Las Cuatro de la Madrugada

3. La plataforma digital

La casa de la autora en Vancouver era una pequeña residencia de dos pisos rodeada por pinos altos y una llovizna constante que empapaba los cristales. Para cuando el auto alquilado por Shane se detuvo frente a la entrada, eran las seis de la tarde del jueves. Les quedaban menos de treinta horas antes de que el reloj marcara la medianoche del viernes.

Shane caminó a zancadas por el sendero de gravilla, con Ilya cubriéndose la cabeza con la capucha de una sudadera oscura justo detrás. Shane no dudó: llamó a la puerta con tres golpes firmes y decididos.

Unos pasos apresurados resonaron en el interior. La puerta se abrió apenas unos centímetros, mantenida por una cadena de seguridad. Desde el intersticio, una chica de cabello castaño despeinado y ojeras profundas los miró con recelo. Detrás de ella, un joven de hombros anchos y mirada alerta se interpuso a su lado, manteniendo una postura protectora.

—¿Quiénes son y qué...? —comenzó a decir el chico, pero la frase se le congeló en la garganta.

La chica ahogó un grito, llevándose ambas manos a la boca. La cadena de la puerta tintineó suavemente mientras ella daba un paso atrás, con los ojos desorbitados por el impacto.

—No... no es posible —susurró ella, palideciendo—. Eternal, dime que estoy alucinando. Dime que no dormí lo suficiente y que estoy viendo cosas.

El chico, @Eternal8124, parpadeó en absoluto shock, mirando fijamente el rostro de Ilya Rozanov y luego la estructura impecable de Shane Hollander.

—Javii... —murmuró él, tragando saliva con dificultad—. O los dos nos volvimos locos al mismo tiempo, o los protagonistas de tu historia están parados en el porche de tu casa.

—Quita el seguro —dijo Shane con voz baja, firme pero empática—. Necesitamos hablar contigo, @Javiihudcon. Nuestra vida depende de ello.

La chica quitó la cadena con dedos temblorosos y abrió la puerta por completo. Ilya y Shane entraron a la calidez de la sala, donde el desorden revelaba semanas de aislamiento: tazas de café vacías acumuladas en las mesas auxiliares, libretas repletas de anotaciones tachadas y una laptop encendida sobre la mesa central cuya pantalla emitía un resplandor anaranjado intermitente.

—Por favor, siéntense —dijo @Eternal8124, apresurándose a despejar un par de sillas mientras se colocaba al lado de su mejor amiga, ofreciéndole un hombro firme en el que apoyarse.

Ilya permaneció de pie, apoyando las manos en el respaldo de un sillón.

—Leí la nota del capítulo final —soltó Ilya sin rodeos, con su acento ruso cortando el aire de la habitación—. Leí que me vas a matar el viernes a medianoche en un accidente de auto. Y créeme, por la forma en que mi cuerpo ha estado respondiendo a lo que escribes, sé que voy a morir de verdad si no cambias esas palabras.

La autora, @Javiihudcon, se dejó caer en el sofá, cubriéndose el rostro mientras los hombros le temblaban por un llanto contenido durante días. Su amigo la rodeó con un brazo, mirándolos a los dos con una mezcla de impotencia y gravedad.

—Ella no quería hacerlo —intervino @Eternal8124, mirando a Ilya a los ojos—. Les juro que ella jamás quiso escribir la muerte de nadie. Todo este desastre ha sido una pesadilla desde que la historia empezó a ganar lecturas.

—¿Entonces por qué lo escribiste? —preguntó Shane, acercándose un paso, cruzándose de brazos—. Si tienes el control del texto, ¿por qué forzar una tragedia?

La chica levantó la vista, revelando unos ojos rojos por las noches en blanco.

—¡Porque no tengo el control! —exclamó con la voz quebrada por la frustración—. La gente cree que escribir en una plataforma es libre, pero no lo es. La entidad... @LaPoliciaWattpad... lleva meses acosándome. Empezó con cosas pequeñas: notificaciones silenciosas, censuras injustificadas en los capítulos, borradores que desaparecían de mi cuenta sin aviso alguno. Cada vez que intentaba escribir escenas donde ustedes dos simplemente eran felices o solucionaban sus problemas con madurez, el sistema las marcaba como "violación de lineamientos" y me bloqueaba la cuenta.

Shane e Ilya se miraron. La imagen de la masa de sombras y los sellos rojos de censura en la biblioteca cobraba un sentido dolorosamente humano.

—La entidad me dio un ultimatum la semana pasada —continuó la autora, apretando los puños sobre su regazo—. Me dijo que las historias con finales felices no generan suficiente engagement. Que el algoritmo exige conflicto violento, angst extremo y dolor para mantener a los usuarios comentando y compartiendo. Me amenazó directamente: si no publicaba la muerte de Ilya el viernes antes de la medianoche, borraría mi cuenta entera, cancelaría todos mis proyectos y me vetaría para siempre del servidor.

—Es una extorsión burocrática —dijo Shane, apretando la mandíbula—. Obligan a los creadores a destrozar sus propias historias para alimentar sus métricas.

—¡Y no solo es la entidad! —añadió @Eternal8124, tomando el teléfono de la mesa y mostrándoles la sección de comentarios de la aplicación—. Miren esto. Es una locura por ambos lados.

Ilya se inclinó para leer la pantalla. Los comentarios del fandom debajo del anuncio del capítulo final eran un campo de batalla tóxico:

@ReaderToxic_99: "Si matas a Ilya me voy a encargar de que no vuelvas a escribir en tu vida. Eres la peor autora de la plataforma."

@DramaQueen_Hockey: "Más te vale que la muerte sea sangrienta y que Shane sufra en cada párrafo, si no la historia no vale la pena."

@User_Shadowbanned: "Tragedia pura o no te leemos más. Queremos ver a Shane destruido."

—El fandom me ataca porque creen que soy una despiadada —susurró la autora, con una lágrima resbalándole por la mejilla—, mientras que la entidad me acorrala en la sombra para que cumpla con la cuota de dolor. Estoy atrapada entre una plataforma que censura y manipula, y un público que exige crueldad para entretenerse. Me siento enferma. No quería matar a Ilya... de verdad que no quería.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.