La almohada estaba mojada. Camila había estado llorando toda la noche.
Tan pronto como despertó, empacó su mochila con ropa y sus ahorros.
Con gran sigilo y sin hacer ruido, escapó por la ventana de su cuarto.
Andrés, al escuchar el ruido, se levantó descalzo, fue hasta la puerta y la abrió.
*Camila* grito, al no allarla desperto a
sus hijos para ir a buscarla.
Ellos se prepararon y decidieron seguirla.
Como el pueblo de Versalles era grande, se disparsieron .
Camila corría con todas sus fuerzas.
Asia el viejo molino de viento, pero de lejos.
Vio a su hermano Carlos.
Camila, vuelve aqui —grito Carlos ,mientras la perseguia.
Camila lloraba ,al pasar por el puente.
Salto al río y se dejó llevar por la corriente hasta una cabaña vieja, a orillas de un prado hermoso.
La cabaña estaba deshabitada.
Camila se cambió la ropa mojada, limpió la cabaña, encendió la chimenea y se recostó cerca del fuego.
Luego salió a explorar los alrededores y, por suerte, encontró bananos para comer.
Después de un largo rato, Andrés y sus hijos se reencontraron.
—¿Alguien la vio? —preguntó Andrés.
—Yo, papá, pero saltó al río.
El agua la arrastró. No sé si sigue con vida —dijo Carlos.
—Idiota la dejaste escapar. Recuerda que
Roberto vendrá por ella mañana . Tendre que tepirle dos días, nada más —dijo Andrés.
Cansados y angustiados, los tres volvieron, esa tarde fría.
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