Las Piedras del Poder

Capítulo 30 | Gauntlet

Arturo estaba en su sofá la mañana siguiente, no podía cambiar el canal o hacer algo en su teléfono sin ver lo que hizo arder a internet: El regreso de los Guardianes y una nueva villana. La prensa trataba de entrevistar a los trabajadores de la Unión, que ni siquiera les abrió la puerta. El mundo estaba más que emocionado, pero para él, tenía que seguir como si nada.

Era domingo con un día soleado y ese día había partido en el estadio, los Guerreros se jugaban no descender de tercera división y Elena había comprado los boletos para el partido. Arturo no era demasiado de futbol, pero Elena parecía que vivía para ello como cualquiera que tuviera la “pasión”. De hecho, Arturo recordó divertido como acompañó a Elena en esa eterna fila para comprarlos, por poco no alcanzan, al menos sabían que el estadio estaría lleno para apoyar a los Guerreros de Nuevo San Bernardo.

El partido sería tarde por la noche, antes, gastarían su tarde en un entrenamiento obligatorio que organizó Daniel a las tres de la mañana, excusándose en que aparte de ver que ofrecían los nuevos trajes quería mostrarles algo importante. En fin, que ese día estaría ocupado y de ahora en adelante hasta que pudieran contra su enemiga, la Joyera, la cual estaba lejos de haber mostrado todo lo que podía hacer.

◊

Ya como habitualmente era hacía un tiempo, los entrenamientos comenzaban a las tres de la tarde y terminaban a eso de las seis, la duración variaba dependiendo la situación, si había algún ataque o alguien se tenía que ir. Desde que Florian se había ido nadie estaba obligado a asistir o ser puntual, pero era lo recomendable si querían mejorar, era un compromiso personal y parte de su responsabilidad de Guardianes.

Aunque después de la caída del Cristalizador, no eran muy apegados a los entrenamientos como era antes, ya habían cambiado las cosas y ahora se podía decir que regresaron a la misma situación.

Habían pasado diez minutos desde la hora citada cuando Arturo se presentó en el gimnasio, tocó en las puertas metálicas la clave que indicaba que era uno de ellos, dijo su nombre y le abrió Sidian que asomó su cabeza detrás de la puerta.

—¿Qué esperas? Entra —le dijo dejándolo pasar, ya en la cancha estaban la mayoría, faltaba Daniel y algunos de ellos estaban con sus trajes activados como Mercurio o Inora y estaban checando que mejoras tenía el traje, ahora con más calma ya que un dragón naranja gigante no trataba de matarlos.

—¿Qué tal van? —les preguntó Arturo acercándose.

—Hasta ahora, viendo las nuevas piezas de armadura —le respondió Mercurio—, tenemos ahora rodilleras, protección en la barbilla y esta pieza que protege nuestra cabeza por detrás —se refería parte de la armadura que era una línea solida del grosor de media palma que protegía el cráneo por la parte trasera, y al igual que todas las piezas en su armadura, tenían rayas negras, en cambio, Inora estaban de color blanco. Lo mismo pasaba con una línea de armadura delgada que iba por toda la quijada y barbilla.

—¿Dónde está Daniel?

—No ha llegado —le dijo Matsumoto con sus guadañas de cristal en las manos.

—¿Cómo es que puedes sacar tus armas sin traje?

—Solo lo hice, esto es nuevo también —Arturo tocó su Piedra intentando sacar su espada y lo hizo, en un instante el arma de cristal apareció en su mano, casi la suelta del susto, pero la tomó con fuerza. Ahora que todos tenían sus armas de cristal se podía sentir ese ambiente de igualdad que antes no se percibía.

Sostuvo la espada en sus manos y ahora le saltó la curiosidad si podía ver el nombre de su arma, y así fue, solo hizo falta ver un poco en medio de la hoja donde pudo leer en su lengua materna “Divisora de cielos”, cosa que le pareció extraña, hasta ahora todo lo relacionado con las Piedras estaba en inglés. Aunque el nombre era el mismo que leyó y estaba en la espada guardada bajo su cama.

Entonces la puerta se escuchó abrirse, por ahí entró el mismo Daniel con un libro blanco en sus manos y su sonrisa era más grande de lo habitual.

—Hasta que al fin llegas —le dijo Amelia desde las gradas.

—Hola a ti también. No creerán lo que traje.

—¿Un libro? —le preguntó la chica.

—No… Bueno sí, pero es el libro instructivo.

—¿De qué hablas? El libro instructivo se desmorona al verlo, tiene quinientos años —le dijo Arturo acercándose.

—Sí, pero ayer en medio un muy normal insomnio chequé el libro por si explicaba algo referente a lo que pasaba y al tocarlo se convirtió en esto —dijo mostrando el libro blanco y renovado, una pasta dura y la portada con los mismos símbolos, pero ahora cada uno con un color distinto y el centro de azul marino como el de Azurita—, lo estuve leyendo ayer y explica muchas de nuestras mejoras como por ejemplo… —hizo un chasquido cerrando los ojos, entonces la Piedra resplandeció en los mismos colores de ayer y le dio su traje— Ahora podemos activarlo sin decir nada —dijo sacando el libro de las ranuras en sus piernas.

—Se podía antes —le dijo María y luego Mercurio le acompañó.

—Lo sé, pero eso antes era solo para las Piedras o almas más fuertes, ahora todos podemos, además no les expliqué todo… Ahora también tenemos habilidades Especiales, Finales y Dúo.

—Explícate mejor, no entendí nada —dijo Sidian agitando su cabeza tratando de entender todo.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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