Cualquiera diría que estaban por calmarse las cosas, pero incluso en la tranquilidad cualquier cosa podría pasar, aún con todas las cosas que pasaban la escuela seguía, incluso si hubiera alguna pandemia, no se detendrían.
Después de la escuela, Verónica y Carolina estaban en la Colina del tronco, era extraña la ausencia de Amelia, pero había una buena razón para que no estuviera ahí, al menos hasta el entrenamiento del día.
—Tú lo viste, Verónica, nos cambió —dijo la chica para después activar su traje.
—Te lo tomas demasiado en serio, seguimos siendo sus amigas, que nos considere inferiores, es otra cosa.
Ambas chicas se referían a la situación que se había dado esa mañana en la escuela que con tanta presión de los pasados días no habían notado, después de Plantifora, Amelia mostró un extraño apego por Elena, Arturo y Daniel. Las chicas no habían tardado en atar cabos, tenían en común algo, sus Habilidades Especiales.
«Amelia ¿Podemos hablar?» le había preguntado la chica durante su clase en el área de Exactas.
«¿Qué pasa, Carolina?».
«Es sobre… Elena y los demás ¿Desde cuanto están tan unidos?».
«Ah ¿Es sobre eso? No lo tomes personal, es solo que ellos ya sacaron sus Habilidades, si estoy cerca seguro de que me haré más fuerte».
—No me preocuparé de nada cuando saque mi Habilidad Especial —dijo Carolina apuntando al cielo con su megáfono— ¡Disparo Sónico!
—No pasó nada, deja de obsesionarte, la habilidad vendrá tarde o temprano.
—No quiero esperar, tan pronto la tenga volveré a estar con Amelia.
—No funciona así, sí, algunos les salió por la presión del momento, pero no la sacarás de la nada. No necesitas a Amelia, ¡despégate!
—No lo haré, Disparo Sónico —el arma llamada Onda, brilló al ritmo de la gran presión aplicada al gatillo de esta, disparando un brillante rayo sónico al cielo que hasta despejó las nubes, aquella luz rosada todavía estalló ahí llegando a los oídos de las chicas—. Oh por dios… Tengo que contárselo a Amelia.
La chica salió corriendo, dando saltos de felicidad, había sacado su habilidad y no podía a esperar a unirse de nuevo a su amiga, mientras Verónica miró su Piedra o más bien al suelo, desde la cima de la colina podía a ver a la otra chica correr y no podía evitar sentirse triste.
◊
Las calles de la ciudad estaban como siempre, a excepción de algunas raíces elevando partes del concreto, o algún uno que otro vestigio de cierto incidente tecnológico, pero poco a poco la ciudad recobraba más fuerza, seguían confiando en los Guardianes y poco a poco olvidaban.
Arturo y Elena iban por las calles por las que alguna vez estuvieron siguiendo a la Araña o enfrentando la lluvia de Pétalos, pero esta vez solo iban juntos, paseando para pasar el rato antes del entrenamiento que tanto tiempo les consumía.
—¿Supiste lo de “Lord Nada”?
—¿El que se agarró diciendo en un video que los Guardianes eran inútiles? Sí, vi ese video.
—Me da risa la parte donde repite «No sirven de nada, para nada, nada y nada más nada», aunque me dejó pensando, ¿Crees que tenemos tanta confianza de la gente?
—Claro que sí, con esto de la app de alguna u otra manera ganan confianza.
Pronto fueron interrumpidos por un tumulto de gente que por lo que veían linchaban a alguien, de no ser por aquel video, no lo reconocerían tan fácil.
Dos sujetos golpeaban a aquel “lord” que estaba en posición fetal en el suelo, los Guardianes casi por reflejo saltaron a ayudarle, Arturo en un movimiento de brazo lanzó una esfera imperceptible de viento que entre los hombres explotó alejándolos un par de metros, mientras Elena hizo crecer de una pequeña grieta una rama que envolvió el tobillo de uno de ellos haciendo que saltara de espanto y huyera gritando.
—¡No más plantas! —se aterraron los hombres y se fueron corriendo, dejando al otro en el suelo, ambos Guardianes se acercaron y Arturo le extendió la mano.
—¿Está bien, señor?
—Déjame en paz —apartó la mano y se levantó solo, escupió sangre a la planta recién crecida y salió cojeando hacia un callejón.
—Aún no aprende la lección, ni siquiera se deja ayudar por gente común y todavía le escupió a tu planta.
—Deja a ese enano y vámonos, en un rato empieza el entrenamiento —con el comentario Arturo soltó una risita— ¿Qué tiene?
—Le dijiste enano.
—Supéralo, Arturo, era un tonto —dijo divertida ante la risa de su novio.
—Chicos que bueno que los encuentro —dijo Amelia llegando casi corriendo, eso sí, sin perder el estilo.
—¿Pasó algo, Amelia? —preguntó él.
—Nada importante, solo quería pasar un buen rato con mis amigos.
—Genial, no es como que estuviéramos todo el tiempo posible en la escuela —dijo ahora Elena.
—Solo quiero ser cercana y buena persona, es lo que los buenos amigos hacen ¿no?
—¿Cómo supiste dónde estamos?
—Pregunté a la Unión y con eso de que Elena tiene nuevo teléfono fue aún más fácil.