Monterrey les pareció una ciudad bastante interesante, era tan grande y con sitios bastantes atractivos donde los estudiantes de cada grupo de quinto año visitaron ese día soleado, desde que llegaron a un hotel en la mañana estaban afuera donde habían ido de lugar en lugar en un camión rentado, fue después de la comida a eso de las cuatro de la tarde donde el primer día de excursión terminaba tras visitar varios museos.
Dejaron a los estudiantes el resto del día para lo que quisieran, con la regla de regresar al hotel para la cena a eso de las nueve de la noche.
Ninguno de los Guardianes podía estar demasiado tranquilo, porque sabían que el Cristalizador podía aparecer en cualquier momento, pero no en Monterrey sino en Nuevo San Bernardo.
El Cristalizador sabía que los Guardianes o la mayoría iban en un tren fuera de la ciudad por lo que, aunque volver había sido una de las opciones, al llamar a Leonardo este los calmó prometiendo informar sobre algún incidente y en el resto de día sus teléfonos permanecieron en silencio.
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Con el sol azotando la ciudad, la expedición por ese día había acabado con ellos, los alumnos habían regresado al hotel, pero varios de ellos sin decir que tenían planes para esa noche, pues la gran mayoría al ser mayor de edad se sabían cuidar.
En una de las habitaciones del hotel donde se hospedaban estaban Arturo, Daniel y Andrés que los primeros dos hablaban sobre sus planes para esa noche mientras que el último estaba recostado en una de las camas.
—¿Estás seguro de lo que vas a hacer? —preguntó Daniel sentado en su cama viendo su teléfono mientras Arturo estaba en esas situaciones atípicas donde no sabía que vestir.
—No lo sé, pero ¿Si no cuándo? —dijo dejando claro que estaba muy nervioso.
—Deberías comenzar sabiendo que si no tiene planes para hoy.
—Les pregunté a las chicas desde hace ayer y me dijeron que no tenía, eso aumenta mi probabilidad, pero no deja de existir la posibilidad de que diga que no.
—Algo tenías que copiar de Leonardo —dijo Daniel rodando los ojos—, deja eso de lado y concéntrate en cómo se lo dirás, porque te puedo asegurar que va a aceptar.
—¿Cómo lo sabes?
—Soy muy perceptivo —dijo guiñando un ojo mientras mandaba un mensaje desde detrás de Arturo.
En una habitación cercana a ellos estaban las chicas, todas a excepción de Elena, y Verónica que estaba recostada descansando, las demás estaban pendientes a los mensajes de Daniel que les informaba de la situación mientras ellas también.
Elena por su parte estaba sobre su cama mientras leía un libro, despreocupada de la situación, o eso parecía, no dejaba de mirar de reojo cómo las chicas la observaban y regresaban la mirada al teléfono de Amelia, lo cual le parecía sospechoso, aunque en su cabeza no podía concebir la idea del plan que tenían entre manos, por lo que se puso a investigar.
—¿Chicas, pasa algo?
—¿A qué te refieres, Elena? —preguntó Amelia con una sonrisa.
—Se notan extrañas, ¿Todo bien?
—Sí, sí, solo que hacemos planes para hoy —dijo Abigail.
—Creí que nos quedaríamos aquí esta noche.
—Sí- sí, pero queremos salir a pasear un poco antes de la cena —dijo Carolina—, deberías hacer lo mismo o, a menos que tengas algún plan.
—En realidad, no me importaría salir —las palabras de Elena hicieron soltar un grito de las chicas que hizo de inmediato a Amelia escribir en su teléfono, sacando de onda aún más a Elena.
Daniel, desde su habitación recibió una casi confirmación de parte de las chicas lo cual lo impulsó a ayudar a su mejor amigo. Arturo en su nube de preocupación estaba viendo entre sus pocas combinaciones de ropa, pues para un viaje de dos días, no tenía en precisión demasiada ropa donde escoger, incluso llegaba a pensar en lo mismo que traía puesto, idea que se descartaba ya que, si no había sudado con el calor del sol, lo hacía ahora que estaba poniéndose más nervioso.
—Arturo ¿ya te decidiste? El tiempo es oro.
—Aún no, quiero dar una buena impresión, que sea especial, pero no consigo nada.
—Déjame ayudarte —se levantó de su lugar, fue hacia donde Arturo tenía su ropa y al verla en su cara se dibujó sorpresa mezclada con un poco de asco—. Voy a pensar que tu mejor ropa se quedó en tu casa.
Se alejó de ahí hacia su cama y abrió su mochila para revisar entre su ropa.
Mientras tanto las chicas también tenían que poner su parte del plan en acción, por lo que se acercaron en lentitud hacia ella con una sonrisa.
—Elena, tienes planes para esta noche —dijo Amelia con emoción.
—¿Así? ¿Qué planes?
—Te conseguimos una cita —dijeron todas en conjunto haciendo mirar a Elena con incredibilidad y duda.
—¿Eh? ¿Con quién?
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La ciudad de Nuevo San Bernardo era iluminada por el sol de la tarde, los cuatro Guardianes restantes se habían quedado bastantes pendientes hacia alguna situación inusual. Cuando estás estudiando en una universidad, tus deberes de Guardián son más difíciles de llevar a cabo, ese día por la tarde María y Matsumoto se dirigían a un lugar al que la primera requería ir.