Ladrona de corazones

Capítulo 4: Buenas noticias

(Narra Annabelle)

En el momento en el que la partera me anunció que había dado a luz a una niña, supe que este día iba a llegar. Era imposible tener una hija y que no esperara que en algún punto fueras su intermediaria entre lo que quería y su padre.

Solté un largo suspiro antes de indicarle a los duendes con una inclinación de cabeza que abrieran la puerta para mí. Entré con paso seguro al Salón del Trono y le dediqué mi sonrisa más cautivadora a mi esposo, esa que le dejaba saber que quería un momento a solas para los dos. De inmediato, el rey le ordenó a todos los presentes que salieran del recinto. Uno a uno, los caballeros se despidieron de ambos con una reverencia antes de hacer lo que el rey les indicó. El último fue Teodoro Schubert; sentí una punzada de lástima al pensar en su nieto, todo indicaba que iba a quedarse con las ganas de emparentar con nuestra familia.

—¿Qué puedo hacer por ti el día de hoy, mi amor? —me preguntó Esteldor estirando su mano hacia mí para hacerme saber que quería que me acercara.

Caminé hasta el trono y pasé mis dedos por su sedosa cabellera rubia antes de besarlo. Mi esposo era un sol.

—Más que por mí, es por tu hija —le dije, prefiriendo exponer los hechos de una buena vez.

—¿Qué es lo que quiere Odette? —preguntó picado por la curiosidad. Nuestra hija menor rara vez pedía cosas o daba problemas. Teníamos tres hijos que eran un torbellino, pero la más pequeña de la familia siempre había sido centrada y madura.

—Irina partirá para Dranberg en tres semanas, Odette quiere ir con ella —declaré llanamente, no tenía caso adornar la verdad.

Esteldor dio un respingo en su asiento, enderezó la espalda como si estuviéramos tratando un asunto de Estado y supuse que para él era así pues se trataba de su tesoro más preciado, su princesa.

—¿Odette quiere viajar con Irina? ¿Por qué? Irina va en busca de marido y Odette jamás ha mostrado interés en los chicos, no tiene sentido que la acompañe —empezó a decir con irritación en la voz.

—Lo sé, pero supongo que su prima le vendió la idea y ha de tener ganas de salir, ver gente nueva, vivir costumbres distintas... Además, tú llevas tiempo quejándote de que Odette no le presta atención a ningún pretendiente, ¿sería tan malo que se contagiara del entusiasmo de Irina por encontrar esposo? Pensé que eso era lo que deseabas —le recordé.

—Sí, pero aquí donde yo puedo vigilarla, donde puedo espantar a cualquier truhan que me parezca indigno de mi hija —dijo a la defensiva—. No, definitivamente no puede ir.

Puse los ojos en blanco, ya imaginaba yo que iba a reaccionar así.

—Esteldor, ya no es una niña, tenemos que darle libertad.

El rey me miró con recriminación, como si estuviera robándole un trozo de su alma.

—¿En verdad quieres que nuestra hija esté del otro lado del Valle pavoneándose en fiestas y coqueteando con chicos? —me preguntó indignado.

—¡Ay, por favor! ¿Cuándo Odette ha hecho eso? —exclamé, denotando lo absurdo de su preocupación—. Ella es una buena chica, siempre ha tenido un comportamiento intachable. Además, estará bajo el cuidado de Draco y Esmeralda, ellos se asegurarán de que nada malo le suceda. Dudo mucho que nuestra hija vaya a la búsqueda de un esposo, ella no es así, pero sí creo que este viaje le hará bien. Saldrá de la rutina, aprenderá cosas nuevas y regresará fresca. Y cuando vuelva, apreciará más lo que tiene en casa... verá con ojos renovados a cierta persona a la que hasta ahora no le ha prestado mucha atención...

Esta última parte fue la única que dije con falsedad. Dudaba mucho que Odette reconsiderara darle su mano a Jon en matrimonio, pero sabía lo mucho que Esteldor quería que eso sucediera y era mi as bajo la manga para ayudar a mi hija a obtener lo que quería.

No sabía con exactitud qué buscaba Odette viajando fuera de Encenard, pero quería que tuviera la libertad de encontrarlo. Podía ver en los ojos de mi hija que algo le faltaba; había un anhelo en su corazón que todo nuestro amor y nuestras riquezas no habían podido satisfacer y quería que lo obtuviera. Tal vez este viaje pudiera ayudarla con eso.

—¿En verdad crees que le hará bien? —preguntó Esteldor, la inflexión en su voz me dejó saber que ya empezaba a ceder. La posibilidad de que Odette cambiara de opinión sobre Jon era bastante tentadora.

—Estoy convencida de ello —le aseguré con firmeza.

Esteldor torció la boca, no quería acceder, pero tampoco quería parecer un necio. Le preocupaba que su pequeña hija estuviera tan lejos de nuestra protección. Tomé su brazo con cariño, tratando de infundirle confianza.

—Odette es una buena muchacha, jamás cometería una imprudencia.

—Supongo que tienes razón… puede que le ayude. Está bien, puede ir.

 

*****

 

(Narra Odette)

 

Las semanas previas a nuestro viaje se me antojaron eternas, pero al fin nuestra partida estaba a la vuelta de la esquina. Pasado mañana emprenderíamos nuestro camino hacia Dranberg. Mientras que Irina había continuado con su búsqueda de posibles candidatos, yo me concentré en elegir el guardarropa perfecto para mi viaje. Todo en mi aspecto debía ser impecable cuando me presentara ante Luken. La última vez que lo había visto aún era una niña entrando a la edad adulta, ahora ya era una mujer de pies a cabeza y no pensaba permitir que volviera a pasarle desapercibida. Luken Mondragón iba a notarme y no solo eso, iba a pedirme que fuera su esposa.




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