Las Cuatro de la Madrugada

Capítulo IV

El disparador rojo bajó con un chasquido definitivo.

Por un milisegundo, el tiempo pareció detenerse en la trastienda de Nuts and Bolts. El sensor sonar dorado no emitió su silbido ultrasónico habitual; en su lugar, dejó escapar un chillido agudo y sordo que hizo vibrar los dientes de Scott. De la lente de cristal no brotó el relámpago blanco del flash, sino una pulsación de luz roja, densa y viscosa, que inundó cada rincón de la habitación con un matiz de sangre fresca.

El motor de arrastre interno de la Polaroid Sun 660 comenzó a girar, pero su zumbido mecánico pronto se convirtió en un gemido gutural de engranajes metálicos triturándose entre sí.

De la ranura inferior de la cámara no emergió el cuadrado firme de papel fotográfico. Lo que asomó por la rendija fue una masa negra, elástica y brillante, que comenzó a inflarse a una velocidad aterradora. La película no se extendía; se deformaba grotescamente, estirándose hacia afuera como una burbuja de chicle podrido que aumentaba de tamaño a cada segundo. Dentro de esa membrana química transparente y gelatinosa, la figura del monstruo ya no era una imagen plana: se agitaba, convulsionaba y presionaba contra las paredes de la película con un volumen tridimensional.

—¡Se está saliendo! —chilló Kip, retrocediendo a tropezones hasta chocar de espaldas contra un estante de relojes.

Chuck no soltó la cámara. Con los ojos desorbitados por el delirio y la boca abierta en un grito silencioso de veneración, el anciano abrazó la carcasa caliente del aparato contra su pecho mientras la burbuja de masa negra e hinchada alcanzaba el tamaño de un torso humano.

—¡Es hermosa! —alcanzó a aullar Chuck con la voz rasgada por la locura—. ¡Está aquí!

La membrana no resistió más. Con un estallido sordo y un chasquido húmedo que resonó como una tripa reventando, la película instantánea se rasgó de arriba a abajo. Un chorro de líquido purulento y espeso saltó por los aires, rociando las paredes, el suelo cubierto de fotos y la cara del viejo.

Y de la hendidura nació la criatura.

No emergió despacio. Cayó sobre la madera del piso con el impacto brutal de una mole de carne viva de varios cientos de kilos. El suelo de la trastienda cedió con un crujido seco bajo el peso de la abominación. Su piel, de un negro absoluto y desprovista de todo pelaje, goteaba la misma mucosidad transparente que cubría la acera de las fotografías. Las venas rojas que surcaban su lomo y sus extremidades brotaban a la superficie como gruesas mangueras pulsátiles, bombeando un flujo espeso que encendía la piel con un brillo febril.

El impacto de la liberación generó una onda de presión brutal que hizo saltar por los aires el chasis de la Polaroid Sun 660. La cámara de plástico negro explotó en miles de esquirlas incandescente. Un fragmento de plástico afilado, de apenas cinco centímetros de largo y con el borde dentado por la fractura, salió disparado a la velocidad de una bala.

El proyectil cortó el aire y se incrustó directamente en el lateral del cuello de Chuck.

El anciano dejó escapar un gorgoteo ahogado. Sus ojos gigantescos tras los cristales gruesos de las gafas se abrieron al límite de sus órbitas. Se llevó ambas manos a la garganta, pero sus dedos solo lograron presionar la cortadura profunda que abría la yugular de lado a lado. Un chorro denso y escarlata brotó entre sus nudillos, tiñendo el frontal de su camiseta de tirantes. Chuck dio dos pasos tambaleantes hacia atrás, tropezó con su propio taburete y cayó de espaldas contra el suelo, convulsionando en medio del charco de sus propias fotografías instantáneas hasta quedar completamente inmóvil, con la mirada perdida clavada en el techo de la tienda.

Scott se quedó petrificado, sintiendo cómo el horror le paralizaba los músculos de las piernas. El olor a sangre fresca se mezcló al instante con el hedor a azufre y carne estancada que emanaba de la bestia recién nacida.

En el centro de la trastienda, la abominación se erguía en toda su espantosa realidad.

Ya no estaba delimitada por los márgenes blancos de un papel. Era masiva, colosal, una aberración biomecánica que llenaba el espacio entre el piso y las vigas del techo. Sus patas delanteras, gruesas como pilares de concreto, se asentaban sobre la madera crujiente, dejando marcas de garras sangrientas en el suelo. La cabeza achatada y arrugada se sacudió con un movimiento espasmódico, y de su boca entreabierta cayó una gran cantidad de saliva negra sobre el cadáver de Chuck.

Entonces, la criatura giró el cuello.

Sus dos ojos rojos, refulgentes como brasas encendidas en la oscuridad de la tienda, se clavaron directamente en Scott y Kip.

La bestia abrió las fauces al máximo, revelando las filas de dientes amarillentos y desalineados que se incrustaban en las encías sangrantes. Soltó un rugido sordo y vibrante, un sonido que no parecía salir de cuerdas vocales, sino de una cavidad vacía y resonante que hizo temblar los cristales de las vitrinas de la tienda.

Scott intentó gritar, intentó dar un paso hacia atrás, pero la espalda le chocó contra el marco de la puerta de salida. Estaban atrapados. La criatura flexionó sus masivas extremidades traseras, acumulando tensión en los pliegues de su carne negra y húmeda, lista para abalanzarse sobre ellos en un único y mortífero salto.

La bestia se impulsó. La madera del piso crujió de forma violenta cuando la masa de carne negra despegó del suelo, hendiendo el aire en un salto mortífero. Las fauces abiertas, chorreantes de saliva espesa y erizadas de dientes amarillentos, se abalanzaron directamente hacia los rostros de los dos chicos. Scott instintivamente levantó los brazos para cubrirse la cara, apretando los ojos en espera del impacto fatal.

Pero Kip no se cubrió.

En el último milisegundo de vida que les quedaba, llevado por un puro instinto de supervivencia que escapaba a toda lógica, Kip dio un paso al frente. Agarró el cuerpo metálico de su cámara compacta de 35 milímetros, la alzó con ambas manos, encuadró el abismo rojo de la garganta del monstruo en pleno vuelo y presipitó el dedo contra el disparador manual.




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