La gente humilla, sí, es cierto. Pero dime algo: ¿por qué dudas de ti cuando tú sabes de lo que eres capaz? Muchas veces, quienes intentan hacerte sentir menos también conocen tu potencial. Saben de lo que eres capaz, pero en lugar de reconocerlo, prefieren hacerte creer que no puedes conseguirlo.
No permitas que sus palabras tengan más fuerza que tus propias convicciones. Demuéstrales, pero sobre todo demuéstrate a ti mismo, que ninguna humillación puede decidir hasta dónde puedes llegar.
Los malos momentos también pasarán. Se irán con el viento y, con el paso de los años, muchas de las cosas que hoy parecen enormes dejarán de tener importancia.
Pero hay algo que no debes olvidar: si dejas pasar demasiado tiempo sin hacer aquello que tanto deseas, quizás algún día quieras regresar al pasado para recuperar las oportunidades que no aprovechaste.
Por eso, vive. Atrévete. Ama, quiere y perdona.
¿Sabes por qué creo que estamos tan mal en este mundo? Porque muchas veces hemos olvidado cómo amar con sinceridad. Hemos aprendido a desconfiar, a esconder nuestros sentimientos y a pensar que demostrar cariño es una debilidad.
Yo sé que existen personas que no valoran lo que reciben. Personas a las que puedes entregarles tu tiempo, tu cariño y tus mejores intenciones, y aun así no sabrán reconocerlo.
Pero déjame decirte algo: el problema no eres tú por tener un buen corazón.
No te avergüences de querer bonito, de preocuparte por alguien o de demostrar lo que sientes. No permitas que las malas experiencias te conviertan en alguien que no eres.
Quizás algún día, cuando ya no estés presente en la vida de esas personas, comprendan cuánto significabas. Tal vez extrañen tus palabras, tus detalles, tu compañía y todas esas cosas que antes parecían insignificantes.
Pero cuando eso suceda, tú ya habrás seguido adelante.
Y habrás ganado algo que no todos consiguen: la tranquilidad de saber que, a pesar de las decepciones, nunca dejaste de ser una persona de buen corazón.
Hoy en día parece que hemos idealizado la idea de no tener corazón, como si ser indiferente fuera una señal de fortaleza. Pero dime, ¿acaso no criticamos a quienes hacen daño sin importarles los sentimientos de los demás? Entonces, ¿por qué deberíamos convertirnos en aquello que tanto rechazamos?
Ser una buena persona no significa permitir que te pisoteen. Puedes tener un corazón noble y también saber poner límites. Puedes perdonar sin regresar al lugar donde te hicieron daño. Puedes amar sin olvidarte de ti mismo.
Siéntete orgulloso de ti. Si has demostrado cariño incluso cuando no lo recibiste de la misma manera, si has sabido perdonar y si todavía encuentras motivos para hacer el bien, no permitas que nadie te convenza de que eso es una debilidad.
Porque llegará un momento en el que todos envejeceremos. Miraremos hacia atrás y quizás nos arrepintamos de las veces que no dijimos «te quiero», de los abrazos que no dimos, de los perdones que guardamos y de las oportunidades que dejamos pasar por orgullo.
No esperes a que sea demasiado tarde para demostrar lo que sientes.
Ama mientras puedas, abraza mientras tengas la oportunidad, perdona cuando tu corazón esté preparado y disfruta de quienes hacen tu vida más bonita.
No permitas que un mundo lleno de personas heridas te convenza de que tener un buen corazón es un defecto. La verdadera fortaleza está en conservar tu bondad sin permitir que otros abusen de ella.
Al final, no te arrepientas de haber amado demasiado; preocúpate por haber pasado por la vida sin aprender a amar.