
PARTE TRES ◊ LA DAMA
La Flor Eterna había llegado el domingo veintiocho, fue todo un proceso llevarla desde el aeropuerto de Monterrey a la Torre Flor, los nueve Guardianes participaron y fueron organizados por el señor Florian, el padre de Amelia. Quedaron en que trabajarían de guardia de la Flor durante su exhibición, de las ocho de la mañana a las diez de la noche en dos turnos por una pareja distinta cada día, sin contar claro con un turno nocturno realizado en cooperación de miembros del ejército mexicano y otros miembros de “bajo rango” de la Guardia de la Flor.
Para aparentar y tener excusa de estar fuera de casa, tenían de tapadera un trabajo de medio tiempo “cuidando” en la Torre Flor, aunque los Guardianes pueden estar con el traje activado cuidando la Flor, podían vestir uniforme, un traje de vestir e intercomunicadores, y cuidar la Flor con un paralizador eléctrico.
Durante cinco días los Guardianes que no estaban cuidando la Flor se dedicaban a entrenar con las chicas y el señor Florian, donde todos aprendieron de todo. El entrenamiento era en un almacén despejado y muy amplio cerca del Lago Luna, el “gimnasio” había sido comprado por el señor Florian.
Los entrenamientos y la paz que estaba en el aire traían muchas risas entre ellos, pero el viernes donde lo que parecía ir bien, se fue cuesta abajo…
Como era habitual los ocho Guardianes se reunían en la cafetería a comer durante el receso, era un momento de paz, aunque era viernes ya estaban comprometidos con la Flor en no tener salidas. Según el horario hecho por Florian, saliendo de la escuela le tocaba a Arturo y Daniel cuidar la Flor, y de las seis p.m. serían relevados por Andrés y Marco.
—Chicos —dijo una voz melodiosa que arruinó la comida para varios de ellos, era Lizbeth—, no sé si lo sepan, pero hoy tendré una fiesta en mi casa por mi cumpleaños y quería invitarlos a todos ustedes.
—Y… ¿A qué debemos tu cortesía? —preguntó Daniel sarcástico.
Lizbeth desvió un poco la mirada y siguió— Todos en la escuela van a estar ahí y no quiero que digan que los dejé fuera —siguió con su sonrisa—, Daniel, quiero que tomes esto como disculpa, quiero hacer las paces contigo, ¿Podrías perdonarme? —preguntó hasta moverse un poco de un lado a otro, Lizbeth en realidad era agradable, el problema es que enfoca todo su odio en aquellos que no le agradan y que son de poca o mala reputación. O eso quería pensar…
—Por supuesto —dijo también con su sonrisa cargada de verdad, Daniel perdonaba fácil ya que no le gustaba estar peleado con alguien. O a veces no tenía de otra en su opinión…
—Amelia, Verónica y Carolina ¿Van a ir? —preguntó con ambas manos juntas y una cara de preocupación algo exagerada.
—Tengo una apretada agenda, pero… cuenta con nosotras —dijo Amelia por las tres. Verónica había tratado de decir algo, pero de inmediato se calló con una mirada ligera de fastidio.
—Muchas gracias, chicas, las veré ahí —y Lizbeth se retiró muy feliz de ahí, tan pronto se alejó, las tres chicas chillaron de la emoción por lo bajo, unas más que otras.
—No puedo creerlo, la propia Lizbeth nos invitó a su fiesta, la chica más popular del área de humanidades —dijo Amelia tratando de contener su emoción, casi con lágrimas en los ojos— ¿Saben lo que significa, chicas? Cuantas conexiones y chicos lindos podremos conseguir ahí —y al terminar de decirlo soltaron otro chillido.
—Por ejemplo, Cristian del Quinto C —dijo Carolina—. O Eduardo del grupo D —aportó Verónica.
Arturo le susurró a Daniel— ¿No te pareció extraño que enfocara su invitación a ti y a ellas?
—Obvio que le interesa que vayan las chicas, son las más populares del área de Exactas —aclaró con obviedad en su tono, dándole la misma importancia que le daban las chicas a todo esto.
—¿Y que hay sobre ti? Estaba seguro de que después de la humillación en la biblioteca te mataría.
—He conocido a Lizbeth por tres años, aunque puede llegar a ser mala, es buena persona si sabes hablar con ella.
—No la perdonaste solo por quedar bien ¿Verdad?
—Solo quiero poder mirar hacia dónde está y que no me mire con sus ojos de diablo.
—Cambiando el tema ¿Recuerdas que hoy nos toca guardia?
—De eso no te preocupes.
Amelia llamó la atención de los chicos— ¿Quién ira a la fiesta?
—Guardia —respondió Andrés con la cara en la mesa—. Paso —dijo Abigail.
—Yo aún no lo sé, quisiera, pero si no van a ir los demás creo que no —dijo Elena.
—Yo iré —dijo Arturo casi de inmediato—, tan pronto termine el turno puedo ir.
—Yo los puedo llevar —dijo Daniel entrando a la conversación.
—Entonces creo que también iré —dijo Elena sonriéndole al par, Arturo no pudo evitar responder igual, la situación se volvía obvia ante los demás, había algo entre ellos… una bomba.
◊
Estaban los dos en su turno, Arturo y Daniel estaban vistiendo esos trajes de verde oscuro y sus insignias de la Flor que indicaban que trabajaban en la Torre Flor, estaban en la exhibición del tercer piso.