La venganza mortal

La última promesa

El sábado por la tarde, Michael caminaba por el centro de la ciudad junto a Daniel, Lucas y Emma.

—¿Entonces sí vas a venir mañana? —preguntó Emma, mirándolo.

—Claro que sí —respondió Michael—. ¿Cuándo te he fallado?

—¿Quieres que te recuerde lo del viernes pasado? —intervino Daniel, soltando una carcajada.

—Cállate, idiota —contestó Michael, empujándolo suavemente.

Lucas se rio mientras Emma negaba con la cabeza, divertida.

Por unas horas, Michael se olvidó de todo lo demás. No era el hijo del líder de una de las organizaciones criminales más poderosas de Alemania. No era alguien destinado a heredar un apellido peligroso.

Era simplemente un chico de catorce años pasando tiempo con las personas que más quería.

Entonces, su teléfono vibró.

Padre: Michael, regresa a casa. Tenemos que hablar.

Michael frunció el ceño. Su padre no acostumbraba a escribirle de aquella manera.

—Tengo que irme —les dijo a sus amigos—. Mi padre me necesita.

—¿Mañana nos vemos? —preguntó Emma.

—Te lo prometo.

Ella sonrió.

Michael se marchó sin imaginar que aquella promesa terminaría persiguiéndolo durante años.

Cuando llegó a casa, notó algo extraño. Había varios hombres de confianza de su padre en la entrada y su hermano mayor permanecía en el salón con una expresión seria.

—¿Qué está pasando? —preguntó Michael.

—Ve a tu habitación —ordenó su padre.

—Pero…

—Ahora, Michael.

Nunca había escuchado aquel tono en su voz.

Michael obedeció, aunque la curiosidad no lo dejó tranquilo. Desde su habitación escuchó voces apagadas, pasos y una puerta cerrándose. No consiguió entender la conversación.

A la mañana siguiente, lo primero que hizo fue escribirles a sus amigos.

Daniel no respondió.

Lucas tampoco.

Michael llamó a Emma. El teléfono sonó varias veces hasta que alguien contestó.

—¿Emma? —preguntó aliviado.

Hubo un breve silencio.

—¿Quién habla? —respondió una voz desconocida.

—Soy Michael. ¿Dónde está Emma?

La llamada terminó.

Michael volvió a marcar, pero nadie contestó.

Con el corazón acelerado, salió de su habitación y buscó a su padre.

—¿Dónde están mis amigos?

Su padre dejó lentamente los documentos que tenía sobre la mesa.

—Michael…

—¡Te estoy preguntando dónde están!

Su hermano mayor se acercó, pero Michael apenas lo miró.

—Michael, tienes que escuchar —dijo su hermano.

—¡Pues hablen!

Su padre respiró profundamente antes de responder.

—Una organización rival los asesinó.

Michael se quedó inmóvil.

—¿Qué…?

—Daniel, Lucas y Emma —continuó su padre con voz grave—. Los encontramos esta mañana.

Michael negó con la cabeza, incapaz de aceptar aquellas palabras.

El día anterior había estado riendo con ellos. Emma le había preguntado si volverían a verse al día siguiente. Él se lo había prometido.

Y ahora nunca podría cumplir esa promesa.

—¿Quiénes fueron? —preguntó finalmente, con la voz quebrada.

Su padre le reveló el nombre de la organización responsable.

Michael lo escuchó en silencio. No gritó ni volvió a hacer preguntas. Solo guardó aquel nombre en su memoria.

A sus catorce años, acababa de perder a las personas que más quería.

Su padre intentó acercarse, pero Michael retrocedió.

—No quiero que me digas que todo estará bien —murmuró—. No volverán.

Nadie respondió.

Michael se marchó a su habitación y cerró la puerta.

Aquella noche, las lágrimas dieron paso a una decisión que cambiaría su vida.

No olvidaría sus rostros. No olvidaría sus nombres. Y tampoco olvidaría quién se los había arrebatado.

Algún día, la organización responsable pagaría por lo que había hecho.

Michael Kaiser acababa de encontrar su motivo para vivir.

La venganza.



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En el texto hay: traiciones, accion, mafias

Editado: 25.10.2026

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