Esta historia tiene un lugar muy especial para mí porque fue la primerísima que escribí de todo este proyecto. Curiosamente, cuando la redacté no tenía ni la menor idea de que terminaría convirtiéndose en parte de esta antología; nació como un relato independiente y con el tiempo encontró su lugar perfecto aquí.
Recuerdo que cuando terminé el borrador se lo mandé a mi amiga Eva para que me diera su opinión. En cuanto la leyó, me dijo que le recordaba muchísimo a la canción «Yo, dueña de la noche» de Pimpinela. En su momento me dio gracia, pero viéndolo en perspectiva... ¡tengo que admitir que tiene toda la razón!
Escribir y compartir esto me hizo sentir un poco como Shane Hollander cuando llega el antagonista a decirle aquello de «tú te robaste mi historia». Dicen que la vida imita al arte, y a veces pienso que es verdad...