Las Piedras del Poder

Capítulo 22 | Los Pétalos Blancos

PARTE CUATRO ◊ EL LEGADO DEL CRISTALIZADOR

El aire era frío y hostil, era una presión diferente a cualquier cosa, no era solo tener un enemigo, sino era sentir a toda la ciudad en tu contra, mirar al cielo verlo tornado en colores oscuros y antinaturales, y esos Pétalos blancos cayendo de aquellas nubes de formas peculiares, eran de gran tamaño como para dar vuelta a una cabeza. Arturo lo veía desde ese lugar tan común para pelear que era el techo de la Torre Flor, estaba inmóvil o paralizado de miedo de aquel acontecimiento, pero las sensaciones se habían desvanecido, como haber perdido todo, sensibilidad, dolor, fuerza, solo estaba ahí sin poder moverse.

Solo podía ver esos Pétalos caer en toda la ciudad, a una velocidad lenta, pero que solo lo llenaba de miedo más y más, recuperó un poco de libertad, ahora podía mover su cabeza y cuello, podía ver mejor ese panorama hostil, se dio la vuelta y la vio.

El charco de sangre apenas llegaba a sus pies y ella estaba tirada bocabajo, su cabello estaba empapado en su propia sangre y extendía su mano como si hubiese tratado de tomar algo antes de morir, pudo ver mejor y algo se alzaba brillando en su espalda, era Catástrofe, la guadaña de Hakai clavada en la espalda de esa chica. Su parálisis aún no se iba, pero se acercaba más y más, hasta que notó quien era, era Elena.

—Se te acaba el tiempo, Arturo —le dijo una voz que jamás había escuchado. En un idioma al que no estaba muy acostumbrado.

Arturo pegó un saltó, estaba en su cama, aquel paraje catastrófico se había desvanecido, solo había sido otro mal sueño. Miró su entorno y estaba la ventana abierta, se asomó por ahí extrañado, jamás la abría.

Un destello corto deslumbró la calle y no dudó en invocar el traje para ir a investigar. Ya abajo, no se encontró con nada.

◊

Después de lo que ocurrió en la Torre Flor aquel viernes, nada fue lo mismo, el sábado que le continúo todos se habían quedado en casa de Leonardo para atender las heridas de todos. La ciudad entera vio los acontecimientos desde distintos ángulos, pero si algo fue claro era que la Dama estaba muerta, no solo eso, fue asesinada por el Cristalizador a ojos de todos y ahora estaba desaparecido con la Flor tan poderosa. Los héroes no se quedaron mucho tiempo desde que Arturo y Matsumoto despertaron, acordaron una junta al siguiente día para descansar y discutir mejor sus planes a futuro.

El día entero de sábado Arturo estuvo en casa, en realidad no estaba de humor para hablar o en pensar en otras cosas, y a duras penas pudo explicar a su tía que había hecho toda la noche, claro, mintiendo. A parte, con eso de que usó mucha energía apenas tenía ganas de respirar.

Solo revisó pocas veces su teléfono para ver la hora, hasta que notó que en un chat grupal de su escuela notificaron que encontraron a Lizbeth muerta en esa madrugada y que sería velada y enterrada el día siguiente, domingo. El jefe de grupo y amigo de Lizbeth se limitó de decir que se había descubierto que ella era la Dama, no era necesario, cualquiera que hubiese visto las noticias o periódicos en la nota roja habría visto que se reveló esa identidad y más en internet, con esa información, nadie le importó disculparse con Daniel por acusarlo de “desaparecerla”, se limitaron a vivir en un mundo feliz donde la hipocresía era como el aire que respiraban y ellos eran buenas personas.

Eso sin contar la falta de tacto a la familia de Lizbeth entre comentarios y publicaciones en los foros.

Esa tarde y noche completa, solo en casa, se la pasó mirando el canal de noticias, todo el día informando y en algunas partes repetían exactamente cada noticia palabra por palabra, pero era recurrente poner nuevos estados en la investigación del caso de la batalla pasada. Aunque en los noticiaros fue censurado decir el nombre de Lizbeth, en internet nadie pudo detenerlo por lo que ahora todo el mundo sabía que ella fue la Dama.

Llegada la noche, Arturo saludó a su tía al llegar y se fue a dormir. No sin antes saber a través de Amelia, que el señor Florian no había bajado su preocupación por la Flor, Arturo empatizó con la impotencia que sentía.

Despertó con ese mal sueño que no entendía, aun así, trataría de preguntar durante la junta ya que había sido demasiado extraño y perturbador.

El domingo por la mañana, Arturo llegó al entierro de su compañera, el festival de la insensibilidad había solo empeorado, empezó por limitar solo a la familia estar en el entierro, con ayuda del amigo de Lizbeth, los compañeros de clase pudieron entrar mientras toda clase de reporteros y prensa ansiaban entrevistar a la familia de la chica, en especial sus padres, que solo estaban en duelo e inconsolables.

Arturo se había encontrado con sus compañeros de escuela ahí y habían avistado a los demás en una cinta perimetral para dejar libre aquel entierro. Después de eso todos comenzaron a irse, los Guardianes ofrecieron sus condolencias a la familia y se fueron a la junta acordada. Claramente sin decirles que estuvieron en esa batalla.

◊

Después de lo que pasó había dejado la biblioteca desierta, la Sra. Claudia fue la única alma ese día, y los demás conversaron tranquilos ya que ella solía ocuparse de otros asuntos e ignoraba de lo que hablaban.

—Sin poder encontrar el Cristalizador ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Abigail preocupada.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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