Un Harris descansado y fingiendo no estar fisgoneando los recibió. Dejo una pila de archivos en la mesa.
—Reportes de personas desaparecidas. En su mayoría son esposas huyendo de un mal matrimonio o hombres con una gran deuda.
—No creo que nuestra víctima esté en alguno de estos reportes —se quitó el sombrero y el abrigo antes de ir a por su segundo café del día. No era lo mejor, pero después de la noche que había tenido nadie lo podía culpar.
—¿Intentas decir que pase medio día buscando esto para nada? Diablos, Mars. Si me sigues dando horas extras mi esposa va a dejarme o peor vendrá a por tu trasero y eso no te va a gustar.
Cyd se puso a revisar los reportes con interés. —Sería algo interesante de ver. ¿Qué significan las etiquetas de colores?
—Es el orden de prioridad. Rojo para las más urgentes.
—Interesante —dijo Cyd—. El burgués va en primer lugar, por supuesto, los hijos de militares no se escapan de casa de lo contrario ocuparían su lugar —luego en voz baja agregó—. Para eso tienen a toda una unidad dedicada a buscarlos y arrastrarlos a casa.
Leonard se acercó antes de que Harris lograra escuchar lo último, de momento y hasta que se aclarara el caso quería que la conexión de Cyd con la milicia fuera un secreto.
—¿En qué orden de prioridad están los que viven en los barrios bajos? —preguntó Leonard.
Harris se encogió de hombros. —Viven ahí por un motivo, no van a venir a la comisaría a denunciar la desaparición de su amigo delincuente. Mientras se mantengan detrás de la línea pueden hacer lo que quieran, nadie los quiere merodeando cerca de nuestros hogares.
Harris era un fumador habitual y en el bolsillo interno de su saco tenía una cajetilla. Leonard sacó uno y procedió a encenderlo, pronto la pequeña habitación se llenó de humo.
—Sucede que ahora vas a tener que relacionarte con esas personas —dijo imitando el tono que uso Harris para referirse a los residentes de los barrios bajos—. Nuestra víctima se ocultaba ahí, un soldado extraviado.
—¡Carajo! No juegues con eso, Mars. ¿Primero esos monstruos atacando un barco y ahora un desertor? Esto va más allá de nuestras manos.
Cyd se mantuvo en silencio.
—¿Seguro que no hay informes de residentes desaparecidos? Sabemos que Bates frecuentaba el barrio y que el soldado se escondía ahí. Me parece una enorme coincidencia.
—Marcel Bates frecuentaba hasta las casas de compañía. Ganaba su fortuna haciendo tratos con la basura de la capital. No es de extrañar que fuera a ese lugar —Harris busco el informe del barco—. ¿Por qué aún no has cerrado el caso? Las marionetas atacaron a la tripulación, nadie duda de ello. Deberíamos pedir apoyo a la milicia e ir a por ellas, encerrarlas o mejor incinerarlas y pedir que el Señor nos perdone por su creación.
Lejos de parecer molesto, Cyd no dio señas de que le interesara lo que decía Harris. Tarareaba en voz baja y tenía la mano izquierda en el aire, justo como hace unas horas. Tocando un instrumento que nadie más que él veía.
—No voy a cerrar el caso hasta que encontremos a la tripulación o sus cuerpos —dijo tajante.
Harris encendió su segundo cigarrillo. Fue el límite de Cyd, que se levantó y abrió la ventana de par en par pese al frío.
—Te estás hundiendo solo, Mars. No comprendo porque insistes en defenderlos.
—No estoy defendiendo a nadie ni a nada. Bates estaba buscando a una persona en ese barrio y hasta lo que entiendo era su principal motivación para volver. Un resucitador.
Su compañero soltó una carcajada, sin poder creer lo inocente que podía ser.
—¿Tienes algo que decir Harris? —El dolor de cabeza estaba de vuelta. Leonard se frotó las sienes para calmarlo.
—Nada —su tono fue irónico—. Busquemos a un ladrón de tumbas por toda la capital, apuesto a que debe estar haciendo mucho dinero. No, espera, ya nadie los necesita.
—Todo lo que sabemos de los negocios de Bates está en su libro contable. Es lo que no está escrito en lo que debemos enfocarnos. No dejan de mencionar los tratos sucios. ¿Qué específicamente? ¿Qué había en ese ataúd? Tal vez encontró a su resucitador y por eso el ataúd.
—¿Para qué carajos quería un muerto? ¡Era un mercante!
Cyd dejó caer una pila pesada de libros sobre la mesa, lo que puso fin a la discusión.
—La verdadera pregunta que deberían estar haciendo es: ¿qué relación tiene un comandante con un soldado del norte?
—Ninguna —contestó Harris con rapidez—. Dejaron el cuerpo en su casa para generar una falsa sospecha, es obvio. Y a todo esto, no eres un oficial. ¿Qué haces aquí?
—Soy un consultor externo.
—Vaya, no sabía que estaba en el presupuesto. ¿Pueden cambiarnos el café también? Porque este sabe a mierda.
—Suficiente —Leonard se pudo de pie.
No estaban llegando a nada, la postura de Harris era firme con respecto a los culpables de uno de los casos. Cyd ocultaba más de lo que decía. Todavía no podía descartar que las marionetas estuvieran implicadas. No podía confiar en nadie.