El día había estado muy ocupado para ser entre semana, no había habido ataques en varios días, pero no había sido excusa para bajar la guardia, el lunes siguiente al ataque de la Globera, la Unión lanzó una aplicación y un número de emergencia en caso de avistar actividad sospechosa de la Joyera, solo consistía en una alerta que llegaba a las oficinas de la Unión, ahí se comunicaban con el Guardián más cercano para ir a atender la sospecha.
Habían sido tres días enteros de llamadas falsas, activaciones “accidentales”, y lugares inhóspitos donde no había rastro de la Joyera o algún plan de ella, pero no era para descartar que se había ido, ella ya había manipulado a dos personas para que la ayudaran y podrían apostar lo que quisieran a que pronto habrá una tercera.
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Arturo se recostó en su cama, se quedó mirando el techo pensando en todas las veces durante el día que fue a checar una falsa alarma, recordaba ocho: Dos fueron en la escuela y sus profesores les parecía sospechoso que estuviera en el baño más de treinta minutos.
—Estoy comenzando a hartarme de esto —se dijo así mismo.
—Creo que no lo estás entendiendo —dijo Daniel haciendo su tarea sobre el escritorio de la habitación—, el propósito, desde mi perspectiva —aclaró—, es que la Unión busca que estemos cerca de la gente o que le mostremos que estaremos para ellos, desde que nuestros poderes incrementaron y la Joyera nos ataca indirectamente las batallas han dejado mucho daño colateral y eso no es bueno.
—No lo había pensado así.
—Ya te lo dije, es solo mi perspectiva.
—En fin, voy a dormir.
—No te sientas mal, yo atendí diez llamadas hoy.
—Sí, las oí.
—Tres veces me hablaron para ir a una televisora, era una trampa para entrevistarme, pero ya sabes, la Unión no quiere que digamos nada.
—Algún día tendremos ¿no?
—Espero que no pronto —Daniel siguió escribiendo y Arturo por su parte seguía mirando el techo pensando en su situación actual con la Joyera, tuvo “misericordia” hacía varios días, pero su futura víctima no la tendría, Alondra se salvó de ser encarcelada por nada mientras que aquel portero fue llevado a un manicomio mientras se dictaba sentencia debido a que perdió la cabeza cuando fue vencido, esto no se podía poner peor.
La Unión les avisó que estaban trabajando en una prisión especial en la ciudad para los empoderados vencidos, ya que no sabían que tan afectados podrían ser o si la Joyera planearía volver a usarlos.
—¿Tú crees que podamos vencerla pronto o al menos saber quién es?
—Si se presenta a pelear ella misma tal vez, pero esa estrategia de convertir a gente le parece servir. ¿Por qué te importa tanto saber quién es?
—Es solo que… Aquí en confianza no le he dicho esto a nadie, pero siento que la conozco de algún lugar.
—¿Cómo quién?
—No estoy seguro, y realmente no quiero saberlo, pienso que… Tal vez no podría pelear contra ella de saber si es alguien que conozco o algo así.
—No dudaste en pelear contra Mercurio cuando nos “traicionó”.
—Sí dudé, un poco. Supongo que tendré que sacar la misma fuerza.
—Míralo de esta forma, pensé en una paradoja bastante divertida… ¿Qué hace un bombero con miedo al fuego?
—No creo que exista alguno, aunque cualquiera puede temerle al fuego, es más, ¿no deberían temerle para enfrentarlo?
—Me refería a una fobia al fuego, que al verlo se paralicen o salgan corriendo.
—No dudaría que lo despedirían.
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—¡Usted está despedido! —le gritó el hombre con una voz grave— Miedo al fuego ¿En qué pensaba al entrar al cuerpo de bomberos?
—Usted no lo entiende, yo no le tenía miedo hasta lo que pasó con Sánchez —otro hombre, un adulto poco antes de sus treinta estaba del otro lado del escritorio tratando de explicarse.
—Lo de Sánchez fue una terrible tragedia —tomó un respiro de solo recordarlo, era una herida muy fresca—, no lo tome de excusa, mejor váyase ahora.
Él salió de la oficina y después de esa estación en la zona exterior de la ciudad, a solo metros de ella no pudo evitar caer de rodillas de la impotencia, el piso seguía húmedo por la lluvia y el frío de la noche secaba las lágrimas del hombre, un joven atlético con la vida por delante, que trabajó por su meta para ser un bombero y había sido destrozado por el miedo que desarrolló al fuego a solo semanas de haber entrado al cuerpo.
—Qué terrible situación, no te entienden.
—¿Quién dijo eso? —el chico se asustó y se levantó para mirar en todas direcciones, sacó su teléfono con torpeza y este cayó al suelo dejando ver en la pantalla la aplicación para llamar a la Unión. Acercó su mano al suelo para tomarlo cuando una bota negra puso su pie sobre la pantalla de manera grácil de modo que aún se podía ver el brillo de esta pantalla, el chico miró arriba cuando se encontró con aquella enmascarada.
—No tienes que llamarlos, solo hay que hablar. Debe ser difícil cuando alguien no te entiende ¿verdad? A mí me pasa igual.