La sustituta

Capítulo 9

Matías vio entrar a la joven y le dio poca importancia, estaba bastante nervioso sobre la reacción que iba a tener su padrino al ver aquella joven e impostora mujer.

Sus ojos recorrieron la figura de la joven y admiró que de verdad era realmente bella, pero no como su hermosa Yomaira y tampoco tanto como quiso ver su guardaespaldas, Jason.

— «Ella es igual a cualquier mujer joven y bonita»— pensó el hombre con desgana y tal vez con desprecio—. «No entiendo cuál era la admiración de Jason, al parecer no ha visto mujer bonita en esta vida».

Para él, ella era una mujer para nada importante, porque además de ser una pordiosera, también es una mentirosa, una impostora que él contrató para que se presentara como la nieta de su padrino y era algo que él le marcaba con fuerza.

Sus ojos analizaron aquel rostro ovalado y las pequeñas pecas que rodean su nariz respingona. Sus pestañas del mismo color de su cabello le hacían sentir una fiereza en ella que él despreció. Sin embargo, el hombre que se resiste a lo inevitable es el que más rápido cae de su propia negación y persecución.

El joven miró con fijeza a su padrino y sonrió al verlo tan feliz, por lo menos la presencia de la impostora le daba felicidad y ahora él podría comenzar a planear la boda con su adorada Yomaira.

—Matías, quiero... quiero que te vuelvas a mudar a la mansión — dijo Alejandro mirándolo a los ojos—. Ese es tu lugar y, además, quiero que te conozcas más con mi querida nieta, Melissa.

Matías miraba al hombre y la mano que tenía debajo de él. De esa mano pequeña emanaba un calor que lo incomodaba, le molestaba, pero evita disgustar a su padrino. No quiere que tenga una recaída y menos por su soberbia.

—Padrino— le sonrió antes de hablar con suavidad —. ¿Para qué quieres que vuelva a la mansión? Tú, mejor que nadie, sabes que me gusta mi privacidad. Llevo años en mi apartamento y me gusta estar solo...

Alejandro solo lo miró con los ojos llenos de ilusión. Llevaba años planeando dejarlo a él como heredero universal y otorgarle el deber de proteger a su nieta. Ahora había llegado el momento de ponerlo en práctica. Sus ojos analizaron al chico.

—No me vengas con ese cuento tan barato y mediocre. Tu ni siquiera ocupas ese apartamento. Siempre está solo.

Matías lo miró y frunció el ceño. Si era verdad, la mayor parte del tiempo él dormía en el apartamento que le pagaba a Yomaira.

—Ustedes dos son mi mayor alegría, y estaré aún más feliz el día, que será muy pronto el verlos casados. Y así tú tomaras el control absoluto de todas mis riquezas.

Un rato después Matías llegó furioso hasta el parqueadero de la clínica

—Es increíble lo que quiere mi padrino— murmuró mientras que botaba bocanadas de aire por la boca. Es tanta la furia que siente contra Milagro que solo quiere desaparecerla—. ¡Maldita sea la hora en que tuve esta estúpida idea!

Jason se acercó a su jefe.

—¿A dónde desea que lo lleve? — preguntó el joven.

Matías solo respiró profundo. En ese momento no tenía cara para ver a su padrino y mucho menos a esa mujer, la sustituta.

—A la oficina, aún tengo trabajo por hacer. Y en cuanto te desocupes, llevas a Melissa al Penthouse.

Matías subió al auto y miró hacia la clínica y pensó en la chica de cabellos rojos.

—Al menos que sirva de enfermera— dijo malhumorado el hombre.




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