La teoría de lo inevitable ( La teoría del invierno 2)

Discusiones sobre el caramelo.

Justin.

El rarito no apareció en toda la noche, no creo que a Emma le fuera a sorprender y con honestidad, a mí tampoco.

No dejaba de darle vueltas al asunto de Anna. Nunca debí haberme lanzado, estaba claro que para ella había sido un error. Fui a buscar a las chicas a su habitación y bajamos a desayunar.

Anna apenas me dedicó una mirada de soslayo.

La cafetería estaba a reventar, me asomé ligeramente a la ventana. Aether jugaba con algo entre unos árboles cercanos. No es que temiera que fuese aparecer en forma de humano buenorro, pero quería comprobar que no se había marchado.

—Has evolucionado Annita, mis felicitaciones —exclamé con diversión.

—¿A qué te refieres?

—Has pedido tortitas con chocolate y no con esa asquerosidad de caramelo.

—Por el contrario, veo que tú te quedaste en simio, y todavía las pides con nata —respondió con una sonrisa de medio lado.

—Bueno, imagino que eso es algo positivo, teniendo en cuenta tus recientes gustos por la inteligencia poco desarrollada y muy animal.

Anna rodó los ojos y me sonrió con maldad.

—Claro, sobre todo si es pelirrojo y es muy agradable a la vista.

Auch.

—Tendré que cambiar mi color de cabello entonces —respondí con ironía.

—Puedes intentarlo.

Emma nos miró a ambos confusa.

—¿Qué demonios pasa con vosotros?

—Nada —dijimos a la vez.

Anna y yo nos observamos con el ceño fruncido, mientras Emma negaba con la cabeza, divertida.

El rarito entró en la cafetería acompañado de esa chica, con aires de grandeza.

Le saludé y él me devolvió el saludo con entusiasmo, después se acercó a nosotros.

—Hola —saludó.

—¡Qué hay tío! —exclamé, chocando el puño con él. Adam enarcó una ceja, pero me saludó de la misma manera. —Te esperé anoche y no viniste a calentarme la cama.

—Estaba...ocupado.

—Ya veo —reí.

—Hola —exclamó Anna con sequedad.

Sabía que le estaba analizando. Anna tenía tendencia a ser sobreprotectora con nosotros, pero mostraba especial recelo con las personas que se acercaban a Emma, sobre todo después de lo de Roy.

Me fijé en él con más detenimiento, no era un mal tipo se le veía a kilómetros, pero estaba bastante condicionado por la chica de" aires de grandeza".

—Hola Emma — la saludó — estás...diferente.

—Si no vas a decir que es la chica más guapa de este sitio, puedes largarte —bromeó Anna.

Rodé los ojos. Definitivamente Annita, sabía cómo llevar las cosas al extremo.

El rarito alzó la mirada, y su novia o lo que fuera, le hizo un gesto para que la siguiera al exterior. Menudo idiota.

—Nos vemos después —exclamó, marchándose sin mirar atrás.

—El chico sólo ha estado aquí un minuto, y ya está recogiendo la correa —exclamó Anna.

—Esa relación tiene los días contados —dije.

Anna me miró con desdén y yo enarqué una ceja, molesto.

—¿Qué? ¿ahora no puedo opinar sobre relaciones ajenas?

Anna resopló.

—El problema es que lo haces constantemente.

— Debería empezar a opinar sobre las tuyas.

—¿Por qué habrá tanta gente en este lugar? —preguntó Emma, rompiendo la magia de nuestra discusión.

—Un tipo me dijo que después de la competición, las familias con más dinero del país vienen a pasar las vacaciones de invierno a este sitio. Por eso Endel Harst, ha enviado a bastante de su personal a ir organizándolo todo. Imagino que el resto, son competidores como nosotros. Y esta noche el mismo Harst, vendrá en persona para hablarnos del último tramo de la ruta, hasta Cima Gris, además dará una fiesta.

—¡Me encantan las fiestas! —respondió Anna entusiasmada.

—Yo paso, prefiero quedarme en nuestra habitación —dijo Emma.

—¡De eso nada!

Emma se levantó y se alejó para pagar. Anna la observó en silencio.

—¿Te preocupa?

Anna giró la cabeza y nuestras miradas se encontraron durante varios segundos. Detestaba que me hiciera sentir de esa manera.

—¿A qué te refieres?

—A que compita con el rarito.

—Si, no termino de fiarme de él.

—¿Te fías de las intenciones de alguien, Anna?

—Para tu sorpresa si, de Aether.

—Ah, Aether. Se me había olvidado el cambia formas pelirrojo.

—¿Puedes dejar el sarcasmo para otra ocasión?

—Podría —respondí apoyando los brazos sobre la mesa y acercándome un poco a ella. —Pero cierta persona ha evitado hablar de lo que pasó el otro día.

—¿Qué...?

—No te hagas la tonta, si te arrepientes solo dímelo, se supone que somos amigos.

Esperé su respuesta, pero nunca llegó. Anna desvió la mirada hacia Emma. Apreté los puños con ira y me levanté, alejándome sin decir una palabra.

Varias horas después.

El resto de la tarde, me dediqué a cuestionarme la existencia, mientras miraba el techo.

No tenía ganas de encontrarme con Anna, pero la cobardía nunca había sido mi estilo. Me levanté con desgana y me vestí, acto seguido, fui a buscar a las chicas, esperando en el pasillo.

Pasó cerca de media hora cuando salieron. Observé a Anna, estaba preciosa.

—Llevo casi una hora esperando —me quejé.

—No seas tan exagerado —exclamó Anna, cerrando la puerta tras de sí.

— Pensé que iba a morirme de aburrimiento.

—Siempre tan dramático —respondió Emma, con diversión.

Seguimos a la multitud hasta un salón bastante amplio, en donde ya esperaban muchas de las parejas que habían llegado a este punto de la competición. Buscamos un lugar para sentarnos entre las primeras filas.

—Bienvenidos competidores —la voz grave de Endel Harst, resonó por toda la sala. Los participantes aplaudieron. —Me alegra ver que, en esta ocasión, varios de vosotros habéis logrado llegar a este punto de la ruta. Enhorabuena.

Los asistentes aplaudieron de nuevo.

—La senda del Yetghram comenzó con cincuenta y seis parejas participantes, de las que tan sólo la mitad, consiguieron resolver la primera pista y encontrar una de las nueve rutas de acceso. Esta noche, sólo catorce, habéis conseguido llegar hasta aquí. A partir de ahora, la ruta se complicará...




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