Las crónicas de Tony: Vol 1

Capitulo 1: Parte 4 El Comienzo dela era

A millones de kilómetros de distancia, en los abismos fríos del espacio exterior, la onda de flujo no pasó desapercibida. Sentado en el trono de mando de una colosal nave nodriza, el Sacerdote supremo, conocido por el nombre de Xerath, abrió los ojos bruscamente tras percibir la vibración cósmica. El poder del Arklom había resonado en su mente.

—El anillo... ha sido reclamado —susurró con una mezcla de sorpresa y rabia contenida.

Xerath se puso en pie con furia, infundiendo pánico entre la tripulación de alienígenas y subordinados que operaban los paneles de control. Se dirigió con paso firme hacia uno de sus oficiales:

—Llamen a Makaria de inmediato. Quiero saber exactamente por qué fracasó en conseguir el anillo en la superficie de ese planeta —ordenó con severidad. El soldado asintió con temor y se retiró rápidamente junto a otra escolta para cumplir el mandato.

Mientras tanto, en la Tierra, los golpes urgentes en la puerta anunciaron la llegada de Mike al apartamento. Al entrar, encontró a su amigo pálido, sudoroso y visiblemente alterado.

—¿Qué tienes, Tony? ¿Qué es lo que te pone tan tenso? —preguntó Mike, cruzándose de brazos con preocupación.

—Era cierto, Mike... ¡Todo lo que decían los mitos era completamente cierto! —respondió Tony con voz temblorosa, corriendo a cerrar las persianas y asegurar las ventanas con pánico.

Mike lo observó con una mezcla de seriedad y escepticismo:

—¿El qué? ¿Acaso fuiste a las malditas montañas de las que todo el mundo habla?

Tony asintió, abrazándose a sí mismo mientras los recuerdos de los rostros y las explosiones inundaban su mente.

—Había un hombre herido con una armadura mística en medio del bosque... Él me entregó este anillo —explicó, señalando el objeto en el suelo. —Y justo después apareció un monstruo, un tipo gigantesco de siete u ocho pies de altura, llevaba una máscara aterradora y una capa enorme. Se notaba a leguas que venía de una maldita guerra real.

Mike guardó silencio por un segundo, observó la joya tirada en la alfombra y luego soltó una carcajada limpia, asumiendo que su amigo simplemente había tomado demasiadas copas de más esa noche.

—Vaya, Tony, qué buena broma, en serio. Por un segundo casi caigo en tu historia de ciencia ficción —dijo, dándose la vuelta.

Frustrado y lleno de impotencia, Tony avanzó rápidamente, tomó a Mike fuertemente por el cuello de la camisa y lo obligó a mirarlo a los ojos:

—¡No estoy loco, malditasea! ¡Lo vi con mis propios ojos!

La seriedad en el rostro de Tony hizo que la sonrisa de Mike se desvaneciera. Miró de reojo el artefacto metálico y, con un tono desafiante para romper la tensión, le dijo:

—Bien, si es real, demuéstralo. Póntelo ahora mismo.

Tony retrocedió, observando la reliquia con un temor profundo. Ante la negativa del joven, Mike lo tomó del brazo, iniciando un forcejeo físico en medio de la sala. Durante el empuje mutuo, la mano de Mike resbaló, forzando accidentalmente el anillo Arklom en uno de los dedos de Tony.

El cambio fue instantáneo. Un torrente de energía pura y dorada recorrió las venas del muchacho. Sin ser consciente de su nueva fuerza física, Tony empujó a Mike para quitárselo de encima, mandando a su amigo a volar por los aires hasta estrellarse pesadamente contra el sofá del apartamento. Mike se incorporó con los ojos abiertos de par en par, tocándose la espalda, completamente estupefacto:

—¿Qué demonios fue eso...? —tartamudeó, creyendo finalmente cada palabra.

Tony se contempló los brazos. Sus músculos vibraban bajo una corriente de poder que fluía de manera perfecta a través de su cuerpo. Era un refuerzo físico inimaginable.

—Siento... siento una energía tan grande que creo que podría correr durante nueve horas seguidas sin cansarme lo más mínimo.

Entusiasmado por el descubrimiento, Mike le propuso salir del edificio para poner a prueba los límites del anillo en un lugar seguro: el viejo vertedero de chatarra en las afueras de la ciudad. Una vez allí, Mike recogió una pesada placa de metal reforzado y la sostuvo en el aire:

—¡Intenta golpearla con todas tus fuerzas!

Tony lanzó un puñetazo directo. El impacto no produjo el sonido metálico habitual; en su lugar, su mano atravesó el acero como si fuera una simple hoja de papel de cuaderno, dejando un agujero perfecto y limpio. Sorprendido, Mike señaló un automóvil antiguo y abandonado que yacía sobre unos bloques:

—¡Levanta eso!

El muchacho se agachó, colocó las manos bajo el chasis y, aplicando una mínima fracción de su fuerza, elevó el vehículo por encima de su cabeza como si no pesara absolutamente nada.

—Bien, ya vimos que tienes una fuerza física descomunal, pero para pelear de verdad se necesita comprobar la resistencia —dijo Mike, subiéndose a una de las grúas de chatarra del vertedero.

Tony se colocó en la zona baja, concentrando el flujo de su energía para prepararse ante la prueba. Sin previo aviso, Mike activó el mecanismo y dejó caer un inmenso barril industrial de metal macizo directamente sobre la posición del muchacho. El contenedor aplastó a Tony con un estruendo seco. Preso del remordimiento y pensando que la imprudencia había matado a su mejor amigo, Mike descendió de la grúa a toda prisa. Sin embargo, al aproximarse a los restos del contenedor, presenció cómo las paredes de hierro se rasgaban desde el interior. Tony abrió el barril metálico destrozándolo como si fuera simple cartón blando y emergió de los escombros cubierto de polvo, con los ojos encendidos en ira:

—¡¿Estás demente?! ¡Casi me matas! ¡Imagínate si este maldito anillo no me hubiera protegido, ahora mismo estaría muerto! —le gritó con pura furia en la voz.

Mike, apenado y con el rostro compungido, agachó la cabeza:

—Lo siento, amigo... De verdad admito que exageré con la prueba —se disculpó con tristeza. Tras un breve silencio, levantó la mirada con una chispa de emoción en los ojos: —Pero piénsalo, Tony... ¿Podrías usar todo ese poder para pelear de verdad contra lo que viene?




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