Camila estaba en el hospital de Versalles. Los médicos dijeron que había sufrido golpes en el cerebro y que su estado era inestable.
El hombre que la atropelló se llamaba Elías. Asustado, la llevó al hospital.
-Ojalá mejore -decía Elías, esperando en la sala.
Mientras observaban a Camila, algo comenzó a pitar.
-¡Doctor, enfermera! ¿Qué sucede? ¡Alguien, ayúdeme! -gritaba Elías, corriendo como loco por el pasillo.
La enfermera entró y luego gritó:
-¡Doctor, perdemos a la paciente!
El doctor llegó de inmediato junto a otros enfermeros.
-¿Qué pasa? ¿Cómo que la estamos perdiendo? -preguntó Elías, intentando entrar.
Los enfermeros no lo dejaron pasar.
Elías se agarraba la cabeza, observando todo desde la ventana.
El enfermero calentaba las plachas.
-Uno, dos, tres -decía el doctor.
Camila no reaccionaba.
-Uno, dos... ¡bip, bip, bip!
El doctor suspiró. El pulso había vuelto.
-La paciente aún está delicada, será mejor que descanse -le dijo el doctor a Elías.
Un policía llegó al pasillo donde estaba Elías.
-¿Usted es el del caso? -preguntó.
-Sí, yo soy -respondió Elías.
-¿Cómo sucedió todo?
-Cruzaba la calle corriendo. Yo no iba rápido, pero no la vi y la atropellé por accidente.
El policía anotaba todo palabra por palabra.
-¿No vio si alguien la seguía o si iba sola?
-No... no me fijé -respondió Elías.
-¿Y qué dice el médico?
-Tuvo golpes en el cerebro. La traje a tiempo. Casi muere hace unos minutos. Está delicada, tiene que descansar -dijo Elías, preocupado.
-¿Cuántos años tienes?
-Diecisiete, señor.
-Como fue un accidente, si muere, serán dos años de prisión. Y si le dan de alta, te harás cargo de medicinas, alimentos y todo lo que necesite hasta que se recupere -dijo el policía antes de marcharse.
Elías sintió culpa por lo sucedido. Miró a Camila dormida, deseando que se mejorara.
-Es linda... me pregunto cuál será su nombre -pensó.
Elías se durmió en la silla.
Luego despertó, fue por un café y al volver se quedo de pie para pensar.
Mientras estaba frustrado, vio que la chica movió un dedo.
Se levantó, entró a la habitación y se sentó a su lado.
Camila abrió los ojos y, al ver a Elías, gritó mientras se sentaba de un tirón.
-¡Ahh!
-Calma, calma -dijo Elías.
-¿Quién eres tú? -preguntó Camila.
-Te atropellé por accidente. Mi nombre es Elías Trochez. ¿Y tú cómo te llamas?
-Camila Sánchez -dijo ella, calmándose un poco.
No recordaba mucho, solo un dolor que le había causado el atropello. Agradecía al destino haber escapado de ese edificio.
-Si necesitas algo, solo dímelo -respondió Elías.
-Solo agua -pidió Camila.
Elías salió y le trajo un vaso de agua fría.
Camila la bebió y luego se recostó para dormir.
Necesitaba ordenar sus ideas, planear qué haría después y luchar por irse cuanto antes mejor.
-De aquí tiene que surgir algo... -dijo Elías, admirando la belleza de Camila.
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