Sofía esperaba en la oficina de Iván, sentada en un sofá.
Iván entró con una taza de café en la mano.
-Aquí tienes -le dijo.
Sofía tomó la taza.
-¿Qué edad tienes? -preguntó Iván, cogiendo una libreta y un lápiz.
-Mañana cumplo diecisiete años -respondió Sofía, dando un sorbo al café, con la cara malhumorada.
El oficial no le había ayudado, desde el minuto uno la había acusado sin pruebas.
-Bien. Como eres menor de edad, te quedarás con un pariente. ¿Tienes a alguien? -preguntó Iván.
-Mi única pariente es mi tía Herlinda -dijo Sofía.
Herlinda, su tía paterna, vivía en el pueblo hace mucho. No es que fuera muy amable, pero siempre que Sofía la visitaba era de lo mejor.
-Bien, ¿y dónde vive? -preguntó Iván.
-aquí en el pueblo de Fontainebleau, al frente de la panadería -dijo Sofía.
Iván dejó que Sofía se marchara a la casa de su tía.
Sofía tocó el timbre.
Su tía abrió la puerta.
-¡Sofía, querida! Qué gusto que estés libre -dijo Herlinda, dándole un abrazo.
-Sí tía, por suerte ya salí -le respondió Sofía.
-Tu cuarto es el del pasillo, allá al fondo -dijo Herlinda, señalando la última habitación.
"No sabía que vendrías, tendrás que quedarte en el de huéspedes", dijo Herlinda.
Sofía sonrió y luego fue a la habitación.
-Solo esto faltaba -dijo Herlinda, cerrando la puerta con cuidado.
Sofía sacó su ropa de la maleta y la colocó en el viejo armario de madera.
Dejo su crema, peine, perfume entre otras cosas sobre la mesita, que tenía un espejo adornado de flores, lazos y mariposas.
La cama era pequeña pero cómoda, y en la esquina un estante de libros entre otras cosas.
-Saldré un momento -dijo Sofía al pasar por la cocina.
Su tía se encogió de hombros.
Cuando Sofía salió a la calle, Herlinda se disgustó y dijo:
-No te mantendré de gratis.
Sofía fue al cementerio. En el camino, corrió algunas lágrimas.
No había podido asistir al funeral y eso la tenía inquieta y triste desde noches anteriores.
Buscó entre las tumbas recientes hasta encontrar la de sus padres.
Dejó una rosa, y se sentó junto a la tumba de su madre.
Sofía comenzó a llorar.
-Perdón por no estar en su funeral... Pase lo que pase, siempre los llevaré conmigo. Seré fuerte y lucharé en esta vida para que puedan sentirse orgullosos de mí... Los amo.
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