Las Piedras del Poder

Capítulo 17 | Flores de culpa

Elena regaba las flores, con el atardecer prácticamente culminado era un buen momento, los pinos se movían al ritmo del viento y algunas damas de noche comenzaban a soltar sus olores más dulces. Desde el ataque del hospital solo habían pasado horas, aunque era una cifra baja de víctimas no dejaba de ser una cifra. Gracias a la labor de todos habían podido contener la situación mejor de lo esperado. Pero…

Recordó al Cristalizador, tan pronto abrió la puerta, Daniel fue golpeado por el hombre siendo noqueándolo al instante, ella sacó el escudo, pero él trajo con sus manos parte de la pared cercana entonces entendió que lo mejor que pudo hacer fue dar un mensaje a sus compañeros para ser noqueada y ser llevada por él hacia el techo.

Le parecía increíble que teniendo dos Guardianes a su disposición no les hubiera quitado las Piedras, tuvo más que suerte, eso fue un milagro, le daba temblores pensarlo. Aun así, tenía su explicación o al menos lo que ella teorizaba era que el Cristalizador quería usarlos para conseguir más Piedras, si los mataba se notaría ya que incluso inconscientes los trajes se conservaban. Y el Cristalizador estaba siendo cuidadoso en sus pasos, después de la nevada, mucho más cuidadoso con Arturo.

Había algo que no encajaba…

—Elena, ya está la cena —llamó su padre y con todo regado fue al comedor, aunque no le apetecía mucho.

Mientras comían estaban los tres en sus teléfonos con algunas ocasionales charlas. Cuando en el chat del grupo de la escuela se posteó una imagen de búsqueda de su compañera Lizbeth, su estómago se contrajo con fuerza.

“Es cierto, no saben que ella es la Dama” pensó, para ellos ella justo desapareció en la fiesta, justo después de lo que le hizo a Daniel, que al tener dinero podrían pensar que algo le hizo, más con la reciente herida en su brazo…

—Ay no…

—¿Pasa algo? —preguntó su papá Iván.

—No es… Una compañera desapareció.

—Es algo más ¿No es así? —preguntó el otro.

—Es… todo lo que está pasando, el robo de la Flor, dos compañeros lesionados y atacaron el hospital mientras estábamos ahí… De no ser por los Guardianes…

—Hija, no se pueden evitar que las cosas malas pasen y tampoco se solucionan preocupándose.

—Si no te sientes bien puedes no ir a la escuela el lunes.

—Tengo que ir… —“Tengo muchas razones para eso” se guardó en introspectiva.

◊

El lunes por la mañana las cosas estuvieron lo siguiente a empeorar, tan solo al llegar al salón de clase el panorama se dibujó ante ellos.

—¿Dónde está Lizbeth? —uno de los “amigos” de esa chica le dio un golpe a Daniel tan pronto este no respondió, cayó con fuerza al suelo resonando sus cosas con su aparato para la muñeca golpeando con fuerza. Él no se quejó, solo se quedó unos segundos en el suelo antes de levantarse apoyando con cuidado con aquel brazo.

—¿Eso fue todo? No sentí nada —el tipo le dio una patada a su pierna derecha que apenas y se flexionó.

—Ya déjalo ¿Quieres? —dijo Elena interponiéndose.

—No quiero tu ayuda —dijo levantándose, su cara estaba notablemente herida.

—Pero… ¿Yo que te hice?

—No tienes ni una idea, pero no te culpo —salió del lugar dejando con ganas al tipo de seguirle rompiendo la cara. Ella lo fue a seguir y lo detuvo tomándolo del suéter, la fuerza que llevaba dejó ver esa camisa negra con la mancha rosa de pintura y por debajo de la camisa más golpes.

—Daniel ¿Estás bloqueando tu regeneración?

—«¿Qué aprendes si te puedes curar mágicamente, donde está la marca que te lo recuerda?» Pero está bien… a este punto no siento nada. ¿Y qué sí me golpean? Al final… «Todo es mi culpa».

Comenzó a caminar— Espera —él se detuvo soltando un pesado suspiro, entonces llegó Arturo por el pasillo, se le quedó mirando, era enojo lo que veía, pero también era culpa, siguió su camino soltando el agarre de Elena.

—Entonces… sigue mal.

—Todos creen que tiene que ver con lo que le pasó a Lizbeth, y no podemos decir que ella es la Dama, no hay manera de probarlo sin arriesgar las identidades. Y él y su madre… ¿Como arreglamos todo?

—La verdad… No lo sé.

◊

En el almuerzo siete de los Guardianes se reunieron en una mesa apartada del resto, de Daniel no supieron desde que había dejado el salón con esos golpes— Hablé con mi padre, lo que podemos hacer ahora es intentar encontrar la Flor. Sabemos información que la Policía no.

—Su identidad —siguió Carolina.

—Sí, gracias por interrumpir, como sea. Elena, tú eres quien fuiste su amiga, cuéntanos todo de ella, hasta los secretos más sucios que tenga —dijo Amelia ansiosa de chisme y venganza.

—No creo que haya mucho, eso fue hace años. Ahora solo sé algunas cosas. Como donde vive y algunos lugares que frecuentaba.

—También supe algo… —aportó Daniel apareciendo de la nada, sacando un respingo a todos, menos a Verónica—. Esa casa donde se hizo la fiesta le pertenece a un tal Eugenio Salazar. Un hombre rico que vive cerca de mi casa. Hablé con él y cuando toqué el tema de Lizbeth sabía quién era y evitó el tema.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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