La Sombra de Everwood

CAPÍTULO 18 Bajo el lago

El mapa permaneció iluminado durante varios segundos después de que la transmisión se interrumpiera.

Bajo las calles de Toronto, líneas rojas formaban una red de túneles que convergía en un punto situado bajo el lago Ontario.

WINTERKILL — NIVEL PROFUNDO

SUJETO 02: ESTADO DESCONOCIDO

ACCESO AUTORIZADO POR: AURELIUS VANCE

Genevieve memorizó las coordenadas.

Julian seguía pálido. La bala de plata continuaba alojada bajo sus costillas y cada respiración le exigía un esfuerzo visible, aunque se negaba a mostrarlo.

—Tenemos que extraerla —dijo Genevieve.

—Después de encontrar a Arthur.

—No llegarás hasta él si te desangras en el camino.

—La bala no ha alcanzado ningún órgano vital.

—Eso no significa que puedas ignorarla.

—No la ignoro.

—La estás tratando como si fuera una molestia administrativa.

Julian apoyó una mano sobre la pared.

—Genevieve.

—No.

—Estoy bien.

—Esa frase debería estar prohibida en tu vocabulario.

Una sombra de sonrisa apareció en los labios de Julian, pero desapareció cuando el dolor le atravesó el costado.

Genevieve se acercó y le abrió la camisa con cuidado. La herida había dejado de sangrar abundantemente, pero el borde de la bala brillaba bajo la piel con un resplandor plateado.

—Necesito unas pinzas.

—El refugio tiene instrumental.

—No podemos volver.

—El túnel de transporte continúa hacia el centro médico de la torre.

—Mathieu controla la torre.

—No toda.

Julian señaló un panel oculto tras una placa de mantenimiento.

—Everwood fue construida sobre una red de instalaciones antiguas. Antes de ser una empresa, esta zona pertenecía a la Casa Thorne. Los laboratorios subterráneos están conectados con los depósitos de emergencia.

Genevieve retiró la placa.

Detrás había una ranura estrecha, demasiado pequeña para una tarjeta convencional.

—¿Qué abre esto?

Julian sacó un anillo de plata de su bolsillo. El sello de la Casa Thorne estaba grabado en la superficie.

Lo introdujo en la ranura.

La pared emitió un clic.

Una puerta se abrió hacia dentro.

Al otro lado había una pequeña sala médica abandonada. Los equipos estaban cubiertos de polvo, pero las luces se encendieron automáticamente. Una camilla, un monitor cardíaco y varios armarios de metal ocupaban el espacio.

Genevieve ayudó a Julian a entrar.

—Si esto es una trampa, te culparé incluso después de morir.

—Lo tendré en cuenta.

—Túmbate.

—No necesito—

—Julian.

Él obedeció.

Genevieve se lavó las manos, abrió un paquete de instrumental estéril y se colocó los guantes. El monitor cardíaco comenzó a registrar el pulso de Julian: rápido, irregular, pero estable.

—¿Cuánto tiempo llevas con la bala dentro? —preguntó.

—Desde el túnel.

—Eso ya lo sé.

—Aproximadamente diecisiete minutos.

—¿Y pensabas seguir caminando?

—Era necesario.

—También era necesario no morir.

Julian la observó mientras ella preparaba las pinzas.

—Estás enfadada.

—Estoy concentrada.

—Tu forma de concentrarte se parece mucho a tu forma de enfadarte.

—Tu forma de sangrar se parece mucho a tu forma de mentir.

Él cerró los ojos.

—Hazlo.

Genevieve hizo una incisión precisa junto a la entrada de la bala. Julian tensó los músculos de la mandíbula, pero no emitió ningún sonido. El metal plateado se había hundido entre dos costillas y la inflamación complicaba la extracción.

—Respira —dijo ella.

—Lo hago.

—No como una persona.

—Esa frase empieza a ser ofensiva.

—Entonces compórtate como una.

Genevieve introdujo las pinzas.

El vínculo reaccionó de inmediato.

El dolor de Julian atravesó su cuerpo como una descarga. Durante un segundo, Genevieve sintió que sus propias costillas ardían y que la habitación se inclinaba.

Julian abrió los ojos.

—Suéltame.

—No.

—El vínculo está absorbiendo el dolor.

—Lo sé.

—No puedes soportarlo.

—Tú tampoco.

—Genevieve.

—Mírame.

Julian obedeció.

Genevieve mantuvo la mirada fija en la suya mientras extraía la bala.

El metal salió con un sonido húmedo.

Julian contuvo el aliento.

Genevieve dejó caer el proyectil en una bandeja de acero.

El contacto con la superficie produjo un siseo y una mancha oscura se extendió alrededor.

—¿Eso estaba dentro de ti? —preguntó ella.

—Sí.

—Y dices que estás bien.

—Ahora sí.

Genevieve limpió la herida y la cerró con puntos de sutura.

Cuando terminó, Julian levantó lentamente el torso.

—Gracias.

—No me agradezcas todavía. Si vuelves a hacer algo así, te coseré a la camilla.

—Eso suena poco médico.

—No soy médica.

—Lo sé.

—¿Qué soy entonces?

Julian la observó.

—La persona que me mantiene vivo.

Genevieve apartó la mirada.

No estaba preparada para la forma en que esas palabras afectaban al vínculo.

El monitor cardíaco registró un aumento repentino de su pulso.

Julian lo oyó.

—¿Estás bien?

—No utilices mis propias frases contra mí.

—No lo haría.

—Lo acabas de hacer.

Un tono agudo interrumpió la conversación.

La pantalla del monitor se volvió roja.

SEÑAL BIOMÉTRICA DETECTADA.

PROXIMIDAD: 180 METROS.

Genevieve se puso de pie.

—¿Qué es eso?

Julian bajó de la camilla.

—No lo sé.

La señal volvió a aparecer.

PATRÓN GENÉTICO COMPATIBLE: CASA DUBOIS.

Genevieve sintió que el corazón se le detenía.

—¿Arthur?

—Podría ser.

El sistema emitió otro pitido.

SEGUNDO PATRÓN COMPATIBLE: CASA THORNE.

Julian miró la pantalla.

—Sujeto 02.




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