Cyd desapareció. Quizás estaba exagerando, después de la visita de Beatrice se encontraba demasiado inquieto que accedió a que fuera a su departamento. Lo que sea antes que tenerlo dando vueltas en su pequeña oficina. Con Harris devuelta el tiempo se le fue de las manos, revisaron todo de nuevo, por si algo se les había escapado. Junto con las habituales quejas salieron del trabajo después de su hora.
Cyd no estaba en el departamento, su bolso seguía en el mismo lugar, supuso que volvería y entonces podría interrogarlo. Leonard deambulo por el lugar, devolviendo cada objeto a su lugar. El frasco del café que estaba en una bandeja en la mesa, los utensilios de cocina que ahora estaban colgando y una caja metálica que contenía hierbas para el té. Una tetera de vidrio transparente junto a un par de tazas estaban guardadas donde iba el sartén. Consumía más café de lo que debería, pero su cocina guardaba té.
Las horas pasaron y él no regresó. Al acercarse a la ventana un hombre con un rastrojo de barba, de pelo largo y con círculos alrededor de sus ojos le devolvió la mirada. Leonard tomó un mechón, le llegaba al hombro, debería de cortarlo y también conseguir unas horas de sueño. En cambio, fue a buscar un cigarrillo mientras esperaba su regreso.
La respiración del soldado era tan fuerte que supo que estaba en su límite, a tan solo un disparo de salir huyendo. La explosión hizo retumbar el suelo, que sus oídos pitaran hasta dejarlo en silencio y lo mando sobre sus rodillas y manos. Quedó fuera de sí el tiempo suficiente como para perder de vista al soldado. El chico no debía de tener más de dieciocho años, fue obligado a unirse a las filas solo por su origen humilde. Todo lo que quedó fue el grito desgarrador que fue olvidado de inmediato y su pobre intento de detenerlo.
El vaso resbaló de su mano hasta caer al suelo y hacerse añicos, el líquido restante se derramó en el pantalón. Era difícil decir qué fue lo primero que lo despertó, el líquido o el ruido. El cenicero tenía lo restante de dos cigarrillos, pero la botella que tomó a mitad de la madrugada estaba por la mitad. Leonard se frotó el pecho con fuerza y luego de tres respiraciones se levantó.
Un nuevo día y seguía sin saber dónde estaba Cyd. En un barco, huyendo junto a sus creaciones y cantando una de esas canciones de amantes abandonados, tal vez.
La comisaría estaba más llena que de costumbre, hombres vestidos con sacos elegantes les reclamaban a los oficiales moviendo un pedazo de papel en el aire. Mujeres con semblante firme, cuyas manos se mantenían fuertemente entrelazadas para evitar tocar cualquier objeto. Escondido entre todas esas personas aguardaba un hombre mayor, sostenía con fuerza la correa del perro.
Donovan se abrió paso en cuanto lo vio, acaparando más espacio del necesario solo para cuidar que nadie pise al perro.
—Recordé algo de esa noche —fue lo primero que dijo.
Una vez rodeados por las cuatros paredes, alejados del ruido exterior, los dos se permitieron un tiempo.
—Si es así siempre no es de sorprender que tarden tanto en atender una llamada de auxilio. Spike comenzaba a sentirse mal, odia las muchedumbres.
—Concuerdo con Spike —dijo Leonard tomando asiento—. Bien, ¿qué fue lo que recordó?
Pero Donovan estaba viendo por la ventana interna, su atención de nuevo en las personas molestas.
—Solía pensar que mandaban recaderos hasta para hacer una denuncia, algo ridículo si lo piensa. Los tiempos avanzan con estos inventos del futuro, pero ellos se quedan un siglo atrás. Con sus tocados refinados y bastones con empuñaduras de oro. Bah, mi familia ha vivido en el mar desde generaciones, nos salvamos de esa ostentosidad innecesaria. Pescadores honrados.
—Me temo que no todos pueden presumir esa suerte. Continua con lo que empezaste, por favor.
—Mmm, no me agradan, son personas traicioneras —Spike levantó una pata para llamar la atención de su dueño—. Ya, ya. Spike fue el que recordó algo.
Pero el perro no dijo nada, se quedó sentado con la pata sobre la pierna de Donovan. Temió que quisiera que le preguntara siendo el único testigo. Dime, Spike, ¿viste a un hombre malo en el barco de Bates?
—No estaba seguro entonces, sabe como es el clima en esta ciudad, si no está lloviendo es la bruma la que nos envuelve. Resulta difícil asegurar si lo que se ve es real, por eso lo deje pasar hasta que se me olvido. El día que llegó el barco, cuando Spike se despertó, vimos un oso bajar de un salto.
Llamen a los periodistas, nos invaden lobos y osos, creemos que su objetivo es derrocar a nuestros pilares políticos actuales. Tenía que reunirse con Andy dentro de una hora, supuso que su dosis de cafeína podría esperar. Cuan equivocado estaba.
—No un oso de verdad —aclaro—, pero parecido. Era enorme como esos coches que están por la ciudad y se movía rápido pese a su tamaño. El viejo Spike no se asustó, claro que no, salió a dar la cara y esa cosa salió huyendo.
—¿Solo uno? Podría ser que fueran varias personas reunidas en un solo lugar y eso confundió a Spike. La misma tripulación, por ejemplo.
—No, estoy seguro. Eso no era humano, la forma en que se movió fue similar a cuando Spike ve un cobrador de apuestas.
Mirara por donde mirara el perro no era del tipo que iba a apostar a clubes ilegales.