La sustituta

Capítulo 7

Matías es un hombre que ha luchado muy duro para alcanzar sus propias metas y sueños. A él no le importó que su padrino lo criara con mimos y cuidado. Él jamás se dejó vencer por la circunstancia y siempre se exigió al máximo para alcanzar cada uno de sus objetivos.

Ahora, es un hombre, joven, soltero y muy adinerado, que cualquier mujer querría compartir con él la vida, pero este tiene el corazón empeñado en una mujer a la que él ama y con la que desea casarse, apenas su padrino encuentre a su nieta. Esa es una promesa que él mismo le hizo al hombre mayor. Y tal vez, este sea el afán por lograr aquella meta, pero al no encontrar a la nieta de su padrino, buscó a una persona para que se haga pasar por ella, sin llegar a pensar en las consecuencias de que esta mentira le acarreará.

Matías Lombardo llegó a la clínica decidido a dar el paso certero. Cada veía a su padrino decaer más y tenía miedo de que muriera y no lograra cumplir su sueño anhelado de conocer a su nieta. Solo confiaba en que el destino lo ayudara, que no hubiese ningún problema y, sobre todo, que nadie descubriera su artimaña. Trabajó duro para mantener el secreto que ni el mismo Tobías, su asistente personal, sabía de su maquiavélico plan que está por realizar. Aún más, exigió las cintas de grabación de la cafetería donde habló con la joven para que no hubiese prueba alguna de lo que ellos van a ejecutar en ese momento.

El viejo Alejandro, al sentirlo llegar a la habitación, abrió los ojos y le sonrió con tristeza. Ya le habían quitado la máscara del oxígeno y lo tenían sentado en una silla de ruedas, mirando hacia un hermoso jardín.

Matías se acercó lentamente, algo inquieto por la jugada que piensa hacer. Es una mentira que, si él la descubre, no lo perdonaría nunca.

—Hola, padrino. ¿Cómo estás? — le dijo, dándole un beso en la frente. En ese mismo momento, el joven se sintió un Judas, traidor. Pero amaba a ese hombre y tenía que hacer lo imposible por cumplirle sus sueños. Él, era como su propio padre.

—Ay, ahijado me siento bastante agotado — dijo murmurando las palabras con tristeza. Su rostro se veía pálido y tenía marcadas unas enormes ojeras, haciéndolo ver más demacrado.

Matías lo miró y suspiró profundo para controlar su propia agonía.

—Te tengo una sorpresa, pero quiero que, por favor, tome las cosas con calma – le advirtió. Luego le tomó la mano y se inclinó para hablar con él frente a frente.

Alejandro miró con los ojos brillantes, intuyendo lo que él le iba a decir.

— ¿La encontraste? — preguntó el viejo agarrando fuertemente la mano de su ahijado—. ¡Dime que la encontraste!

Matías, al ver ese brillo de vida y alegría en los ojos del hombre, se animó a seguir con su mentira.

—Sí, padrino. Encontré a la hija de Leonardo, pero prométeme guardar la calma— le sostenía la mano al viejo que comenzó a llorar y a temblar.

Alejandro asintió con la cabeza y limpió las lágrimas de emoción que brotaron sin control.

— ¡Por fin la encontraste! — hipo de alegría —. Gracias, ahijado, no sabes cuán feliz me has hecho — decía el hombre mientras que limpiaba una y otra vez las lágrimas que corría por su ajado rostro—. ¡Prometo que me voy a calmar! Lo prometo.

Matías, al ver aquella alegría, su corazón se llenó de gozo y reconocía que valía la pena hacer ese esfuerzo. Solo esperaba que Alejandro nunca supiera que esa mujer solo era una sustituta porque la verdadera nieta aún no la había encontrado, pero seguiría en la búsqueda, no descansaría hasta dar con el paradero de esa joven desconocida.

— ¿Cuándo viene? — le preguntó el viejo emocionado.

—Muy pronto— le respondió—. La encontré en las calles vendiendo dulces... Matías comenzó a hablar sin ocultar esa parte. Le contó lo triste que era la situación de la joven—. Ya te imaginarás las condiciones de pobreza en las que se encontraba. La hospedé en el Penthouse Dorado, del hotel Lumi y, apenas esté preparada, ella va a venir. Solo tiene que tener un poco de paciencia, por favor.

—Sí, la tendré— dijo Alejandro, fijando la mirada en la puerta. Su corazón late con fuerza, con brío. Es como si una fuerza desconocida lo llenara de vida, una que ya no estaba dispuesta a dejar ese cuerpo.

Los segundos se volvieron minutos, los minutos en horas y la chica no aparecía.

El corazón de Matías comenzó a sentirse incómodo y lleno de una angustia inesperada por aquella espera.

— «Solo espero que esa mocosa no me haga quedar mal con mi padrino»— pensó mientras que miraba por la ventana y veía a su padrino desesperado también mirando hacia la puerta para cuando ésta se abriera y dejara ver lo que tanto el hombre mayor anhelaba con toda el alma.

Desesperado salió al corredor y llamó a Jasón.

— ¿Qué pasa que esa mujer no ha llegado? — le preguntó enfadado.

—Acaba de bajar — dijo Jasón mirando a la belleza que tenía frente—¡Wow! ¡Qué hermosa!

Murmuró Jasón sin darse cuenta de que al otro lado de la línea lo estaban escuchando.

Matías frunció el ceño al escuchar esa exclamación llena de admiración.

—¡Esa mujer está fuera de tu alcance! — dijo Matías chocante. Él no puede permitir que el personal esté detrás de esa joven porque se supone que es la nieta de su padrino. Ella, para todos, es una mujer inalcanzable—. Admírala en secreto, pero no puedes profesar ningún sentimiento hacia ella. ¿Está claro?, Jasón

El joven frunció el ceño por aquella imprudencia, pero estaba maravillado por lo que sus ojos veían.

—Lo siento, patrón — dijo apenado. Él se había exclamado sin intención de que su jefe escuchara. Él mejor que nadie conoce las reglas que siempre ha impuesto Matías Lombardo.

Matías terminó la llamada y se pasó la mano por la cabeza con cierta frustración y recordó las palabras que dijo Jasón. Estaban cargadas de tanta admiración y devoción. Este descubrimiento a él le molestó.

— “¡Wow! ¡Qué hermosa!”— repitió las palabras, el hombre bastante molesto y recordó que en el restaurante esa mujer no era nada hermosa. Solo era un bulto de mugre y ropas viejas.




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