Si los incendios fueron un desastre para la ciudad, solo estaba por ponerse peor. A solo un día de conmemorar la revolución mexicana, los ciudadanos estaban expectantes de las celebraciones y estaban poniendo su empeño adornando las calles temáticas o en Plaza Central armando una pequeña feria a donde la ciudadanía iba.
El fin de año se acercaba y la Joyera solo arrastraba poco a poco toda la ciudad a su perdición.
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Amelia, Verónica y Carolina estaban entrenando más temprano que los otros aprovechando el día libre, aunque no tardarían mucho en llegar los demás, Amelia practicaba lanzamiento usando su arma que se llamaba Corona, la lanzaba a objetivos colgados en el techo por ella misma, mientras ella daba todo para acostumbrarse a su arma, las otras dos chicas estaban sentadas en las gradas hablando entre ellas.
—¿Qué hacen ahí sentadas? Si tanto querían venir a entrenar temprano supongo que era para irse temprano ¿No? —se acercó a mirar, Verónica le daba una caja decorada la cual abrió dejando ver unos audífonos de casco color rosa como les gustaba.
—Muchas gracias, Verónica —dijo feliz al probárselos y dándole un abrazo—. Mira, Amelia, me los regaló Verónica.
—¿Te los regaló? ¿Por qué?
—No es cierto —dijo Verónica molesta levantándose— ¿Lo olvidaste?
—Es muy obvio ¿No?
—¿Cómo pudiste? Es nuestra mejor amiga y le haces esto.
—Está bien, Verónica, a todos les puede pasar… Aunque les había dicho hace unas semanas seguro que todos lo olvidaron, aparte, no es la primera vez que olvidan mi cumpleaños —dijo con una sonrisa.
—Ese es el problema, ella siempre olvida tu cumpleaños, es excelente para recordar el suyo, buena para el mío, pero malísima para el tuyo.
—Supéralo, Verónica, si ella dice que está bien, estamos bien.
—No, no estamos bien, Amelia.
—¿Qué importa? Seguro que nadie lo recordó —escucharon una canción extraña para ellas afuera del gimnasio, la puerta metálica se abrió dejando entrar al resto de Guardianes, Arturo llevaba un pastel de fresas en mano, Matsumoto la bocina con la canción de cumpleaños y los demás traían distintas bolsas y cajas de regalo.
—¡Feliz cumpleaños, Carolina! —gritaron todos al unísono, por desgracia las caras de las tres chicas lo decían todo, no era el momento. El coro calló y Matsumoto apagó la bocina al ver el silencio incomodo haciéndolo aún más incómodo.
—Creo que llegamos en mal momento —les susurró Daniel.
—¿Todo está bien, chicas? —les preguntó Elena.
—Excelente pregunta ¿Quieres contestar, Amelia?
—No es nada que a ellos les importe, Verónica —el silencio había alcanzado niveles de incomodidad altos, nadie sabía a donde mirar, a excepción de esas dos chicas que se miraban furtivas.
—Felicidades —dijo Elena pasando entre las dos para abrazar a la aún sentada Carolina, fue seguida por todos que igual le dieron su abrazo y algún pequeño o grande presente que llevaron para ella, fue entonces cuando Elena volvió a estar entre las dos chicas—. Vero, ¿Podrías explicarme qué les pasa?
—Amelia olvidó el cumpleaños de Carolina.
—No es tan malo, a cualquiera le pasa, bueno… A mí nunca me ha pasado —le dijo tratando de calmarla, en el fondo no quería que ella sacará los guantes para pelear con ella ahí mismo.
—¿Te vas a poner de su lado? Siempre lo olvida.
—Está bien, eso sí es malo.
—Elena, creí que éramos amigas —reprochó Amelia.
—Y somos amigas, por esa razón te tenemos que decir las cosas como son, no lo tomes a mal, solo tienes que disculparte y todo estará bien.
—No me voy a disculpar.
—Qué raro en ti —dijo Matsumoto comiendo del pastel que servía Arturo junto Leonardo que al igual que todos estaban mirando a las chicas pendientes a sus peleas.
—Tú no te metas —le dijo Amelia—, además, lo dices como si fuese una mala persona todo el tiempo, nadie aquí cree eso… ¿verdad? —una vez más el silencio absoluto se hizo presente, exceptuando las mascadas poco ruidosas de Matsumoto.
—Yo sí creo que eres buena persona —dijo Carolina levantando su mano.
—Ay… Que simpática —dijo Matsumoto tomando otro bocado.
—Deja de solaparla, Caro, en algún punto se tendrá que dar cuenta de cómo es.
—Estoy aquí, Verónica, dímelo en la cara —la chica se giró a ella con una mirada en furia que tensó a todos, se le acercó tanto a la cara que cualquier cosa las haría estallar, pero esta vez Amelia bajó la mirada—. Bien, no tienes que hacerlo.
—Amelia, Verónica tiene razón, todos aquí cometemos fallos al relacionarse, pero tú no haces mucho para… no hacerlo —le dijo Abigail.
—No tengo que…
—Tienes que —dijo ahora Matsumoto—, ¿Cómo planeas desarrollarte en un entorno laboral con esa actitud? Que te recuerdo, este es un entorno laboral.
—¿Cómo pueden decir eso de mí? ¿Frente a mí?
—Lo decimos por tu bien —le dijo Elena, la chica estalló… Salió corriendo del gimnasio, con un llanto que sonaba algo exagerado.