Durante los días siguientes, Pocahontas y John se reunieron en secreto en las riberas del río. Ella le mostró la riqueza viva del ecosistema: la red de agua subterránea, los árboles medicinales y la fauna silvestre que desaparecería si la mina se llevaba a cabo.
John, criado en la mentalidad de la explotación industrial, experimentó una transformación interna. Comprendió que la verdadera riqueza del lugar no estaba en los minerales bajo la tierra, sino en la vida que florecía sobre ella y en la dignidad de la comunidad que la protegía.