Las guerreras de whisperwood

Parte 2: Camila Sánchez Capitulo 11: Un sacrifio por el bien de los demas

La tela tenía suave aroma de un color verde, y había una acogedora serenidad. Camila estaba sentada al lado de la lápida de su madre. Tegía un abrigo para venderlo.

El relog de bolsillo sono. Ya hera hora de volver.

Camila dejó una flor sobre la tumba ,y con rapidez, regresó a la casa.

—¡Y si mi papá se entera que salí sin avisar! —dijo Camila, acelerando el paso.

Su padre solía ser muy estricto con ella. Era su única hija mujer y desde que su madre ya no estaba, las prohibiciones se habían convertido en rutinas.

Solo llegó y su cuñada Rocío la llevó a bañarse.

Camila se bañaba sin entender por qué, pero no le importaba.

—Gerardo, amor, ven y ayúdame con estos sacos del almacén —gritó Rocío.

Rocío le dijo a Camila que se pusiera su mejor vestido y que se maquillara.

Camila obedeció, y Rocío, su esposo Gerardo y Carlos dejaron toda la casa impecable.

Rocío tenía café, té, comida y postres preparados.

—¿A quién trae mi papá a casa? —preguntó Camila.

Ya lo había deducido. Era obvio que venía visita, si no ¿por qué tanto escándalo limpiando la casa y queriendo estar presentables?

—No lo sabemos, solo dijo que venía alguien importante —respondió Gerardo.

Dos horas después, el señor Andrés llegó a la casa. Venía con un hombre de unos cincuenta años y una mujer como de setenta.

Todos se sentaron en la sala. Rocío les llevó café. Camila estaba en su habitación.

—Este es mi hijo Gerardo, el mayor, y su esposa Rocío. Y este es Carlos, mi hijo medio —dijo el señor Andrés.

—Un gusto. Mi nombre es Roberto y esta es mi madre, Andrea —dijo la visita.

Después de charlar un rato, Roberto dijo:

—Y la chica, ya quiero verla.

—¿A quién se refiere, señor? —preguntó Gerardo.

—Se refiere a tu hermana, hijo —contestó el señor Andrés—. Yo le debo mucho dinero a Roberto, y a cambio le daré a tu hermana. Él me dará una propiedad allá en el pueblo y más dinero —terminó diciendo, con una sonrisa perversa.

Para Andrés eso no tenía discusión. Camila era su única hija mujer y de algo debía servir, no solo para comer, como solía plantearse.

—Eso es venderla papá, como le haras eso. —se excusó Gerardo.

No podía creer, ni siquiera imaginar, la clase de vida que tendría su hermana menor. Su pequeña hermana casada con un hombre mayor y sin consentimiento alguno.

—Hay estará bien, Roberto tiene dinero —dijo el señor Andrés.

—Es una gran idea —comentó Carlos, con un brindis al límite.

Carlos solía hacer y obedecer ciegamente al señor Andrés. No pensaba en Camila ni en nada, solo en él y en el dinero que recibirían. Era una buena oferta que no podía rechazar por más hermana que fuera Camila.

—¿Y no le disgustó a Camila, papá? —preguntó Gerardo.

—No, para qué, no hace falta su opinión. No importa —dijo el señor Andrés.

La verdad es que Camila no sabía nada. Su padre ni se molestó en comentárselo. Era un trato, una alianza, una moneda de cambio y listo. Para él, Camila no podría estar más agradecida.

Rocío dile a Camila que nos traiga té.

—Ahora pedirán su mano —ordenó Andrés.

Rocío escuchó esas palabras frías y llenas de avaricia. Se congeló por una décima de segundo, pero obedeció. Él era su suegro y ella no tenía voz para Andrés en esa casa.

—Rocío, fue por Camila. Le entregó una bandeja llena de té y le dijo que la sirviera.

Camila terminó de entregar el té. Roberto la miraba con unos ojos perversos.

Algo que sin duda la incomodó de inmediato. Quiso perderse de ahí, pero su padre le indicó que se sentara.

Andrea se levantó y le dijo:

—Ven aquí.

Camila se acercó, extrañada.

Andrea le dio vueltas la miro, la observo y dijó: es perfecta.

Camila se sentó en el sofá, al lado de su hermano mayor.

No conocía a las visitas y mucho menos por qué su padre la quería presente en la conversación.

—Yo, Andrea Torres, pido la mano de tu hija, Camila Sánchez, para mí hijo —dijo la anciana.

Camila se congeló mirando a la señora con total fascinación. Estaban pidiendo su mano en matrimonio. Ella no tenía novio y no se sentía lista para un matrimonio. El pánico la inundó cuando se dio cuenta de que era para el señor.

—La estás pidiendo, mi mano —se atrevió Camila.

—Yo, Andrés Sánchez, te apruebo la petición para que mi hija sea la esposa de tu hijo —dijo.

Quiso interrumpir, articular palabra, pero fue imposible. Su padre había aceptado sin pensarlo, había dado el sí. Ni siquiera la tomaron en cuenta. Su pulso se aceleró, quiso gritar y derrumbar todo a su alcance, pero estaba perdida en un trance de emociones.

—¿Quieres decir concubina? —dijo Roberto.

—¿Cómo, tomarás a mi hija como tu concubina? —preguntó Andrés.

—Si, hay algún problema... —respondió Roberto.

—¡Sí lo hay! Y uno muy grande. ¡Yo no me casaré con usted, papá, dígale algo! —gritó Camila.

—Hija, le debo dinero y no puedo pagar. Tú solo obedece —dijo Andrés.

—¡Papá, me estás vendiendo! ¡Yo no lo quiero! —gritó Camila entre lágrimas.

—No te pregunté si lo quieres o no. Es un sacrificio por el bien de todos —dijo Andrés.

—Papá, trabajaré para pagar las deudas —suplicó Camila.

—Yo también —dijo Gerardo.

—¡Basta ya, esto está hecho! Roberto puede venir mañana por ella —dijo Andrés.

no podía creer que su propio padre la hubiera vendido por deudas. Ella hubiera trabajado duro para pagar, pero su padre no se detuvo a escuchar, solo accedió.

Roberto y su madre se fueron.

Andrés abofeteó a Camila por la vergüenza que pasó y la encerró en su cuarto.

Camila lloraba, lloraba y lloraba. No quería casarse con Roberto. Ella no lo amaba.

—Mamá, ojalá estuvieras aquí —dijo entre lágrimas.

꧁🖤🌙꧂

Nota: Hola! Espero les este gustando💕

seguro se preguntan por Emilia, pero cada parte hablara de una chica nueva y al final las historias se uniran.🌸




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