durante varios segundos, ninguno de los dos habló.
—¿Qué quiso decir? —preguntó Genevieve.
Julian se volvió hacia ella.
—No lo sé.
—Mathieu mencionó una sucesión. Luego dijo que yo soy la primera heredera. Y en la fotografía aparecía otra persona.
—No sabemos si ambas cosas están relacionadas.
—Sí lo están.
—Genevieve.
—No voy a fingir que no lo escuché.
Julian bajó la mirada.
—No puedo exponerte a una acusación de usurpación sin pruebas.
—Ya me expusieron a una deuda, a un vínculo y a un ataque armado antes de que pudiera terminar mi primer día de trabajo. No voy a esconderme ahora.
Él se acercó a la consola y revisó el mapa de seguridad.
—Hay una ruta de acceso desde B3 hasta el antiguo túnel de transporte. Sale dos calles al norte de la torre.
—¿Podemos llegar al Consejo por allí?
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Editado: 19.10.2026