Las Piedras del Poder

Capítulo 20 | Flores en canicas

El domingo por la mañana el sol estaba radiante y en las noticias se había plagado de los eventos de la madrugada, una niebla había hecho caer a todos a dormir, se presumía sin pruebas que había sido provocada por la Dama y detenida por los Guardianes, y aunque era verdad, nadie lo vio, pues estaban ocupados espabilando cuando la batalla se dio y una nueva Guardiana apareció.

Estaban en la biblioteca los once Guardianes, sentados frente una mesa y habían comenzado conociendo un poco a Leonardo, después pasaron a conocer a María.

—¿De dónde vienes? —preguntó Elena.

—Vengo desde Guanajuato, visitaba a mi madre que está hospitalizada allá —incluso diciendo esas palabras la chica no menguaba su sonrisa, su madre debía ya estar bien como para que viniera—. Aunque en realidad vivo aquí desde que nací. Pero ese no es el tema, hablemos de la situación actual ¿Me pueden explicar un poco lo de la Dama?

—Tiene una Flor muy poderosa para ser una simple chica —dijo Leonardo—, pertenecemos a algo llamado la Guardia de la Flor, que busca cuidarla.

—En realidad, tú no perteneces —dijo Amelia—, para ser miembro debes pasar las pruebas.

—¿Incluso en un tiempo de crisis? —preguntó Abigail.

—Ya ha habido tiempos de crisis antes y el reclutamiento no se ha detenido, estoy segura de que mi padre no le importará que se las apliquemos.

—Este no es el momento —regañó Abigail—, nosotros las pasamos cuando el Cristalizador estaba fuera de combate, ahora está activo y tiene a la Flor con él.

—No, en realidad —dijo Andrés levantando el índice al aire—, tiene a la Dama, ella posee la Flor por él. No termino de entender como Lizbeth se emparentó con él. ¿Qué tal si ella lo curó cuando salió herido de la nevada? —sus palabras dejaron mudos a los oyentes, la teoría era buena, pero sin fundamentos no pasaba de ahí.

—En otro tema… —cambió Elena— ¿Qué más nos cuentas de ti, María?

—Eh… Ahora que estoy aquí retomaré mi carrera. Estudio Química en la universidad de aquí al lado. Así que me verás mucho por aquí —dijo dándole un pequeño golpe con el codo a Marco que no había cambiado su semblante serio.

—¿Cómo supiste de la debilidad de la Dama? —preguntó Arturo, ya que fue algo que les costó pensar a ellos, a pesar de estar frente a ella en bastantes ocasiones.

—Me he estado informando lo que puedo de batallas grabadas y aunque no conozco mucho de ella, noté que su estilo de batalla estaba limitado por esa cualidad, ¿Volar y no atacar? Es ilógico a menos que no puedas hacerlo —las expresiones de todos denotaban la pena de no haber pensado así.

◊

—No lo entiendo —dijo la Dama recargada en la espalda de una silla de madera blanca—, ¿Cómo puedo detenerlos si descubrieron ya mi debilidad? Debo tomar los pétalos negros.

—Ni lo pienses, tu alma no es tan fuerte para soportar demasiado. Morirás. Cuando yo tome la Flor estarán acabados.

—Sí —sostuvo la Dama con placer—, tomarás la Flor.

—Has sido el experimento más hermoso que he conocido, será poético ver cómo me das tu vida en la Flor que has probado que no puede matarme.

—Ya lo sé.

—Se me ocurrió algo —entre sus dedos creó un par de anillos el cual le puso uno a la Dama haciendo que se emocionara con gracia, su anillo era morado y tenía una esfera perfecta, parecida a un diamante—. Esto es el símbolo del amor que me tienes.

—Creo me acabas de dar la mejor idea, crea una esfera de cristal —con felicidad, accedió y siguió las ordenes de la Dama, creó una esfera de varios colores, era tan pequeña como una nuez, se la dio a ella que se los llevó a los dos en un instante.

En lo más alto del edificio La Costa aparecieron los dos y ahí la Dama tocó la esfera con su Flor iluminándola un poco hasta apagarla— Cada impacto, caída o golpe hará que se dupliquen las afectadas, el poder de las Piedras lo hace igual, pero para asegurarme, cada quince segundos todas se duplicarán —dijo con una sonrisa siniestra.

—¿Qué harán exactamente las esferas estas?

—Crearan formas de vida que obedecen mis órdenes. Tú, pequeña, quítales las Piedras a los Guardianes.

Lanzó la esfera que golpeó una parte de la azotea y se duplicó, siguieron las dos, cayeron e impactaron contra el hospital, duplicándose, después hasta el suelo dejando cuatro de estas en el pavimento intactas, un niño pasaba y las pateó sin querer haciendo que varias se duplicaran, poco a poco, rodaron las canicas unas a otras juntándose, creando una pequeña montaña de no más de veinte. Esos solo fueron los primeros quince segundos.

◊

Los chicos no habían terminado su plática aún porque habían desviado solo un poco el tema, el más evidente, el último portador, la pieza clave para vencer al Cristalizador.

—Siendo sincera —dijo María—, creo que lo encontraremos más rápido de lo que creemos.

—O tal vez nunca —dijo Carolina pesimista.

—No hay que perder la fe… —dijo Elena— aún.

—Espero que los ataques lo traigan pronto a nosotros o con el tiempo el Cristalizador y la Dama encontrarán una forma de poder contra nosotros —aportó Marco.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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