Un pequeño ruido producido por las zapatillas de Valeria, mientras ella bailaba, apenas dejaba oír unos pequeños saltos. Mientras se movía, sus manos danzaban suavemente.
Al terminar, el público aplaudió. Quedaron fascinados por su baile de ballet.
Valeria bajó del escenario y una joven dijo por el micrófono :
-A continuación, recibiremos a Sofía Maldonado con una canción, acompañada de guitarra.
-¡Ánimo, hija! -le dijo su madre, Patricia.
Sofía subió nerviosa al escenario, colocó una silla, se sentó y empezó a cantar.
Su voz suave y melodiosa era perfecta con esa canción, acompañada por las suaves notas musicales de la guitarra.
El público no pudo evitar emocionarse; se quedó en silencio, y contempló el momento con atención.
Valeria, de pie en la parte de atrás, la miraba con odio y envidia.
Sofía terminó la canción, miró al público y sonrió.
A pesar de ser un manojo de nervios, había logrado terminar la canción contra todo pronóstico y al hacerlo sintió que se liberaba de una gran carga.
El público aplaudió con todas sus fuerzas; gritaban y silbaban entusiasmados.
Sofía bajó del escenario, al lado de sus padres.
-Llamaremos a los tres primeros lugares -dijo la joven del micrófono.
En tercer lugar tenemos a Jesica Noriego con su increíble cuadro de un paisaje de fantasía.
El público aplaudió. Jesica subió con emoción.
En segundo lugar se encuentra Valeria Díaz con su baile de ballet.
-Que no lo gane -gruñó Valeria incómoda mientras subía al escenario-.
Y en primer lugar está... Sofía Maldonado con una canción -dijo la joven con entusiasmo-.
Sofía subió muy alegre.
El primer lugar obtuvo quinientos francos, una canasta básica y un violín.
El segundo lugar obtuvo trescientos francos y una canasta básica.
Y el tercer lugar obtuvo la canasta básica.
Las chicas bajaron.
-Mi nombre es Cristina y soy la organizadora de este concurso de talentos -dijo la joven.
Sofía se abrazó con su amiga Jesica.
-Sabía que lo lograrías -dijo Jesica.
-Y yo también sabía que lograrías un lugar -dijo Sofía.
-Tu canción fue un asco, no sé por qué ganaste -dijo Valeria cruzando los brazos.
-Al menos yo sí gané más dinero-dijo Sofia mientras se iba.
Sofía era de piel blanca, su cabello castaño y ojos café, delgada y alta. Usaba pantalones rasgados y una sudadera.
-Papá, ¿puedo ir a casa de Jesica? -preguntó Sofía.
-No lo sé -respondió su padre.
-Santiago, deja que vaya -dijo su madre.
-Está bien, pero no llegues tarde -dijo Santiago.
Sofía salió emocionada a casa de Jesica.
Jesica organizó una pijamada en su cuarto. Llevó bocadillos dulces y más. jugaron juegos, conversaron, cantaron, bailaron y leyeron, entre otras cosas.
A Sofía se le hizo tarde, pero su casa estaba en la otra cuadra.
-Por suerte, el pueblo de Fontainebleau es pequeño -dijo Sofía al llegar.
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Sofía despertó, se estiró y luego se cambió el pijama. Corrió la cortina y miró a través de la ventana.
La casa era de dos pisos y desde allí se contemplaba una excelente vista.
Se veía el jardín frontal, adornado con un hermoso césped, árboles frutales, flores de colores y una pequeña fuente de color gris.
Además del jardín, se podía ver la calle principal, la escuela, el parque, la enfermería, el cementerio, viviendas y tiendas de comida y ropa.
-¡Sofía, el desayuno está listo! -gritó Patricia, acomodando los cubiertos en el comedor.
Sofía bajó con felicidad y se sentó a la mesa.
Patricia era maestra y Santiago, doctor.
Santiago iría a la enfermería después del desayuno.
Como era un mes especial, no había clases, por lo tanto, Patricia y Sofía estarían en casa.
Santiago desayunó, tomó su maletín, se despidió de su esposa y se fue al trabajo.
-Mamá, ¿puedo salir hoy? -preguntó Sofía.
-¿Adónde irás? -dijo Patricia.
-Iré a dar unas vueltas en mi bici por el campo -respondió Sofía.
-Bueno. Ve después del desayuno -contestó su madre.
El plan perfecto para relajarse: Sofía amaba la naturaleza, le atraía todo lo relacionado con ella.
Sofía desayunó.
Preparó su mochila con sándwiches, un libro y algo de dinero.
Salió en su bicicleta por la calle principal y pasó por la panadería.
-¡Buen día, don Cresencio! -dijo al entrar.
-Buenos días -respondió el señor con una sonrisa.
Sofía compró algo de pan y una botella de agua, y luego se marchó.
Iba en su bicicleta mientras cantaba y saludaba a todos en el pueblo.
Al final de las últimas casas, se adentró en un campo de cultivo de tomates, arroz, maíz, frijoles, sandías y piñas.
Se sentó bajo la sombra de un árbol a admirar el paisaje.
-Esa ciudad nunca se comparará con el campo -se dijo a sí misma.
Al poco rato, ya eran las cuatro de la tarde.
Sofía montó su bicicleta nuevamente. Mientras regresaba, el sol suavizaba sus rayos sobre su rostro.
Disfrutó de un hermoso atardecer mientras escuchaba el cantar de las aves.
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