— ¿Te has enterado?
— ¿De qué cosa?
— Del rumor de la familia que viste con los colores rojo y violeta, por lo que escuche se apellidan Blaide y son nobles Alca, dicen que pueden manipular la magia de otras personas.
— ¿Qué? ¿Eso es posible?
— No lo sé, pero dicen que estaban aquí desde antes de que se fundara el reino. Y han estado recorriendo todo el reino.
— ¿Dónde escuchaste eso?
— Están en boca de todos.
— Vaya, si eso es así llevan bastante tiempo. El reino se fundó hace más de dos mil años.
— Sí, eso es cierto.
— ¿Pero por qué se dejarían ver hasta ahora?
— Eso es lo que la gente quiere averiguar.
— Bueno pero cambiendo de tema te enteraste de lo que paso cerca del río…
Los rumores se esparcen con demaciada facilidad. Con el tiempo, terminan modificándose y, en el reino de Everdream, los rumores eran el pan de cada día. Sin embargo, ninguno había sido tan extraordinario como para recorrer absolutamente todo el reino.
El rumor era el siguiente:
"Hay una familia capaz de manipular la magia de otras personas a voluntad. Se dice que practican magia salvaje. Son demasiado poderosos... y demasiado bellos. Su casa se representa con los colores de la diosa Eter."
Así fue como la familia Blaide se dio a conocer, ellos no estaban en busca de fama o fortuna. Solo querían ayudar a la gente con las enfermedades mágicas.
Y quizá se pregunten: ¿cómo los Blaide pueden hacer eso?
La respuesta es sencilla.
Al estudiar la magia, pueden sentir cómo esta fluye a través de las personas, los animales, las plantas y prácticamente todo lo que los rodeaba. Doir Blaide, líder de la casa Blaide, partió acompañado de su esposa, Aidet, y de su hija de dieciséis años, Odenia.
Ayudaron a personas que padecían enfermedades mágicas y le enseñaron a algunos nobles a regular mejor su propia magia. Cada pueblo al que llegaban hablaba del extraño linaje que podía percibir y manipular aquello que los demás apenas comprendían.
En apenas un par de semanas, el rumor había recorrido todo Everdream.
Lo que nadie esperaba era que, tan solo una semana después de que los Blaide regresaran a sus tierras y lograran estabilizar a todas aquellas personas que lo necesitaban, Eter, la diosa de la noche y la luna, hablara con su pueblo.
Aquella noche, en la que todos los habitantes del reino tuvieron el mismo sueño. Una inmensa luna iluminaba un cielo completamente oscuro. Frente a ella apareció una figura cuya presencia hizo que incluso quienes jamás habían visto a su diosa supieran quién era.
Entonces Eter habló:
—La familia que está en boca de todos son los Blaide. Ellos fueron bendecidos por mí y por mi magia. Fueron capaces de ver cosas que las demás familias nobles no pudieron; por eso sus antepasados se ganaron mi favor, mi bendición y el honor de ser llamados mis hijos.
Su voz recorrió el sueño de cada habitante del reino.
—Por eso, hijos míos, les pido que no se molesten si ellos no aceptan sus tratos, sus propuestas de matrimonio o sus alianzas. Ellos no tienen las mismas costumbres que el resto del reino. No siguen las normas ni los modales de los nobles Alca o de los nobles Cleba, pero tampoco son como los plebeyos.
La figura de Eter permaneció inmóvil bajo la luz de la luna.
—Ellos son únicos, tanto en sus costumbres como en sus modales. Así que les pido que los dejen en paz. De lo contrario, algo malo ocurrirá y yo me veré en la necesidad de intervenir en el gran desastre que pueda ocurrir.
Y con aquellas últimas palabras, el sueño terminó.
Pese a haber escuchado la advertencia de su diosa, muchas personas no le dieron importancia, creyendo que simplemente su diosa no queria que aquel poder fuera a parar en otras familias.
Cuán equivocados estaban todos ellos…