Reflejos rotos
El mármol pulido del vestíbulo devolvía la figura de Blanca con una nitidez casi cruel. Desde niña, rodeada por los cuadros y las esculturas de la prestigiosa galería de arte de su padre, aprendió que la belleza no era solo una cuestión de estética, sino de alma. Sin embargo, tras la muerte prematura de su progenitor, la galería cayó bajo el mando de Regina, su madrastra: una mujer obsesionada con la perfección exterior, el estatus social y las portadas de revistas de alta sociedad.