EL CHANDAL VERDE
Con su chandal verde “Pedriza” entró en el bar:
- Por favor no te ofendas, pero a tus cincuenta el chandal no te pega nada- le dijo distraídamente el amigo que la esperaba para desayunar, mientras hacía señas al camarero para que se acercara.
Garza y su “colega” pasaron todo el domingo juntos y por la noche fueron a un garito en el que eran habituales.
Mientras su acompañante estaba en el servicio se acercó a ella un apuesto y sonriente caballero que conocía de vista.
- Querida, ¡ese chandal te sienta divininamente ! y además hace juego con tus ojos – le dijo con simpatía.
Y a Garza le vino a la mente el pensamiento de que en la “llenura” de la luna el hambriento puede ver un queso y el devoto la aureola de un santo.