18
Camila comió lo que le dieron y se durmió, pues tenía un plan de escape.
Alfonso se fue a dormir temprano. Mañana era el día de la subasta.
Felipe, en cambio, no podía estar tranquilo; tenía la sensación de que algo no andaba bien.
—¿Y si esta niña escapa? —se dijo.
Con dudas, tomó tablas, luego se fue al baño con mucho cuidado de no hacer ruido. Clavó tablas por el conducto de ventilación.
—Si de casualidad escapa por la puerta, hay muchas habitaciones, pasillos y escaleras... Pero estamos en el tercer piso de este edificio —se dijo Felipe.
Camila despertó. Alfonso y Felipe dormían, cada uno en su colchoneta.
Camila rasgó las sogas con la cuchilla , se las cortó por completo y se recogió el cabello en una coleta.
Entró con cuidado al baño.
—Malditos perros, cerraron la salida... No me queda mucho tiempo. Saldré por la puerta —se dijo, saliendo del baño.
Camila abrió la puerta, pero se quedó boquiabierta.
Había un pasillo enorme y muchos cuartos al lado.
Camila no perdió tiempo y corrió, y corrió.
Sabía que había más cuartos. Continuó por el pasillo y se encontró con unas viejas escaleras, pero era peligroso bajar por ahí.
Camila no lo pensó dos veces y bajó por ahí.
Mientras bajaba, uno de los escalones se rompió y Camila cayó al suelo. Por suerte, esquivó sus pies y el cemento no la alcanzó.
Camila se asomó por una ventana.
—¡Diablos! Aún tengo que bajar las otras escaleras —se dijo mientras salía corriendo.
Felipe despertó, fue a la cocina por agua y encontró la silla vacía.
Despertó a Alfonso y le dijo:
—¡Se escapó esa maldita zorra! Se fue por aquí. Yo bajaré a la planta de abajo.
Alfonso se fue, y Felipe fue a la cocina, quitó la alfombra y usó una cuerda abajo de las tablas.
Bajó al pasillo de abajo, justo por donde había pasado Camila.
Camila escuchó retumbar los pasos de Felipe a lo lejos y corrió más fuerte.
No podia detenerse, aserlo significaba la muerte.
Camila encontró las escaleras, bajó rápido y salió corriendo hacia la salida.
Felipe iba casi detrás de ella.
Camila corría por el callejón con todas sus fuerzas. Felipe casi la alcanzaba.
—¡Vuelve aquí, perra! —gritó Felipe.
Camila cruzaba la calle cuando un carruaje la golpeó brutalmente.
Camila rodó por el frente del carruaje y se desplomó en la carretera.
Felipe no se atrevió a acercarse, así que huyó.
Un hombre bajó del carruaje, tomó a Camila en brazos, la metió al carruaje y la llevó al hospital.
Echo un manojo de nervios