Un chillido ensordecedor vino de la sala. Sofía se acercó lentamente. Había un hombre vestido de negro que estaba sobre su madre.
Le retiró la daga, corrió hacia ella y...
Sangre, mucha sangre salía de la herida.
Sofía tiraba, sangre por la boca.
Asustada, se sentó de golpe en la cama. Estaba empapada de sudor.
Una terrible pesadilla la acechaba: sus padres habían sido asesinados por un hombre desconocido que podría ser cualquiera.
Dilsia, sentada en la esquina de su cama, fumaba un cigarrillo.
-¿No está prohibido eso? -preguntó Sofía, acomodándose el cabello.
-Sí, pero tengo contactos -respondió Dilsia con una sonrisa.
Un policía llegó a la celda.
-Hora del ejercicio -les dijo.
Las demás despertaron. Todas salieron ordenadamente al patio.
Sofía vio las máquinas. Ella nunca había usado una, solo la de correr.
Sofía empezó a correr. Los tubos daban vueltas, y ella era cada vez m ás rápida.
-Deja eso, no querrás meterte en problemas -le dijo Gloria.
-¿Problemas con quién? -preguntó Sofía sin desconcentrarse.
-Conmigo -dijo una mujer que llegó con dos más.
Sofía paró, se bajó de la máquina y le dijo:
-Que las máquinas no son de uso para todas.
-No me hables así, zorra. Esta es mi máquina -dijo la mujer.
Sofía se llenó de rabia al instante. ¿Quién era esta mujer para hablarle así? Tenía más que claro que no debía meterse en problemas, aun así no permitiría que le hablara de tal manera.
-Le damos una lección, Aranis -dijo una de las que venía con ella.
-No, déjala -contestó Aranis, interponiendo su mano.
-Pero sin te vuelvo a ver por aquí, desearás no haber nacido -dijo Aranis.
-¿Y dónde me quieres ver, estúpida? -contestó Sofía.
Aranis, sin decir más, la abofeteó.
Sofía no dudó en devolvérsela.
Las otras dos amigas de Aranis intentaron meterse, pero Aranis las detuvo.
-Déjenmela a mí -les dijo.
Aranis se acomodó la ropa y apretó sus puños.
"No quedaré como una cobarde huyendo. Solo esquiva sus ataques", pensó Sofía.
Sofía también se puso en guardia.
Aranis le tiró un golpe a la cara de Sofía. Con su poca experiencia, no lo pudo esquivar.
El golpe la hizo retroceder. Sofía sangraba por las narices.
Con una mano se tocó, miró la sangre y dijo:
-Con que así vamos...
Sofía daba vueltas en círculos, igual que Aranis.
En su niñez logró armar un revuelo con las niñas que le hacían bullying cuando ya no soportó, reunió valor para defenderse de ellas. Incluso una terminó con el brazo roto.
Aranis le lanzó una patada de modo que la voltease al lado.
Sofía se agachó y, con su puño, golpeó a Aranis en el estómago.
Un policía cercano llegó, las separó y las mandó a las celdas.
-Wow, estuviste genial -dijo Dilsa.
-Gracias -contestó Sofía.
Iván revisaba la bala en su oficina.
-Es un calibre .cuarenta. Solo hay en parís -se dijo.
En las grabaciones no se veía mucho, el hombre llevaba capucha.
Los guantes tenían sangre de los difuntos.
La nota de amenaza decía:
*Mi jefe te manda saludos Santiago, a ti y a tu familia*
Tampoco hubo resultados en la huella digital.
Iván fue a la prisión donde estaba Sofía.
Pero por sospechas, su jefe le pidió un día mientras revisaban las pruebas.
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