El viaje de Montreal a Toronto duró casi cinco horas. Shane condujo a través de la penumbra previa al amanecer mientras Ilya, sentado en el lugar del copiloto, mantenía la mirada fija en la pantalla del teléfono. El segundero de la aplicación parecía avanzar con una lentitud maquiavélica, recordándoles que cada minuto consumido los acercaba inexorablemente a la medianoche del viernes.
La dirección registrada como la sede de las oficinas corporativas de Wattpad en Toronto los llevó a un edificio vidriado y moderno en el distrito financiero. Sin embargo, en cuanto Shane empujó la pesada puerta de cristal de la entrada principal, la arquitectura contemporánea de acero y concreto simplemente se disolvió.
No hubo transición, ni luz deslumbrante, ni temblor en el suelo. Simplemente dieron un paso y el vestíbulo de cristal desapareció, reemplazado por la inmensidad estupefaciente de una biblioteca de proporciones imposibles.
—Esto no es un edificio de oficinas —murmuró Ilya en un hilo de voz, dando un paso atrás.
La puerta por la que habían entrado ya no estaba. En su lugar se extendía una pared de roble oscuro que se perdía hacia arriba en una penumbra dorada. Frente a ellos, el espacio se abría en un laberinto infinito de pasillos alineados con estantes de madera maciza de decenas de metros de altura. El aire olía a papel viejo, tinta seca, ozono quemado y a algo sutilmente sintético, como el calor que despide un procesador al sobrecalentarse. A lo lejos, el eco de millones de páginas pasando simultáneamente creaba un murmullo constante, similar al oleaje de un mar de texto.
—Es el servidor —dijo Shane, apretando la mandíbula y ajustándose la chaqueta con determinación instintiva—. Físicamente estamos dentro del catálogo. Si la información de la autora existe, tiene que estar archivada aquí.
Avanzaron por el corredor principal. El piso de madera crujía bajo sus botas con un eco cavernoso. A medida que se adentraban en el laberinto, notaron que los estantes no contenían libros convencionales, sino expedientes encuadernados que parpadeaban con un tenue brillo naranja. Había etiquetas colgando de cada pasillo, marcando géneros, tropos y estados de publicación.
—Pasillo cuatrocientos doce: Historias No Terminadas —leyó Ilya, pasando junto a miles de volúmenes cuyos lomos llevaban el sello en letras rojas de En Pausa o Cancelado.
Sintió una punzada de frialdad en la nuca al pensar que la suya terminaría en esa misma sección si no encontraban una salida.
Shane, manteniendo la compostura metódica que lo caracterizaba en sus análisis de juego, buscaba las señales del sistema de clasificación.
—Tenemos que ir a la sección de romance y fanfics —indicó Shane, acelerando el paso—. Los datos de los usuarios deben estar indexados junto a los archivos principales de cada obra.
Siguieron las señales talladas en la madera hasta llegar a una rotonda colosal donde el techo desaparecía por completo en la penumbra. Los estantes aquí eran aún más altos, serpenteando en espirales que parecían desafiar la gravedad.
Ilya caminó por uno de los pasillos laterales, pasando los dedos por los lomos de los libros. Las etiquetas leían nombres de usuarios y títulos de historias. De pronto, se detuvo frente a un estante particularmente voluminoso.
—Shane, mira esto —dijo Ilya, señalando una sección bellamente encuadernada en cuero azul y dorado—. Aquí hay expedientes completos. Esta es la sección de fanfiction de hockey.
Shane se acercó rápidamente. En las placas metálicas de los estantes se leían los nombres de varios de los autores más prominentes y prolíficos de la plataforma. Ilya pasó la vista por una repisa iluminada por una luz tenue y reconoció de inmediato una de las placas: @Omeva73. Junto a ella, un expediente voluminoso acumulaba cientos de fichas perfectamente ordenadas. Otra autora @_onlythebbrave tenía una obra llamada Buen Chico.
Unas repisas más allá, Shane se detuvo frente a otro compartimento destacado con letras doradas: @Alexs5000.
Shane sacó uno de los tomos de la repisa de ese autor. El libro llevaba por título El Quinto Invierno. Lo abrió con curiosidad, hojeando rápidamente las primeras páginas bajo la tenue luz de la biblioteca. A medida que sus ojos recorrían las líneas, la expresión de Shane mutó de la sobriedad al estupor; la densidad del drama, los giros argumentales oscuros, la carga de angustia psicológica y las tragedias entrelazadas que se leían en el texto le sacaron un escalofrío involuntario.
Cerró el libro de golpe con un chasquido seco y lo devolvió a su lugar con un temblor imperceptible en los dedos.
—Agradezco profundamente a cualquier fuerza cósmica que lo que nos esté pasando no sea una historia de este usuario —murmuró Shane, pasándose una mano por el rostro y soltando un largo suspiro de alivio.
—No nos distraigas, Hollander —lo apuró Ilya, aunque él mismo miraba los estantes con un respeto casi temeroso—. Necesitamos la ficha de @Javiihudcon.
Continuaron recorriendo el pasillo hasta llegar al extremo norte de la sección. Allí, en una repisa más reciente cuyo pegamento en el lomo aún parecía fresco, encontraron el volumen: Inquebrantable Obsesión, bajo la etiqueta de usuario @Javiihudcon.
Shane tomó el expediente. A diferencia de los otros libros, este no estaba completamente encuadernado. La mitad final del volumen consistía en páginas en blanco que temblaban ligeramente, como si la tinta estuviera esperando ser depositada desde algún lugar remoto. Al final del libro, pegada a la contraportada interior, había una tarjeta de registro sellada con un candado digital de color rojo.
—Esta es la ficha técnica de la autora —dijo Shane, desplegando el documento—. Pero los datos de ubicación están cifrados por el sistema de la plataforma.
Editado: 01.11.2026