Las Piedras del Poder

Capítulo 24 | El Tratado

Desde que las Piedras fueron descubiertas por aquel rey, él mismo estipuló escribir el Tratado en los libros ligados a estas, uno donde el portador juraba no unirse a otro, a menos que ocurriera alguna emergencia que hiciera peligrar el poder, quien no respetaba este contrato era borrado de la historia y la Piedra era dejada a otro. La existencia del contrato tenía una razón de existir, era la afinidad de poder, cuando un portador tiene hijos pasa su afinidad a sus hijos para que cuando este cumpla catorce años pueda pasarla sin necesidad de la muerte del portador, pero ¿Qué podría pasar cuando un ser era afín a dos Piedras? ¿Qué pudiera manejar muchas sino todas al mismo tiempo?, podría volver a ese ser en un peligro para cualquier ser viviente y solo había una manera de detener este problema genético, la ejecución.

Ejecución. Una palabra que le daba miedo a Arturo. Se encontraba sentado en su cama recargado a la pared con el libro abierto apoyado en sus piernas flexionadas, traducía cada palabra escrita en el papel amarillento del libro y solo se asustaba más. Una ejecución ahora le provocaba pavor, pensar que podría hacer alguno de los portadores que aún no conocían el romance que sostenía con Elena, que también se preocupaba.

Arturo había decidido dar ese paso, por el miedo a un sueño que tuvo, uno donde Elena era asesinada por una de las guadañas de Matsumoto, que era ignorante a la relación, decidió hacerlo para poder estar cerca de ella, claro no era una unión vacía, Arturo sentía algo por Elena, tanto que lo llevó a dar ese paso, un paso en el camino para alejarse a la situación que su cabeza creó, pero quien recorre un camino para evitar su destino, camina directo a este.

◊

A pesar de que tuvieron dos ataques en un mismo día, de manera atípica, el Cristalizador no atacó por varios días siguientes, que los Guardianes aprovecharon para buscar en el alcantarillado de la ciudad, que en ese momento era el lugar más sospechoso para que él se escondiera, nada de eso funcionó al final ya que no hubo ni un rastro de él.

En esa misma semana, se mantuvo muy pacifica, o al menos una paz falsa, la incertidumbre era visible, el Cristalizador robó dinero, explosivos, usó los Pétalos blancos para convertir a dos personas en enemigos peligrosos para la sociedad y lo peor era que los Guardianes estaban desorientados, no sabían a donde seguir.

En cuanto a los que convirtió fueron absueltos de sus cargos no sin antes que el mismísimo alcalde diera un comunicado alertando sobre este nuevo tipo de ataque e informó a la ciudadanía que los daños tendrían que ser reparados por los que colaboraran con el Cristalizador.

Fue ya el jueves por la tarde que las cosas solo se complicaron aún más. Como ya era habitual, los Guardianes se reunían por las tardes para entrenar, ese día llegaron Arturo y Daniel más temprano de lo acordado por lo que aprovecharon la soledad para hablar un poco más profundo, en especial el primero.

—Entonces… tienes miedo de que Matsumoto les haga algo a ustedes dos si se entera de que andas con Elena.

—Sí —dijo Arturo algo apenado, mientras que hacía los estiramientos ya con el uniforme puesto, una camisa blanca con dos líneas negras por los costados y un short negro.

—Mira, en realidad dudo que te hagan algo, lo mejor que puedes hacer es hablar con ellos, tranquilo todo, igual hasta ni les importa.

—¿Debería hacerlo?

—Es lo mejor, sino intenta plantearlo como hipotético y dependiendo de que pasé ya les dirás o no.

—Tienes razón, lo voy a intentar.

No hizo falta decir más cuando los demás comenzaron a llegar, los chicos saludaron mientras los demás pasaban a los vestidores que era un cuarto al fondo que tenía un par de biombos para cambiarse a usar los uniformes que guardaban ahí mismo en unas cajoneras en la pared del fondo de esos vestidores.

Arturo se tomó la molestia de notar algo extraño, Matsumoto, que por lo usual llegaba puntual, se había retrasado ya por varios minutos, Arturo prefirió mejor no pensar en eso y enfocarse en su entrenamiento o en el de alguien más, notó que ese día María y Leonardo, con sus trajes activados, estaban entrenando juntos y lo vio como una oportunidad para hablar con ellos.

Comenzó a caminar lento hacia ellos cuando escucharon las puertas metálicas del gimnasio abrirse, dejando entrar a un Matsumoto algo agitado y con un poco de sudor en la frente y un papel blanco que se le podían ver dos dobleces por el ancho, era una carta desdoblada algo arrugada.

Abigail y Elena llegaron casi corriendo con él preocupadas de su estado, la última hizo que Arturo mirara con detenimiento la situación.

—Matsumoto ¿Pasó algo? —preguntaron ambas.

—¿Qué? No, no, todo está bien, lamento si mi retraso las preocupó —se disculpó inclinando su cabeza hacia delante con mucha ligereza.

—Ah, entonces ¿Qué es esa carta? —preguntó Abigail.

—¿Es- esto? Eh… Es una carta de mi hermano —en su tono había algo duda, o igual podría ser pena o vergüenza, pero la primera opción hacia dudar a Arturo si Matsumoto era una persona en la que se podía confiar.

La gran mayoría había regresado a su entrenamiento a excepción de Arturo que con su buena audición escuchaba la conversación.

—¿Tienes un hermano? —preguntó Elena algo curiosa.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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