La Sombra de Everwood

EPÍLOGO Un año después

La nueva Asamblea Territorial celebró su primera sesión anual en la antigua sede de Everwood.

Las paredes de cristal permanecían abiertas y las puertas, sin guardias armados.

Genevieve ocupaba uno de los asientos centrales.

Julian estaba a su lado.

Lucien dirigía la comisión de libertad y reparación.

Arthur observaba desde la primera fila, todavía delgado, pero con una sonrisa que Genevieve no recordaba haber visto desde su infancia.

Elara llevaba un vestido blanco y no había pronunciado una sola palabra durante la sesión. No necesitaba hacerlo. Había aprendido, al fin, que el silencio no siempre era una forma de control.

Cuando terminó la reunión, Julian tomó la mano de Genevieve.

—¿Te arrepientes?

Ella miró a través de las ventanas.

Toronto brillaba bajo la luz del atardecer.

—Todavía no.

—¿Eso es todo?

—Pregúntame mañana.

—Lo haré.

—Y pasado mañana.

—También.

Genevieve apoyó la cabeza sobre su hombro.

El vínculo latió entre ambos.

No como una orden.

No como una deuda.

Como una elección.

Afuera, en las calles de Toronto, el mundo seguía cambiando.

Y bajo la ciudad, en la cámara donde la primera guardiana había dormido durante siglos, una luz dorada permanecía encendida.

Esperando.

No a un amo.

A quienes estuvieran dispuestos a elegir libremente.

FIN




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