Las crónicas de Tony: Vol 1

Capitulo 2: el Impacto

La colosal nave nodriza del Sacerdote supremo flotaba en el vacío del espacio exterior, silenciosa y amenazante como un depredador cósmico. En el centro del puente de mando, decenas de soldados alienígenas tecleaban frenéticamente en sus paneles holográficos, monitoreando las flotas de invasión, los controles de las naves y rastreando cualquier alteración en el tejido dimensional.

Las imponentes compuertas hidráulicas se abrieron. Makaria entró con paso pesado, arrastrando su imponente armadura con una mezcla de frustración y cautela. Se detuvo a unos metros del centro de mandos.

—Makaria aquí presente —anunció con voz seria, manteniendo la mirada baja. Su instinto le advertía exactamente lo que estaba por suceder.

Xerath, el Sacerdote Supremo, se levantó lentamente de su trono. Sus túnicas ceremoniales flotaban a pesar de la gravedad artificial, y sus ojos inyectados en energía mística se clavaron en el guerrero derrotado. Caminó hacia él con pasos lentos y calculados, infundiendo un silencio sepulcral en toda la sala.

—¿Sabes por qué te llamé? —preguntó Xerath, con una calma que resultaba más aterradora que cualquier grito.

Makaria asintió en silencio, mirándolo con un profundo e incuestionable respeto. Pero el Sacerdote no buscaba explicaciones. Con un movimiento sutil de sus dedos, Xerath liberó un pulso invisible de energía anímica. La presión fue tan devastadora que el aire alrededor de Makaria se comprimió. El imponente guerrero de ocho pies tembló, sus rodillas crujieron bajo el peso absoluto de un poder que desafiaba la lógica, obligándolo a caer de rodillas contra el suelo de metal de la nave.

Antes de que pudiera recuperarse, Xerath lo tomó del cuello de la armadura, levantándolo en el aire como si fuera un simple muñeco de trapo. Con el rostro a pocos centímetros del casco de su subordinado, la voz del Sacerdote se volvió un susurro de puro hielo:

—Tráeme ese anillo... o buscaré a otro que lo haga mejor.

Con un desprecio absoluto, Xerath lo lanzó con una fuerza brutal. El cuerpo de Makaria voló por los aires hasta estrellarse violentamente contra una de las gruesas paredes reforzadas del puente, dejando una enorme abolladura en el metal.

Makaria se apoyó en el suelo, tosiendo por el impacto. Mientras recuperaba el aliento, observó fijamente la silueta del Sacerdote, pensando para sus adentros con un pavor reverencial: «Ese es su poder... El flujo de energía que emana de él es perfecto. Tan gigantesco, tan infinito, que se parece tanto a él...»

—¡Cállate! —bramó el Sacerdote instantáneamente, como si hubiera leído sus pensamientos. Sus ojos brillaron con una furia implacable—. ¡Nunca vuelvas a mencionar ese nombre! ¡Por algo está estrictamente prohibido en todo el multiverso!

Xerath dio un paso al frente, la energía oscura bailando en sus manos.

—Mejor te hubiera dejado muerto cuando Él atacó tu planeta natal. En ese entonces me diste tu lealtad a cambio de tu vida. Ahora lárgate... y no vuelvas a fracasar.

Makaria se incorporó lentamente. El guerrero que no le temía a nada en la Tierra dio dos pasos atrás, con el miedo frío calándole los huesos, y se retiró del puente de mando sin decir una sola palabra.

En cuanto las compuertas se cerraron, el Sacerdote regresó a su trono. El silencio fue interrumpido por uno de sus generales más veteranos, quien dio un paso al frente intrigado y confundido.

—Mi señor... ¿Quién es él? ¿Por qué está prohibido decir su nombre? —preguntó con voz alta, buscando respuestas entre el resto de la corte.

Otro de los comandantes, queriendo demostrar superioridad, sonrió con arrogancia y alzó la voz para responderle:

—Es fácil. El nombre de ese ser maldito es Gre...

No pudo terminar la palabra. Un destello de energía verde jade y esmeralda parpadeó en el aire. Ante los ojos horrorizados de todos los presentes, el cuerpo del general comenzó a fragmentarse en miles de pedazos geométricos de luz, deshaciéndose en la nada como si su existencia misma hubiera sido borrada del registro del tiempo. El miedo se apoderó de los generales sobrevivientes, quienes retrocedieron pálidos.

Xerath los observó con una sonrisa macabra y la voz rebosante de furia:

—Esto es lo que pasa si se atreven a mencionarlo. En esta dimensiónes no se puede nombre a el.. Innombrable




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