Las Piedras del Poder

Capítulo 36 | Death Angel

Ese mismo día las cosas aún no acababan, el hospital tenía a la gente de siempre, pero se sorprendieron de ver a casi una docena de chicos entrar corriendo a buscar a alguien, Azurita e Inora habían ingresado al hospital a Arturo, habrían tratado de localizar a algún familiar, pero el teléfono estaba destruido por la explosión, por lo que ambos Guardianes, tuvieron que desactivar sus trajes en privado para llamar a la señora Bárbara.

Lo que diferenciaba todas aquellas veces que Arturo terminó en el hospital por ser Gale era que esta había sido muy seria.

—Daniel, ¿Sabes algo ya? —le preguntó Matsumoto llegando con él, Daniel por su parte recién había colgado el teléfono.

—Nada aún, recién ingresó y supongo le dirán todo a su tía tan pronto llegue.

—¿Viene ya para acá?

—No aún, hable con mi madre, ella le dirá- no sé su teléfono —trataba de conservar la calma, pero sus nervios eran peores y consistentes.

Nadie es un reloj humano, pero cualquiera hubiese apostado a que en cinco minutos, Bárbara y Elsa llegaron al hospital, lo que hizo la primera al llegar fue preguntar a la recepcionista sin suerte mientras la otra llegaba con su hijo y los demás Guardianes.

—¿Qué pasó exactamente, Daniel? —preguntó con seriedad y preocupación.

—La explosión sónica de Lira impactó en Arturo, no sabemos de ninguno de los dos.

—Amelia fue buscarla, señora —le dijo Verónica junto a ella.

—¿Y Gisela?

—Dijo que no podría venir, que tenía que arreglar lo que había pasado —le respondió ahora Leonardo.

—¿Saben lo que significa?

—¿Qué, Madre?

—Todos aquí creen que los Guardianes hirieron a un civil, por error o no, ya no tendrán esa misma confianza con ustedes, antes no habían hecho algo como esto… Gisela debe estar en muchos problemas.

—Familiares de Arturo Orozco —dijo un doctor ya entrado en edad, la tía de Arturo se acercó a paso apresurado, Elsa fue con ella mientras los demás se acercaron manteniendo su distancia.

—Soy su tía, ¿Cómo está?

—De primeras, esa explosión “desapareció” su oído izquierdo, cerramos la herida como pudimos, pero descubrimos que en su oído derecho hubo daño en el tímpano por la misma explosión y creemos que pudo haber quedado sordo total o parcialmente, lo malo es que no sabemos a qué hora despertará para saberlo.

—¿Qué quiere decir?

—Que entró en coma.

◊

—No lo puedo creer, González, recibí otro reporte tuyo, otra pieza de instrumental dejada dentro.

—Juro que no volverá a pasar.

—Eso dijiste las últimas dos veces, ya no te puedo hacer tantos favores, estoy agradecido con lo que hizo tu padre, pero no puedo poner a nadie más en riesgo, no solo tu licencia está en riesgo, la mía también por andarte solapando.

—Es en serio, juro que me encargaré del problema.

—Ya se están encargando en el quirófano dos… —soltó un suspiro el mayor— Una oportunidad, la próxima vez, no dudaré en sacrificarte para salvarme.

—Lo entiendo… perfectamente —el joven doctor estaba lleno de ira, pero lo único que no quería ahora era otra mala noticia.

—¿Doctor González? —entró un enfermero buscando a alguien tratando de mantener la calma— Ay, lo siento, no sabía que estaba ocupado.

—Ya terminé ¿Qué sucede?

—¿Podemos hablar en privado? —con eso salió de la sala con aquel enfermero que no podía guardar más la calma—. Tiene que venir a ver esta radiografía —fueron juntos a la sala no muy lejos en el mismo piso, al entrar el enfermero puso una imagen en la lámpara de la pared para mostrarle lo que pasaba, era una radiografía torácica, y era muy clara.

—¿Unas pinzas?

—Sí, en la señora Concepción Contreras que operó hace cinco días, volvió esta mañana con dolores extraños, le hice la radiografía y tenía que decirle.

—¿Alguien más lo sabe?

—Aún no, tiene que hacer algo.

—Si programo una cirugía, me despiden.

—¿Entonces qué hará?

—No lo sé, vete ya —dijo él, que ya estaba hartó, pellizcaba la piel entre sus ojos en frustración.

—Sabe que tarde o temprano lo sabrá alguien ¿verdad? —no recibió respuesta por lo que decidió dejarlo solo, no hizo nada por unos minutos, pensaba en qué hacer para arreglarlo sin que nadie lo supiera, pero era imposible.

Fue entonces que una enfermera entró al cuarto sin hacer un ruido siquiera, era tarde para cuando él notó la presencia.

—Eso se ve mal ¿no lo arreglará?

El doctor arrancó con rapidez la hoja oscura.

—No digas nada, por favor.

—No lo haré, al contrario, te puedo ayudar. Sé que debe ser difícil que tengan una expectativa demasiado alta de algún descendiente en particular, los errores le pasan a cualquiera —dijo la enfermera de ojos azul brillante.

—¿Cómo piensas ayudarme?



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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