Las Piedras del Poder

Capítulo 26 | Traición

Leonardo, en sus treinta y ocho años de vida había tenido pocos gustos, uno de ellos era la sensación de que la lluvia venía, era esa humedad con el sol siendo ocultado por las grandes nubes grises, pero ahora con los ataques a la ciudad, la sensación ya no le gustaba para nada.

Era ya sábado, un día después del ataque de Six Boys, al igual que todos los incidentes relacionados con Pétalos, el Cristalizador había robado algo, esa vez bastante equipo de iluminación y sonido. Hasta este punto ya nadie podría saber que era lo que este hombre planeaba, Leonardo se trataba de hacer a la idea.

Atardecía en la ciudad y Leonardo cambiaba de su traje de trabajo a otro traje, tenía ya la camisa puesta y estaba frente su closet viendo que corbata ponerse, decidió no ponerse una para ir un poco más casual, no era un evento de gala o una cena prestigiosa, era la fiesta de cumpleaños número diecinueve de su compañera Abigail, la cual invitó a todos los Guardianes.

Él se sentía algo extraño, ya que creía que se vería raro que lo invitara siendo alguien tan mayor, y era más raro conocerlo, ya que su familia no sabía nada sobre su Piedra, la familia de Leonardo sí, la única que quedaba era su madre, se llamaba Francia, una mujer de avanzada edad cuya vieja mente había olvidado gran parte de las cosas, pero su hijo no había dejado de amarla.

Terminó de poner su saco color azul que era igual al de su pantalón, abrió la puerta de su cuarto, bajó por las escaleras que daban a la sala y frente al televisor estaba Francia, dormida y recargada sobre el respaldo del sillón con una pequeña cobija en sus piernas, Leonardo se acercó, acomodó mejor su cobija y le terminó dando un beso en la frente para irse, salió por la cochera en uno de sus autos para dejar la casa.

Hizo un viaje de diez minutos desde donde estaba en el sur de la zona interior hasta el centro de la ciudad donde vivía Abigail.

◊

—Solo falta una pieza más, y la segunda parte estará completa, eso sí, esta vez necesito que los héroes no intervengan ¿Tu qué opinas? —le dijo el Cristalizador a una rata que estaba en su escondite, esta no le ofreció respuesta— Está bien si no sabes cómo vas a responder ¿No? Necesito… fragmentar su equipo. Ya sea si mato a uno o dos de ellos o… hago que ellos mismos se maten entre ellos. No lo sé aún, es tan difícil de decidir teniendo tantas opciones escritas… —trató de pensar pegando sus labios— Dejémoslo a la suerte —se acercó a una ventana y arrancó de la Flor un Pétalo blanco y esperó una buena corriente de viento, pero ya con la altura era fácil, lo soltó y este se fue flotando—. No puedo esperar que veas lo que planeé, ratita, nos vemos.

El Cristalizador dio un salto al marco de la ventana y dio otro salto al vacío usando la Flor para que, en vez de caer, lo teletransportara.

◊

La fiesta en casa de Abigail era fantástica, había al menos cuarenta personas en la fiesta de tono familiar donde más que bailar o así; comen, hablaban y tal vez uno que otro karaoke. La música resonaba desde dentro de la casa por lo que algunos, en mayoría los Guardianes, estaban en la cochera abierta en par a la calle y algunos en la banqueta de afuera.

Sobre esta estaban Arturo y Elena, que juntos miraban las constelaciones en el cielo de esa noche con ayuda de un telescopio de María que estaba detrás de ellos, pronto notaron al auto blanco, dejando bajar a Leonardo, los tres Guardianes casi saltaron a saludarlo ya que creían que no vendría.

—Leonardo, creí que no vendrías —dijo Elena saludando al recién llegado que apenas salía por la puerta de su auto.

—La verdad no planeo quedarme mucho, solo quiero darle un presente a Abigail y estar unos minutos.

—Bueno, lo que cuenta es la intención —dijo María con una sonrisa. Leonardo tomó una bolsa de regalo blanca y caminó junto los chicos hasta la casa, entraron a la cochera y saludó al resto de Guardianes y se encontró con Abigail.

—¡Leonardo! Qué bueno que viniste —y se lanzó a darle un abrazo, este se lo regresó con una sonrisa nerviosa y le dio la bolsa—, tengo que llevarlo a la mesa ¿Me acompañas?

—No es necesario, estoy bien aquí —dijo nervioso ya que no quería encontrarse con los demás miembros de la familia por razones ya explicadas, ella lo tomó de la mano y lo llevó dentro, se encontró con gente varias edades, pero algo parecidas entre sí, que sostenían una plática en pequeños grupos que detuvieron casi al momento de que miraron a Leonardo, fueron por la sala, luego a el comedor al fondo donde puso bolsa junto unos cuantos más y el pastel.

Su notable padre estaba en la mesa e hizo la misma cara que sus familiares al verlo, el silencio sería muy incómodo de no ser por la música que se escuchaba.

—Abigail ¿Quién es él?

—Es un amigo.

—¿Amigo? —dudó el padre.

—Sí señor, me llamo Leonardo y conozco hace poco a su hija.

—¿De dónde lo conoces? —preguntó a su hija

—Eso no es lo importante, lo que importa es que la gente cercana a mí y me quiera este aquí.

—Claro… Bueno, bienvenido —le tendió la mano y Leonardo respondió, él otro hizo fuerza en el puño que Leonardo aguantó de tan siquiera hacer gesto, aunque de quererlo Leonardo le haría más fuerza, solo que su educación era aún más fuerte.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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