En la madrugada la fiebre me vuelve a subir. Mamá, que estaba preocupada por mí, se vino a dormir conmigo, aun a riesgo de enfermarse ella también. Cada ciertas horas me da de nuevo la medicina de la fiebre, que por alguna razón, aún con la medicina, vuelve a subirme rápido. La noche me la paso fatal, y tal como dijo la enfermera de mi colegio, esta mañana me siento mucho peor.
Mi mamá ya tenía un viaje planeado a la ciudad el día de hoy, para hacer compras de cosas que necesita para su trabajo. Y aunque no quiere dejarme sola, no puede posponer el viaje. Así que me deja comida preparada para todo el día. Preparó sopa, jugos, sándwiches y otras cositas más. Cosas que no voy a comer por completo, ya que, lo que menos tengo es apetito. Pero de igual manera le agradezco su esfuerzo.
Ella se despide de mí y sale de casa, más o menos a las nueve de la mañana. Después de que se marche, hago mi mejor esfuerzo y me doy una ducha rápida, además cambio las sábanas de mi cama y coloco una cobija limpia. Anoche, por la fiebre, sudé muchísimo. Y no pienso volver a acostarme en esas mismas sábanas.
Como estoy sola, decido quedarme solamente con mi ropa interior y una camiseta corta de tirantes. Recojo mi cabello en un moño flojo, aunque algunos mechones quedan libres alrededor de mi cara. Me veo en el espejo y tengo la nariz hinchada y enrojecida, los ojos rojos y lagrimosos, unas ojeras más grandes que mi vida y los labios rojos pero secos, por la fiebre. ¡Soy toda una belleza este día!
Después de un rato, casi a las diez, comienzo a sentir que mi estómago ruge. Aunque realmente no siento hambre, creo que solo estoy llena de gases por no haber comido nada aún. Por eso decido ir a la cocina a ver qué puedo comer.
Me decido por un sándwich de jamón y pollo. Además, me sirvo un poco de manzanilla. Me provoca algo calentito. Pero cuando empiezo a comer descubro que, para mi desgracia, la comida no me sabe a absolutamente nada. Es como estar masticando cartón. Así que prácticamente tengo que obligarme a comer para no tener el estómago vacío.
Estoy en medio del suplicio de terminar de tragar mi comida insípida, cuando mi teléfono suena con una llamada:
—Hola…
—Hola, ¿cómo estás hoy? Las chicas y yo nos preocupamos por ti cuando Joaquín nos contó que te subió mucho la fiebre —me dice Ana al teléfono.
—Bueno, me siento pero de la patada. Aun así, creo que no me moriré —le respondo, con voz un poco ronca, y me río de mi mal chiste.
—Me imagino… Estamos aquí afuera. Vinimos a verte antes de entrar a clases.
—¿Vinieron?
—Sí, tonta, es lo que acaba de decirte, ¿o no escuchaste? —escucho la voz de mi tierna amiga Dayana, que está escuchando mi llamada con Ana, y no puedo evitar reír por su sarcasmo—. ¿Nos dejarás entrar o qué?
—Compórtate, Dayana, ella está enferma, aunque sea por un día deja que descanse de, bueno, de ti —le dice Liliana en reproche, y yo dejo salir una carcajada.
—La reja está abierta, pasen. Ya les abro la puerta —les digo, y no espero respuesta antes de colgar.
Camino con desgana hacia la puerta y abro. Lo primero que siento es que la luz del día me atraviesa los ojos como unas dagas, haciendo que los cierre rápidamente para sobreponerme a la incomodidad que me causa. Pero lo siguiente que escucho no es la voz de Ana.
—¿Estás bien? —vuelvo a abrir rápidamente los ojos, y me encuentro de frente con una mirada preocupada y su dueño, con sus imponentes casi dos metros frente a mí. ¡Joaquín está en mi casa!
¡NO! ¿POR QUÉ ÉL ESTÁ AQUÍ? ¡Me va a dar un infarto! ¿Cómo se va a aparecer aquí así de la nada? ¡Justo cuando estoy más enferma que nunca y parezco un trapeador usado!
¡ALGUIEN QUE ME MATE!
En medio de mis pensamientos más vergonzosos, recuerdo algo mil veces peor… ¡ESTOY EN ROPA INTERIOR!
Sí, ahora sí, estoy oficialmente muerta…
Me quedo paralizada, no hago nada, solo me quedo como sonsa mirándolo fijamente, deseando tener el poder de hacerme invisible. Veo cómo sus ojos van cambiando, de preocupados a curiosos, luego, al darse cuenta de cómo estoy “vestida”, luce avergonzado y sus mejillas se enrojecen.
—Yo… ¡Lo siento! Debí avisarte que vendría —me dice, sin saber bien dónde fijar su vista.
Veo movimiento detrás de él, y me doy cuenta de que son las chicas. Parecen a punto de desmayarse por el esfuerzo sobrehumano que están haciendo para no reírse de mí.
—Que lo sepan… ¡Las voy a matar a todas! —les digo señalándolas acusadoramente.
Tomando en cuenta que ya nada podría empeorar, decido ignorar mi momento de humillación y hacer como que nada está sucediendo.
—Ya, entren… No se queden allí parados como estatuas.
Me hago a un lado para dejarlos pasar. Luego, camino tranquilamente con la poca dignidad que me queda, directamente a mi habitación para buscar algo que ponerme.
—Siéntense, voy a ponerme algo —grito cuando ya voy por el pasillo.
***
Regreso a la sala de mi casa, ya vestida, después de unos minutos sobreviviendo a un pequeño ataque de ansiedad en mi habitación, por la vergüenza que pasé.
Me paro justo frente a los cuatro y los veo, fingiendo molestia, aunque realmente ya ha comenzado a parecerme graciosa la situación. Levanto una ceja, como esperando que alguien, quien sea, dé una explicación. Y ellos lucen realmente incómodos. Al final no me aguanto y dejo escapar una carcajada.
—¿Se puede saber en qué diablos estaban pensando ustedes? ¿Y si yo hubiese estado saliendo del baño y les abro la puerta sin calzones, pensando que solo eran ustedes? —les digo directamente a las chicas.
Ellas al menos tienen la decencia de lucir avergonzadas. Y Joaquín, bueno, él parece a punto de mimetizarse con el mueble en el que está sentado, casi sin querer ni respirar, con la esperanza de que así no me fije en él. Finalmente es él quien habla.
—Lo siento, fue mi culpa. Yo fui el de la idea de venir a verte. Les dije que quería darte una sorpresa —me dice con las mejillas ruborizadas de vergüenza, yo me muerdo la mejilla para no reírme, porque la verdad se ve muy tierno y gracioso, así de incómodo como se siente. —Las chicas me dijeron que seguramente estarías aquí sola, porque tu mamá tenía un compromiso.
#6390 en Novela romántica
#791 en Joven Adulto
basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 05.10.2026