Ladrón de Sombras

Tres

Llevaban mirándose a los ojos más tiempo del necesario. El Ladrón de Sombras soltó el brazo de Lilia de golpe y ella se tambaleó, pero consiguió mantenerse de pie sobre esos tacones altísimo antes de que el ladrón tuviese que extenderle de nuevo la mano. Al Ladrón de Sombras le parecía una ridiculez que alguien usara zapatos como esos, un peligro. 

—Vaya, muchas gracias—dijo Lilia. 

Se apartó un rizo rojo de la cara y se acomodó el saco. Lilia observó al hombre que la había ayudado, ella conocía a todas las personas que trabajaban en  edificio y él no podía recordarlo.

—Eh... no fue nada—dijo el Ladrón de Sombras, bajando la cabeza. 

Ante ma mirada curiosa de la chica, supo que su error acababa de arruinar su trabajo. Confiaba en que no lo reconoció como la persona que le había robado el teléfono; sin embargo, que acabara de ver su rostro abiertamente cambiaba todo. El Ladrón de Sombras tenía tres únicas reglas que aseguraban que fuese el mejor en su trabajo y sabía que, de romperlas, merecía un castigo.

—¿Te he visto antes?.

Se preguntó cuál sería un buen castigo para él y supo la respuesta de inmediato: renunciar al cliente, lo más sensato era negarse a realizar el trabajo.

—No, no lo creo—dijo el Ladrón de Sombras—soy nuevo aquí.

—Eso es imposible—replicó Jhon, dando las prineras señales de seguir ahí—no hemos reclutado a nadie en las últimas semanas.

Lilia le dirigió una mirada llena de disgusto. El Ladrón de Sombras vio como movía su tobillo izquierdo de un lado a otro, como tratando de comprobar que no le había pasado nada.

—Pero estamos reclutando ahora—le corrigió la chica. 

Un scretario. El Ladrón de Sombras necesitó de un par de sugundos para recorrer el lugar con la mirada. El hall del edificio era un espacio amplio, se trataba de un recibidor con un espacio para la recepecionista, un pasillo que conducía al comedor y los elevadores en la dirección opuesta. 

—Yo quería saber si todavía podía postular—dijo rápidamente—vine a preguntarle a la recepcionista. 

La chica asintió, pero había algo en su forma de mirarlo que hizo que el Ladrón de Sombras se preguntara si sería posible que ella lo hubiera visto salir del comedor también. Sin embargo, como no dio señales de ser así, decidió continuar con el juego en el que se estaba metiendo.  El Ladrón de Sombras sabía que merecía un castigo, pero no quería renunciar al pedido de su cliente.

—Llegó una semana tarde, señor—dijo Jhon. 

El Ladrón de Sombras alzó una ceja, no le gustaba su voz nasal y el tono engreído con el que hablaba. Apretó los puños, pero antes de que siquiera pensara en decir algo, fue la propia Lilia quien calló a Jhon con gesto. 

—La recepcionista se llama Claudia—dijo ella—Entrégale tu currículum y pídele el formulario para rellenar, como vas de mi parte te lo dará sin problemas. 

El Ladrón de Sombras entrecerró los ojos. Lilia ya se había tomado su tiempo para observarlo de pies a cabeza así que tenía que haberse dado cuenta de que no llevaba ningún currículum consigo.

—Oh, la señorita debe ser importante aquí—dijo él, con fingida ignorancia. 

—Afrortunadamente para ti, lo soy—dijo Lilia, sonriendo. Miró el reloj de mano que llevaba en la muñeca y agregó—Me debo ir, ¿me sigues, Jhon?

Lilia presionó el botón de asensor y se despidió del Ladrón de Sombras con la mano. Desde el interior, Jhon lo miraba con desprecio. El Ladrón de Sombras se frotó las sienes, todavía turbado por lo que acaba de suceder. Después de sacudirse la sorpresa, salió del edificio. Cuando pasó junto a la recepcionista, quien estaba demasiado distraída como para darse cuenta que un completo extraño entraban y salía de la compañía a su antojo, consideró pedirle la ficha que había mencionado Lilia; sin embargo, negó con la cabeza y siguió caminando. 

La tarde estaba fresca ese día, el invierno llegaría pronto. El Ladrón de Sombras soltó una maldición porque odiaba el frío, y continuó maldiciendo porque la sudadera verde que llevaba no le abrigaba lo suficiente. Estaba de mal humor y no le costaba admitirlo, el encuentro con Lilia le había dado una idea tan terrible como funcional para cumplir con su trabajo. Sacó su teléfono del bolsillo y suspiró. Dudó un par de segundos antes de hacer la llamada, pero tras pensárselo un momento, terminó marcando.  

—Necesito que me crees una identitad falsa—dijo el Ladrón de Sombras. 

—Por supuesto, yo estoy para servir a mi señor—dijo una voz ronca al otro de la línea—Podrías saludar antes de pedir algo, ¿sabes? 

El Ladrón de Sombras se sentó en una banca junto a la parada de autobuses, le dolía la cabeza, como si estuviese a punto de explotarle. Tenía pocos contactos en su teléfono, siendo el más importante el de su restaurante de pollo frito preferido; sin embargo, el hombre que acababa de hablarle con ese tono irónico le agradaba más que el resto de la gente que conocía, aunque nunca se lo hubiese dicho. 

—Dijiste que no te gustaba que me fuera con rodeos cuando te quisiera a pedir algo—dijo el Ladrón de Sombras—Hola, Jota. 

—Hola Adrien, me encanta escuchar tu voz—dijo Jota—Una cosa es no irse con rodeos, otra es ser grosero con tus sirvientes. Trata de ser más amable, te gustará. 

El Ladrón de Sombras se estremeció ante el sonido de su nombre en boca de otra persona, había pasado mucho tiempo desque lo llamaron así. Pensó en que debía llamar a Jota con más frecuencia, aunque fuera solo para conversar un rato, era de las pocas personas que conocían su nombre real y quizás oírlo de vez en cuando le haría bien. 

—Sé que no eres mi sirviente, lo siento ¿de acuerdo?—dijo el Ladrón de Sombras—Pero necesito que me ayudes, eres el único amigo al que le puedo pedir este favor. 

—Soy tu único amigo en todo sentido—replicó Jota—¿Qué es lo que necesitas de mí, buen hombre? 

La idea del Ladrón de Sombras no era tan estúpida si se pensaba bien en ella: Jota  le crearía una identidad falsa y la metería entre los candidatos de Lilia, él se encargaría de que el sistema lo que posicione como la mejor opción y lo contraten, entonces podría vigilarla por un par de semanas hasta descubrir lo que fuera que el cliente deseara que descubriera; después, desaparecería sin dejar rastro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.