El olor estéril de hospital lo ahogaba, estaba ahí sentado en la sala de espera del hospital, estaban los demás Guardianes, también Florian, Don Andrés, además de Elsa y Marco Cruz, quienes eran los padres de Daniel. El silencio reinaba la sala, nadie hablaba y ni uno de ellos había pegado el ojo desde que llegaron, el sol ya había salido aquel sábado, pero Arturo no podía procesar como sucedieron las cosas, o al menos como las había contado Marco.
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Tan pronto notó que no estaba la Flor ni nadie más, bajó con los chicos inconscientes, de una ranura en la armadura de su pierna sacó en una bola de luz que se transformó en el teléfono que le había regalado Daniel, esa habilidad la habían aprendido de las chicas que conocían la técnica de como activarla. Marcó el número del teléfono de Florian con manos temblorosas.
El señor Florian y su esposa estaban en su sala viendo un programa en la televisión cuando sonó su teléfono y contestó de inmediato.
«¿Pasó algo, Marco?» —preguntó.
«Señor. Código negro. Se llevaron la Flor y explotaron el museo».
«Voy para allá» su seriedad solo ocultaba su increíble impresión ante tal hecho.
Igneo desesperado por sus amigos no tuvo remedio que cargar a ambos, sostuvo ambos cuerpos con sus hombros, y corrió lo más rápido que pudo hacia el hospital, pero cerca de llegar los bajó doblando la esquina y sacó de los domos de cristal las Piedras, tomó con su mano el domo e hizo fuerza para arrancarlo, cuando lo hizo el traje desapareció y dejó sus Piedras en su lugar, hizo lo mismo con el otro y desactivó la suya.
Corrió hacia el hospital y pidió ayuda desesperado para que los paramédicos le ayudaran con sus amigos que traía en brazos, le pidieron sus datos y le preguntaron qué había pasado, mintió que estaban en el museo cuando explotó, noticia que ya aparecía en las pantallas del hospital.
Con los teléfonos de ambos contactaron a sus respectivos padres, mientras Marco llamó a Arturo que aún estaba con las chicas en el auto de camino a casa de Elena, dieron la vuelta y todos juntos fueron al hospital. Llegaron los demás Guardianes al mismo tiempo que llegaba en su silla de ruedas, Don Andrés ayudado por Abigail, demasiado preocupados, debido a que el señor Andrés no podía saber nada tuvieron que deshacerse de él, aprovecharon que un doctor se acercó a él para firmar una autorización de operación. Marco les contó a todos lo que había pasado que no fue de mucha ayuda.
Esperaron solo unos minutos hasta que recibieron la llamada de Florian que estaba en el museo, o lo que quedaba de él, según el reporte la explosión había volado la pared de la mitad del piso tres y parte del dos. Marco le explicó lo que pudo, pero la información seguía en Andrés y Daniel de los que no sabían nada.
Esperaron varias horas, nadie sabía que hacer, llegó Florian a las dos de la mañana que había terminado de tratar las cosas en la Torre Flor. A las tres de la mañana salieron a hablar por Andrés que le habían tenido que arreglar parte de la pierna que estaba rota y una seria herida en la rodilla, ahora estaba anestesiado y en piso, de Daniel no se sabía nada aún, matando de los nervios a todos.
Fue cuando a eso de las cuatro de la mañana todos conocieron en persona a Elsa Cruz, madre de Daniel, que llegó más que nada enojada y alterada, Florian le explicó la situación ya que ella sí sabía de las Piedras, con ella ahí tuvo que firmar una autorización para operación que solo tensó más a todos. Y fue hasta las seis de la mañana que llegó Marco Cruz, el que había tomado un vuelo de emergencia desde España, llegaba hasta con maletas y pronto su esposa con Florian le explicaron todo.
Con su padre llegaron noticias de Daniel que estaba en piso y bien, solo tuvieron que arreglarle dos costillas rotas y el brazo izquierdo tenía una fractura, cabe recalcar que Marco fue regañado por un doctor por haber movido a los chicos que solo había empeorado las heridas.
Aquella noche fue la peor para muchos, estaba lleno miedo, tensión por aquellos amigos a los que querían.
Con el amanecer, llegó la luz, pero no los podía calentar siquiera.
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La luz lo cegó y el aire del hospital lo tensó, estaba despertando y estaba en un cuarto con al menos diez camas vacías a excepción de la contigua con Andrés, que también estaba despertando. Estaba usando esa típica bata de hospital, podía sentir las vendas de su pecho y un aparato que parecía una muñequera que protegía su antebrazo y el cuerpo de su mano, era una pieza negra que no le permitía moverlo, Andrés en cambio tenía una pieza similar, pero en su pierna izquierda y pie.
—¿Todo bien ustedes dos? —era el doctor que estaba entre ambas camas.
—¿Qué pasó? —preguntó Andrés.
—Tienen lesiones algo graves, pero han mostrado una recuperación muy buena, pronto tendrán visitas de sus familiares, debo decirles que hay bastante gente preocupada por ustedes.
—¿Mis padres están aquí? —preguntó Daniel
—Sí, están por pasar.
—Genial —dijo quejándose.
Entró por la puerta de la sala, usaba un traje formal de color azul, su cabello negro liso caía recto poco antes de llegar a sus hombros, sus zapatos de tacón completo de media altura hacían ruido en el azulejo del piso, su cara era casi una molestia eterna y ver a su hijo así no le hacía cambiar la cara, esa era Elsa Cruz.